Santiago de Chile.   Vie 03-04-2026
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El recuerdo a 60 años de la tragedia de Green Cross, el fatal accidente aéreo que marcó la historia del fútbol chileno

Un 3 de abril de 1961 el grueso del plantel del equipo perdió la vida en un vuelo que despegó en Osorno y jamás aterrizó en Santiago. "Fue todo muy triste para la familia", rememora el sobrino de Dante Coppa, arquero que falleció en el siniestro del Douglas DC-3.
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Aldo Rómulo Schiappacasse02 de abril, 2021
Eliseo Mouriño era el mejor refuerzo de la temporada. Seleccionado argentino en el Mundial del 58 y dos Sudamericanos —jugó 21 partidos—, venía de ser campeón con Boca Juniors y destacada figura en Banfield. El volante era la estrella del Green Cross que pretendía reverdecer laureles, luego de ser campeón el 45 para alegría de los “pijes” de colegios acomodados que habían fundado el club en 1916.

Mouriño eligió mal la tarde del 3 de abril de 1961. Había llegado el jueves anterior y viajó pese a que no podía jugar y a su miedo a los aviones. Después de perder ante Osorno por la Copa Chile, el plantel retornaba a Santiago y había dos vuelos disponibles. Unos pocos abordaron el primero, pese a que hacía muchas escalas antes de arribar a la capital. El argentino, junto a otras 23 personas, prefirieron esperar el Douglas DC-3 que venía desde Castro.

Dante Coppa era arquero del club de la cruz de malta y un "adelantado" para la época.

Manuel Contreras, Dante Coppa, Berti González, David Hermosilla, José Silva, Héctor Toledo y Alfonso Vega eran jugadores del club. Arnaldo Vásquez, el entrenador y Mario González, kinesiólogo; Luis Medina representante de la Anfa y Pedro Valenzuela Bello, dirigente de la Asociación Central de Fútbol, figuraban entre las víctimas. Se acomodaron en los asientos Lucio Cornejo, Roberto Gagliano y Gastón Hormazábal, los árbitros del partido, saludados efusivamente por Moisés Ríos Echague, exdiputado, quien había abordado en Chiloé.

A poco de partir, la torre de control perdió contacto con el vuelo 107 de Lan Chile, lo que llevó a decretar una alarma a las 19:35 de ese lunes, el más fatídico de la historia del fútbol chileno. Al día siguiente comenzó la búsqueda de los restos del avión siniestrado, fabricado en 1943 y que tenía 18 mil 299 horas acumuladas de vuelo antes del accidente. Había servido en la Segunda Guerra Mundial y usado por varias líneas aéreas hasta llegar a Chile en 1953. Era obvio que la caída se había producido por una falla mecánica.

Todo fue en vano. Los esfuerzos aéreos y terrestres sólo dieron frutos ocho días después, cuando dos pilotos de Lan, Sergio Riesle y René Sugg informaron el hallazgo en el Cerro Las Ánimas, del cordón montañoso de Longaví, en las cercanías de Linares. Un destacamento de la Escuela de Artillería del Ejército de Chile se hizo cargo de la búsqueda de las víctimas de la caída y del posterior incendio. El rescate fue difícil y, con el paso de los años, polémico. Las escasas camillas y las condiciones del terreno obligaron a bajar los restos de manera caótica para su reconocimiento, aunque en el informe oficial se destaca que seis fallecidos no pudieron ser recuperados.


Los funerales se realizaron el 17 de abril de 1961 con varias dificultades. Hubo, por ejemplo, un ataúd para los árbitros Cornejo y Gagliano, que eran cuñados. La prensa de la época resaltó que el sepelio fue “simbólico”, debido a las dificultades de identificación. En el verano del 2015, los montañistas Leonardo Albornoz y Lower López encabezaron una expedición al Nevado de Longaví encontrando los restos del Douglas DC-3 y de algunos cuerpos.

“Yo tenía siete años para el accidente —relata Guido Coppa, ex jugador de Palestino y O’Higgins, sobrino del fallecido arquero Dante Coppa— y lo que más recuerdo fue la cantidad de ataúdes que había en la Catedral, donde se hizo la misa fúnebre. Él venía de buenas campañas y podía haber sido considerado en el plantel del Mundial del 62. Jugaba muy bien adelante, casi un adelantado a su época. Fue todo muy triste para la familia”.

Con los sobrevivientes —los que tomaron el otro vuelo y Gustavo Albella, el goleador que no viajó— se armó un plantel para cumplir. Sólo superaron a Rangers en la tabla, pero les sirvió para mantener la categoría. Con angustia y vergüenza, porque en septiembre de ese 1961 se descubriría que uno de los dirigentes del club, Fernando Jaramillo Phillips, funcionario del Banco Central, había sustraído 264 mil escudos desde la bóveda para ayudar a la institución a pagar los sueldos de los jugadores que llegaron para jugar esa temporada. Después de bajar el 62 y volver a subir el 63, luciendo el luto en sus camisetas, Germán Becker llegó al club para tomar una decisión histórica: Green Cross se iría a Temuco para hacer de local.

La jornada más triste de su historia quedaría, sin embargo, por siempre en el recuerdo. También los mártires del accidente de aviación más catastrófico vivido por el país hasta el momento. Como Eliseo Mouriño, el mundialista del 58 que no alcanzó siquiera a ponerse la camiseta del Green Cross.
Aldo Rómulo Schiappacasse

es, además de columnista de El Mercurio, presentador de televisión, periodista y comentarista deportivo. Actualmente trabaja en el Canal del Fútbol, Chilevisión y Radio ADN.

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