Santiago de Chile.   Mar 19-05-2026
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Héctor Enrique, campeón del mundo en 1986: “Maradona gambeteó a la muerte, pero al otro lado de la gambeta estaban sus padres y prefirió quedarse en sus brazos”

El volante no solo fue compañero del “Pelusa” en México: también le dio el pase en el famoso gol a Inglaterra, lo acompañó en su aventura por Dubái, compartieron una Navidad y dirigieron a la Albiceleste en Sudáfrica 2010. Lloró su muerte, aunque tiene un consuelo: “Tenía la cara sonriente, como diciendo ‘quédense tranquilos, estoy bien’”.
Raúl Neira29 de noviembre, 2020
Héctor Enrique cuenta que el 25 de noviembre tomaba unos mates en el quincho de su casa, “que no es mío, sino de Diego Armando Maradona, porque está lleno de fotos suyas”, cuando recibió una llamada que le perforó el corazón.

“Era el doctor Néstor Lentini. Me dice que el Diego está mal… ‘Naaa’, le digo, ‘se va a poner bien, siempre le pasa algo y gracias a Dios siempre se recupera…’. Prendo la televisión y…”.

El “Negro” suspira, toma una pausa y continúa el relato. “Siento la tristeza enorme de perder a un genio del fútbol y a un gran amigo. Todos dicen que Maradona esta vez no pudo gambetear a la muerte. Y no tengo dudas de que sí gambeteó a la muerte, no tengo dudas; pasa que al otro lado de la gambeta estaban la mamá y el papá y prefirió quedarse en los brazos de ellos; en la tranquilidad y la paz que le dieron siempre”.

—Su primera reacción fue la de todos: Maradona no puede morir…

“Sí, pero esta vez sucedió. No se le veía bien… Van a quedar en el recuerdo los momentos maravillosos que pasamos vistiendo la camiseta de la selección, defendiéndola con el corazón. Y eso lo enseñó él. Nos enseñó a respetar un vestuario y dejar bien en alto la camiseta de la selección y al fútbol argentino. Nos hizo famosos en el mundo”.

—Julio Olarticoechea, otro de los campeones de México 1986, dijo a propósito de ese Mundial y de Maradona: fuimos jugadores comunes que hicimos algo extraordinario junto a un jugador extraordinario que se creía común.

“Exactamente. Es así. Para la gente y el periodismo, Maradona era el más grande y se lo tiene bien ganado, porque dentro de la cancha era el que mejor jugaba. Con nosotros siempre fue uno más. Los mismos chistes, las mismas bromas, comía con nosotros, dormía en la misma concentración… Era el primero en llegar a entrenarse y era el último en irse. Había que sacarlo a las trompadas, porque cuando agarraba la pelota no la soltaba nunca. Mucho tiene que ver Carlos Bilardo, para muchos es un papá. Formó un equipo de hombres con un Maradona brillante”.

—¿Pudo hablar con Maradona después de que fue operado?

“No. Hace un año que ya no pude. Intenté muchas veces, pero siempre le cambiaban el número. Y siempre me la rebusqué para conseguir el número. Le dejaba mensajes de amigo, de corazón, de cómo estás. Yo era un tipo muy feliz cuando le iba bien y me amargaba mucho cuando las cosas le iban mal. Jamás lo llamé para molestarlo por una foto o para pedirle un mensaje para tal o cual persona o para pedirle plata. Jamás. Jamás. Lamentablemente me privaron de poder estar un poquito más con él”.

Enrique en el quincho de su casa, que más parece santuario maradoniano. “Hay más fotos de él que mías”, dice. Foto: Archivo Personal

—Hay una queja frecuente sobre el círculo que rodeaba a Maradona y que lo alejaba de sus verdaderos amigos.

“Y me amargaba mucho, pero vi una nota de Dalma Maradona y le pasaba lo mismo. ¡Si le ocurría a la hija, qué queda para mí! Los que hicieron eso que no crean que van a seguir teniendo las puertas abiertas de todos los lugares donde iban. Solo entraban porque estaban al lado de Maradona. Hoy esas puertas se les cerraron, se les cerraron. Hoy no van a estar ni para cuidar autos”.

—¿Está molesto por cómo sucedió todo? El alta de Maradona poco después de la operación, pocos cuidados en la casa donde murió, versiones contradictorias…

“No quise ver nada de eso. Estaba muy mal. Mi mujer me dijo ‘Negro, no sufriste la muerte de tu papá como sufriste la de Maradona’. Pasa que con lo de mi viejo me encierro en la habitación y lloro; con Diego es increíble el sentimiento. Pero me hago la ilusión que está junto a sus padres y al otro Dios. Está con doña ‘Tota’ y don Diego, los que le dieron la vida, siempre lo acompañaron sin ningún interés en nada. Su único interés era que cumpliera el sueño de ser jugador de fútbol y jugara en Primera. El Diego siempre decía ‘quiero jugar en Primera para ayudar a mis viejos’. Ese sueño lo tuvimos todos”.

—Maradona creía que el cariño de la gente se había ido.

