Los ida y vuelta de Claudio Ríos, el juez asistente “superestrella”
El réferi de línea ha estado en la final de la Copa América y la definición de dos Copa Libertadores, además del Mundial de Clubes y otra infinidad de partidos. Aunque su rol de asistente lo ha hecho pasar más inadvertido que los jueces centrales, como Roberto Tobar y Julio Bascuñán, su desempeño y personalidad en el duelo de la U contra O’Higgins, generaron revuelo en las redes sociales. “¿Tai’ de abogado?”, fue la frase que patentó el línea. Acá, la historia de vida Ríos, quien es comunicador audiovisual y actor frustrado.
Sentado en el patio del INAF, Claudio Ríos Ortiz, árbitro asistente, toma su celular y muestra orgulloso sus mejores fotos dentro de un estadio: destacan la final de la Copa América y las de Copa Libertadores, donde participó de uno de los duelos entre Boca Juniors y River Plate, además de la del elenco “millonario” con Flamengo. “Son copas muy lindas. Yo debuté internacionalmente en el Morumbí, he recorrido muchos estadios. Imagínate la final de Boca-River, dos equipos muy populares, tremendo ambiente. Estuve en Qatar, con el Liverpool y Mohamed Salah. La misma Copa América es otro nivel, la ven en todas partes”, narra el réferi.
Y aunque se enorgullece de sus participaciones, enfatiza el bajo perfil que debe tener un árbitro. “Es por lo que representa, está ligado a la justicia, a la seriedad y al respeto”, dice. Pese a que trata de pasar inadvertido, su figura se robó las miradas en el duelo de O’Higgins contra la Universidad de Chile cuando las imágenes del extinto Canal del Fútbol (hoy TNT Sports) lo mostraron dialogando intensamente con los jugadores. “¿Tai’ de abogado?”, le decía insistentemente a Matías Cahais, quien intercedía en el intercambio que tenía Ríos con el meta Augusto Batalla.
“Fue espontáneo. Así se viven los partidos en la cancha, de forma intensa. Los diálogos son siempre de forma respetuosa, y así lo entienden los jugadores también, de hecho, después me volvió a tocar un partido de O’Higgins y me decían entre bromas: ‘Oiga profe, ¿tomó desayuno hoy, o no?’. Lo que pasa es que con los estadios vacíos y las cámaras encima, se ven más esas cosas”, detalla Ríos.
El camino para arbitrar partidos de primer nivel no fue fácil. Por el contrario, ha sido largo, pedregoso y de muchas vueltas y decisiones. Su pasión por el referato, según dice, partió desde chico, cuando arbitraba en la enseñanza media. “También jugaba, pero siempre me ofrecía para arbitrar con lo que sabía no más. Después, en un partido de la selección miraba al árbitro y me llamaba mucho la atención lo que hacía, cómo manejaba el partido”, agrega.
Aun así, tuvieron que pasar varios años para dedicarse completamente, porque cuando terminó la enseñanza media ingresó a la carrera de Comunicación Audiovisual, de la que egresó, y se metió a estudiar actuación. “Postulé a la escuela de Fernando González Mardones, pero no quedé, entonces me metí a los talleres que hacen durante todo el año, me preparé y volví a postular y ahí sí me aceptaron. Estuve un año estudiando, pero no me titulé porque tuve una nota roja en un ramo práctico, algo que no se podía, entonces no pude seguir. Fue doloroso”, narra.
“Me preguntan mucho como salto de comunicación audiovisual a la actuación y luego al fútbol, pero hablando con actores hacemos la analogía: la cancha es el escenario, hay un público, hay personajes, donde también está el árbitro. Entonces es un espectáculo y el árbitro es un personaje: algunos arbitran como son afuera de la cancha, y otros se transforman”, agrega.

Claudio Ríos junto a Roberto Tobar y Christian Schiemann fueron los representantes sudamericanos en el Mundial de Clubes de 2019. Participaron del duelo entre Liverpool y Monterrey, en las semifinales.
—¿Le ha servido para su carrera arbitral?
“Claro, porque tuve clases de expresión corporal, de comunicación, y me sirve en la cancha, porque los árbitros no solo están para poner amarilla o roja, tienen que saber comunicar, imponerse, respetar, saber mirar. Finalmente, está actuando también. Me sirvió para hacer clases también”.
—¿Hizo clases?
“Durante 2017 y 2018 en el INAF. El curso Reglas de Juego en la carrera de Árbitro Profesional, me sirvió para desenvolverme frente a 35-40 alumnos, uno tiene que motivarlos, muchos de ellos venían de trabajar, entonces era un desafío. Uno no es docente, pero por la ‘expertise’ tiene que traspasar el conocimiento. Y también seguí en clases: hice el postítulo de comunicador deportivo, y he aprendido inglés. Ahora estoy haciendo un curso de planificación y organización deportiva”.
