Santiago de Chile.   Lun 20-04-2026
8:24

Rodrigo Piñeiro, delantero de Unión Española: “Si tengo que tirar un caño lo voy hacer, toda mi vida he jugado así”

El uruguayo es una de las armas de desequilibrio en ataque de Unión Española. “Queremos terminar punteros la primera rueda”, dice. Gambeteador por naturaleza. “Algunos rivales me dicen que ‘canchereo’ o que la deje de pisar”. Habla de paz mental después de pasar tormentos. “Los futbolistas se creen que pueden hacer todo y no podemos, somos humanos”, dice. Su pasión por Peñarol es literalmente de piel.
Foto: El Mercurio.
Cuenta Rodrigo Piñeiro que a los 13 años se estampó en la piel el escudo de Peñarol, equipo del que fue hincha toda la vida. “Debo tener más de 20 tatuajes, no sé el número, si te digo te miento. Una vez cuando estaba en Miramar Misiones me fue a buscar Nacional y me dijeron que me lo tenía que sacar (el tatuaje), dije: ‘No, me quedo acá’. Tengo de todo: fechas, el día que debuté en Peñarol, el nombre de mi sobrina, un niño con una pelota bajo el brazo, soñando con copas y una casa, cosas religiosas”, dice el uruguayo, criado en el barrio La Unión de Montevideo.

Piñeiro heredó apodo de su ídolo, Fabián Estoyanoff. “Me dicen ‘Loly’ por el ‘Lolo’ Estoyanoff, pero ‘Lolo’ hay uno solo (…) Yo vengo de una familia humilde, nunca nos faltó nada, pero mis papás eran capaces de no comer para que yo jugara. Desde los cinco años ya enfrentaba a tipos más grandes, siempre quise el fútbol, mi mamá me retaba porque me escapaba, nada de estudiar ni trabajar, yo le decía a ella ‘para qué voy a trabajar si voy a ser jugador de fútbol’, cosas de niño que están mal, claro. Mi viejo tenía un taxi en esos tiempos, recuerdo que trabajó dos semanas a full para comprarme un par de zapatos de fútbol, eso te da fuerza. Y no se me hizo fácil, a los 11 años me dejó libre Peñarol, después me probé en River y no me aceptaron, fui a El Tanque y no me gustó, a los 14 dejé de jugar por un año, hasta que mi papá me llevó a una prueba en Miramar, ahí empecé”.

En el club “Cebrita”, Piñeiro (categoría 1999) tomó aire. Pasó a Peñarol, sin consolidarse. Un fugaz flirteo con la selección uruguaya juvenil (“me quedó la espina de no ir al Sudamericano”), préstamos a Boston River, Rampla Juniors y Danubio, donde cuajó una buena campaña en 2020, que le significó un paso al Nashville estadounidense. “Tengo 23 años y ya pasé por muchísimos equipos y tuve muchos técnicos. Casi siempre jugué más por la izquierda; en Danubio lo hice de enganche, más libre. Me gusta tener la pelota, mostrarme, me adapto a todo. Sí, en Peñarol me dirigió Diego López, trabaja todo: lo ofensivo y defensivo, le gusta el juego dinámico en todos los puestos, le sabe sacar rendimiento a los jugadores, él hizo explotar a Brian Rodríguez (vendido en 10 millones de euros a la MLS)”, relata.

El "Loly" Piñeiro le anotó a Huachipato, La Serena (2) y Cobresal. El viernes Unión visita a Coquimbo. Foto: El Mercurio.

¿Le favorece el fútbol chileno porque hay más espacios?

“Capaz que acá se juega igual que en otros lados, pero fue buena decisión venir acá, me está yendo bien, estoy haciendo goles y estoy feliz. Unión es un equipo ofensivo, va al frente, casi siempre estamos atacando y uno participa más del juego, a todos nos gusta eso. A veces hasta somos cuatro delanteros y por eso estamos en el lugar que estamos, hay mucha calidad y César (Bravo) lo está aprovechando. Queremos terminar punteros la primera rueda, nos quedan dos finales. Me encantaría salir campeón aquí, estamos haciendo gran esfuerzo y hay que soñar en grande. En mi caso soy autoexigente y creo que puedo andar mejor, siento que voy a llegar a ese nivel. ¿Quién me sorprendió? Bryan Rabello tiene una calidad tremenda, jugó en lugares importantes y ahora que está volviendo Paolo Hurtado, también es un crack”.