“Cómo va a pensar que la gente lo había olvidado, que los amigos lo habíamos olvidado, si los mensajes nunca le llegaban… Pero ahora está tomando mate con doña ‘Tota’ y don Diego. Lo imagino mirando hacia abajo, conversando, diciéndole a la mamá que la gente lo había olvidado… Y a doña ‘Tota’ diciéndole ‘pero Diego, cómo te van a olvidar con las cosas que hiciste por los argentinos y las alegrías que les diste jugando a la pelota’. El mundo entero está agradecido de Maradona por su forma de ser. Nunca se casaba con nadie, siempre peleaba contra el poder y siempre por los de abajo, porque él viene de ahí, de abajo. Y eso lo hace mucho más grande, nunca se olvidó de eso. Estando en Dubái siempre lo hablábamos: tuvimos una infancia parecida donde no sobraba nada y sí faltaba mucho. Nuestros padres nunca tenían hambre, porque si comían ellos no comíamos nosotros. Los verdaderos campeones del mundo son nuestros viejos y Maradona tuvo padres que fueron ejemplos”.

—El funeral fue maradoniano: miles y miles de personas en plena pandemia, locura, llanto, drama...

“Se olvidaron de la pandemia. El mundo entero se olvidó de todo. Maradona era demasiado grande para estar entre nosotros; sufrió muchas injusticias. Era fuerte, pero había cosas que lo superaban. Pensar que la gente no lo quería… Yo le diría, ahora, ‘Diego, la gente te ama y te va a amar siempre porque le diste demasiadas alegrías al pueblo argentino y al mundo entero’. Maestro total, total. Yo antes me iba a las manos, me agarraba a las piñas, cuando hablaban mal de él. Dije ‘no me peleo más, porque si hablan así es porque no lo conocen. Si lo conocen como lo conozco yo, hablarían bien como hablo yo’. Es un genio”.

—Usted, como todos los campeones del 86, fue a la Casa Rosada.

“Sí, gracias a Dios. Me acerqué, le agradecí. Me ayudó mucho dándome trabajo, nombrándome siempre... ¿Sabés? Lloro más ahora, porque ese día lo vi con una paz total. Dolió, dolió el alma verlo ahí. Uno siempre pensaba en él haciendo chistes, hablando, jodiendo… Verlo en el cajón me partió el alma. Pero como dijeron Oscar Ruggeri y el ‘Gringo’ (Ricardo) Giusti, tenía la cara sonriente como diciendo ‘muchachos, quédense tranquilos, que estoy bien’. Y va a descansar: fueron 60 años, pero 60 multiplicado por tres. Desde los 15 que se puso la familia al hombro. Estaba orgulloso y feliz de haberle dado bienestar a sus viejos”.


RECUERDOS DE UNA ÉPOCA INOLVIDABLE


Enrique llevaba el número ‘12’ en la Copa del Mundo de México. “Mi habitación, que compartía con Carlos Tapia, estaba pegada a la de él. No teníamos tanta ropa como se tiene hoy. Le digo ‘Diego, mañana empieza el Mundial y no tengo botines’. Y me responde ‘cómo que no tenés botines, pelotudo..’. Me regaló un par de zapatos con los que jugué todo el Mundial. Éramos un plantel muy humilde en vestimenta, pero millonario en entrega, orgullo y respeto por la camiseta. Y ese respeto lo enseñó Maradona”.

—Usted pasó una Navidad con Maradona también.

“Y me quedo con el respeto y con el cariño que trataba a mis hijos. Fue la Navidad más linda del mundo. Era estar con mi ídolo, porque fue mi ídolo de chico: yo jugaba en las inferiores de Lanús, él en la primera de Argentinos... Hablaban de un tal Maradona. Me quedé a verlo y me maravilló. Me maravilló… Por eso el cagazo que tenía cuando lo conocí”.


—¿Cómo fue eso?

“Previo al Mundial del 86 jugamos un amistoso en Noruega. Perdimos 1-0. Él venía de Nápoles y nosotros de Argentina. Yo tenía unos nervios terribles, porque no sabía cómo saludarlo: le doy la mano, un beso, saldré corriendo… Él llegó, me vio y me dijo ‘hola Negro’, como si me conociera de toda la vida. Guardaré ese recuerdo siempre en mi corazón. Maradona siempre defendió al compañero, al jugador de fútbol, pero también al de rugby, de basquetbol, a las Leonas, a todos los que llevaban la celeste y blanca. Por eso lo quieren tanto. En el velorio estuve con Carlos Tévez y Gabriel Heinze. Les agradecí el respeto y cariño que siempre le tuvieron”.

—Por estos días se recordó, como nunca, el gol de Maradona a Inglaterra. Y usted le dio el pase.

“Me llena de placer y orgullo. Es mi carta de presentación. Cuando me piden un video siempre digo ‘hola, qué tal, soy el negro Enrique, campeón del mundo y el que le dio el pase a Maradona’. Estará siempre… Fue un pase hasta tímido. Y Diego de ese pase hizo la jugada más gloriosa que puede soñar un jugador de fútbol”.

—¿La pelota murió o está más viva que nunca?

“El fútbol será maravilloso como siempre. Diego jamás hubiese permitido que maltraten a la pelota o esta se muera. Está más viva que nunca. Sí murió el que mejor la trataba. El 30 de octubre, cuando nació Diego, la pelota está de fiesta porque cumple años el que más la hizo gozar. Sé que arriba verá los partidos. Amaba el fútbol y no permitiría que muera. Es un agradecido de la pelota”.


Raúl Neira

es redactor de Deportes El Mercurio y especializado en fútbol. Con más de 25 años de carrera, cubrió la Copa Confederaciones de Rusia 2017, la Copa América de Chile 2015, copas Libertadores, sorteos y partidos clasificatorios a la Copa del Mundo.

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