—¿Por qué se mete al arbitraje?
“Lo tenía en mente, pero dejé pasar unos años porque pensé que era llegar, estudiar y a los dos años estar en primera división, pero me encontré con la realidad, que es estudiarlo, practicarlo, iniciar la carrera e ir subiendo todas las divisiones, desde las inferiores. Me di cuenta ahí que me iba a tomar más tiempo de lo que pensé”.
—Pero me imagino que quería ser árbitro central ¿Qué lo llevó a ser juez de línea?
“Uno entra para ser árbitro, todos quieren serlo, pero en el camino te das cuenta que es complejo el tema. Empecé a considerar que lo ideal es entrar a los 18 o 19 años, para así llegar joven a Primera División. Pero al ir subiendo se formaban muchos ‘tacos’, es decir, árbitros que estaban unos cinco años en juveniles y no permitían avanzar al resto, algo que ahora ha ido cambiando, entonces para entrar a Primera o la B, tenía que salir uno y era difícil. Entonces yo pensé: sí, por la edad podía seguir, pero se me iba a pasar mucho el tiempo y quizás no me iba a dar, por estatura también, porque si bien no está escrito, hay un biotipo de árbitros altos. No digo que no pueda haber árbitros bajos, pero cuesta más. Yo no fui tonto, toqué techo y pensé: ‘Si quiero estar en una cancha de primera división, puedo ser capitán o tripulante, y yo sentía que podía ser el mejor tripulante’. Y no me arrepiento, porque si hubiera insistido, lo más seguro es que me hubiera quedado en el camino y no habría vivido todo lo que he vivido”.

El arbitro comenzó su carrera en 2006, tiempo después de haberse titulado de comunicador audiovisual. Foto: Sergio Alfonso López
EL TRAYECTO
Pero antes de dirigir en los partidos top de Sudamérica, Claudio Ríos también pasó por la tierra. “Cuando tenía decidido que me quería dedicar a esto, había que buscar ‘pitutos’, porque pese a que podíamos trabajar acá al lado del INAF en la liga que hacen, no sobraban las lucas, es más, siempre faltaban. Entonces como está lleno de ligas, yo estuve en muchísimas, en Peñaflor, Lampa, Til Til, Pudahuel, universidades, colegios, hasta en Tercera División. Pero había que cuidarse, sobre todo porque como mi objetivo estaba en la profesionalización, uno se exponía estando en otros lados”, introduce.
—¿Le sirvió?
“Sí, arbitrar en el barrio, en la tierra, estando solo, con muchos hinchas, en canchas complicadas…uf. Era la realidad de muchos, porque eran buenas ‘lucas’, pero había que estar todo el día, además que emocionalmente era complejo, con tanta gente uno tenía el nervio de que tu seguridad se viera vulnerada”.
—¿Tuvo una mala experiencia?
“Una vez un jugador me pegó por la espalda. Le puse la segunda amarilla, me volteé y sentí el golpe. Él estaba enajenado, pero el resto lo paró. Fue lo único, pero a otros colegas les han pegado fuerte, en el piso, los han humillado. Aunque también arbitré en la Universidad Católica, acá en San Joaquín, muy respetuosos, también en la U. de los Andes, entonces era más tranquilo, sin riesgos. Pero cuando subí, tuve que dejar eso”.
—¿Qué hace en su tiempo libre? ¿Ve fútbol?
“Mi mamá es receptora judicial y a veces la ayudo cuando tengo tiempo, hacemos rutas y entregamos notificaciones, pero el resto es solo arbitraje, que es muy demandante, por las charlas, los viajes, etc”.
Yo no fui tonto, toqué techo y pensé: ‘Si quiero estar en una cancha de primera división, puedo ser capitán o tripulante, y yo sentía que podía ser el mejor tripulante’. Y no me arrepiento, porque si hubiera insistido, lo más seguro es que me hubiera quedado en el camino y no habría vivido todo lo que he vividoClaudio Ríosárbitro asistente respecto de su decisión de ser juez de línea
—¿Cómo fue la burbuja sanitaria ahora en pandemia?
“Una de las más largas, porque estuvimos cerca de dos meses en Argentina. Salíamos a entrenar cuando se podía y a los partidos, pasamos mucho tiempo con los muchachos”.
—¿Cómo influye la relación con los otros árbitros? Ha estado mucho con Roberto Tobar y Christian Schiemann.
“Es verdad, llevamos harto tiempo internacionalmente, sabemos lo que queremos dentro y fuera de la cancha, a veces nos vemos más entre nosotros que a nuestras familias. Pero tenemos buena relación entre todos, en Chile hay mucha rotación y por eso no hemos coincidido”.