—Se ve obligado al retroceso para sostener el equipo cuando se la juegan con dos volantes, dos ‘9’ y dos extremos.

“Bravo me ha ayudado mucho a jugar por la derecha. Si Bastián (Yáñez) anda bien ahí en la izquierda, hay que acomodarse, no hay problema. Me gusta ayudar en la marca, eso lo trabajé y motiva a todos, si el lateral no llegó, llego yo por él. Pasó contra La Serena, en el minuto 92 llegué a una cobertura defensiva y después terminé en la otra área e hice el gol”.

Lleva cinco goles entre el torneo y la Copa Sudamericana, ¿se fijó un objetivo?

“Me gustaría terminar el campeonato con diez goles, tenía un compromiso con mi exclub (Nashville) de cinco goles y jugar tantos partidos, linda presión, ya los cumplí, pero en mi cabeza siempre está ir por más”.

Tiene un préstamo hasta fin de año, ¿es muy temprano para saber qué depara el futuro?

“No es muy temprano, lo ideal es ya tener algo claro, mi idea no es volver a Estados Unidos por todo lo que me tocó vivir, me gustaría quedarme en Chile, acá estoy cómodo, soy feliz”.


Sobre esto último, usted habló de sus problemas emocionales. Pocos se atreven.

“Le pasa a muchos jugadores, estar sin la familia, soportando cosas que no debes, uno se bajonea, no tuve ese apoyo, porque mi familia estaba lejos. A veces uno quiere ir a ganar plata y hacerse rico, supuestamente rico, pero lo rico es ser feliz, tener salud. Me cambió mucho la vida al ir allá (MLS), porque fue una venta, pensé que iba a ser feliz con plata, pero la felicidad pasa por otro lado”.

¿Cómo así?

“Es un proceso, me costó aceptar muchísimas cosas, trabajé con psicólogo, más la ayuda de compañeros grandes que tuve en Uruguay. A veces basta un familiar que te haga ver las cosas, pero cuando uno pasa estas situaciones feas no quiere escuchar nada, rompí todas las cosas de mi casa, pasé por una depresión tremenda, no quería ver a mis papás y en su momento lo hice público. Sentí mucha vergüenza, pero fue lo mejor que hice, siempre les digo a los chicos que hablen de lo que les pasa. Los futbolistas se creen que pueden hacer todo y no podemos, somos humanos. Hay que aceptar la ayuda de los demás y ahí te das cuenta de muchas cosas”.


¿Esa estabilidad emocional es un desafío diario?

“Hay que disfrutar los momentos, eso no quiere decir que el año que viene me va mal y no me voy a bajonear; todo se trabaja, hay que saber vivir los malos momentos, tomarlos de otra manera, con la familia cerca. Pero acá en Chile estoy super feliz, me tratan de novela”.

¿Por su estilo de juego necesita aquello, además?

“Uno tiene que estar bien de salud mental, divertirse. Para imaginar jugadas dentro de un partido o arriesgarse a tirar un caño, debes estar bien emocionalmente”.

Algunos rivales se molestan con su estilo.

“Me dicen que canchereo y que la deje de pisar... yo me río, a veces discuto, son cosas del partido, toda mi vida he jugado así. Si tengo que tirar un caño lo voy hacer. Si un zaguero quiere pegar una patada, ¿quién le dice algo? Nadie. ¿A quién miro? Miro las grandes ligas: Mbappé, Neymar, Messi, Benzema, Vinicius, saco ideas de ellos, hacen una jugadas y digo la vamos a intentar hacer”.
Claudio Herrera De La Fuente

es redactor de Deportes El Mercurio, especializado en fútbol y en atletismo de fondo, especialmente en maratón y pruebas de ultradistancia, con más de 20 años de experiencia en periodismo escrito.

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