—¿Ve fútbol?
“Sí, pero casi siempre por el tema arbitral, ver situaciones, ver cómo la resuelven, las posiciones, las posibilidades que hay. Yo tengo una caja para grabar los partidos, entonces además veo otros, en los que estuve, porque uno quiere seguir viendo la jugada”.
REFLEXIONES SOBRE EL ARBITRAJE Y EL VAR
—¿Le gusta el VAR?
“Sí. ¿Cuántos errores uno mismo no cometió antes? Si tenemos una segunda oportunidad para ver o revisar una jugada, de otro ángulo mejor ¿por qué no tomarla? Antes teníamos que ver después de los partidos, ahora podemos corregir y dar la mayor justicia deportiva. Hay un costo, claro: la velocidad de la imagen, que se puede demorar, que la línea, todo siempre puede mejorar y lo hemos hecho bastante, porque no es fácil tampoco. La gente puede pensar que es tomar un control remoto para revisar una jugada, pero en la cabina hay que estar atento a todas las jugadas, en todas partes, y también hay un ser humano. Es una herramienta para el árbitro.

Junto a Tobar y Schiemann, han participado de Copa Libertadores, Copa Sudamericana, Copa América, Recopa Sudamericana y Mundial de Clubes.
—Muchos dicen que pierde emoción, por la larga espera ¿Comparte esa idea?
“Yo llegué a una conclusión: cuando se va a aplicar el VAR, el público está expectante, entonces le suma emoción. Si se cobra un penal o se valida un gol, le da otra emoción más. Lo importante es la justicia deportiva, lo peor sería no darle un gol a un equipo que lo merece de forma justa. Algunos se cuestionaban si iban a seguir existiendo los jueces asistentes, pero nosotros vivimos otro partido.
—Pero ¿no siente que pierde potestad?
“No perdemos potestad. Sí quedamos más desnudos cuando hay un offside, por ejemplo, porque la televisión muestra nuestra ubicación y la de la jugada, pero nuestro trabajo es especial: tenemos una posición fija en una línea recta, estamos afuera, y desde nuestra posición es distinto a una cámara desde arriba. Además que no solamente revisamos la posición, también las situaciones que pasan cerca, tenemos que tener claros mis mismos tópicos que el árbitro, un penal, una roja, interpretación, ayudarlo cuando pasan jugadas en otro lado. No es fácil hay que controlar también el juego, algo que no se puede hacer desde la cabina. Es un trabajo invisible igual, salvo cuando levanto la bandera jaja”.
SU MEJOR ANÉCDOTA
Claudio Ríos saca a relucir su paso por la escuela de actuación. Consultado por su mejor anécdota, el juez asistente imita las voces, las miradas, se pone de pie incluso para recrear algunas escenas.
“Tengo varias, pero la que me pasó en Lota hace unos diez años es bien particular: estaban en Primera B y complicados abajo. Me tocó asistir con el doctor Manuel Acosta. En la cancha, últimos minutos, Lota atacando con todo y Manuel se clava en el punto penal, me mira y yo estaba con la bandera arriba. No me había visto, se queda con cara de asombro y tratándome de decir ‘noooo’ y yo ‘sí, es fuera de juego, jaja’. No sé cómo llega de repente Marco Cornez, parte del cuerpo técnico, a gritarme: ‘¡Me estás echando a perder el trabajo de la semana!’”, cuenta.
Y sigue: “Termina el partido, y se le acerca a Acosta: ‘Doctor, está bien que bien que vengas tú, eres de Primera, pero ¡no te pueden mandar con un asistente de juvenil!’. Y yo ya estaba en categoría profesional. La gente nos tiraba conchitas, era una locura. En el túnel nos gritaban, y a mí me empezaron a rodear y sentía unos cortitos y pataditas, yo le decía al otro asistente que abriera rápido, si la cuestión era conmigo. Revisamos la jugada en el camarín y adivine: estaba fuera de juego, tuve razón, jaja”.
Eso sí, el desenlace tuvo otro revés: “Después salimos, los periodistas muy enojados le decían ‘¿qué se siente haber perjudicado a Lota?’ Nos fuimos a la van, entre insultos, y al chofer no le partía, llega un guardia y le dice que había chocado el auto de un jugador, estuvimos diez minutos más hasta que los carabineros escoltaron hasta la carretera. A veces cuando nos encontramos con don Manuel Acosta me dice: ‘Y era offside’”.
Felipe Lemunguir Sepúlveda
es colaborador de Deportes El Mercurio. Ha cubierto la Copa América Femenina 2018 y el Ironman de Pucón, entre otros eventos.







