Santiago de Chile.   Vie 03-04-2026
20:04

Una íntima y sencilla despedida para la inmensa Marlene Ahrens

La medallista olímpica en Melbourne 1956 fue cremada luego de una ceremonia en la que solo participó su familia. “El legado que deja es tremendo. Fue una gran amiga”, recuerdan sus excompañeras de atletismo, quienes recuerdan las reuniones mensuales en el club Manquehue con la mayor deportista chilena de la historia.
Diego Aguirre Diez19 de junio, 2020

Marlene Ahrens tuvo un último adiós.

En el cinerario del Parque del Recuerdo se realizó el funeral de la única chilena que ha ganado una medalla olímpica (plata en el lanzamiento de la jabalina, Melbourne 1956) y solo asistieron una veintena de personas, todas familiares de la exatleta, debido a las restricciones que impone la emergencia sanitaria, la que impidió una despedida multitudinaria que, según la opinión de una mayorpia, ella se merecía.

“Hubiese llegado mucha gente, y creo que eso le hubiese gustado”, dice Eleonora Froehlich, ex atleta y amiga de la también extenista y ex equitadora.




Una decena de ex atletas de los años 50, entre ellas Marlene Ahrens, mantuvieron contacto por décadas, reuniéndose "sagradamente" en el Club Manquehue una vez al mes. Y son ellas las que recuerdan a la figura emblemática del deporte chileno de todos los tiempos.


“Marlene (Ahrens) había dejado de ir a esdas reunionrs, por su salud, pero fueron muchos años compartiendo. Recordábamos momentos y discutíamos también de algunos temas relacionados con el deporte, porque yo también fui dirigenta de la federación de atletismo. Siempre estuvo en las reuniones y le gustaba mantener contacto. Cuando competíamos también fue muy amable con todos. Fue una gran amiga”, recuerda Lucy López, otrora especialista en salto alto y medallista panamericana.

Eleonora Froehlich era la encargada de juntarlas. “Era la más ‘lola’ en esas reuniones, que eran muy entretenidas. Marlene era muy sociable. Terminábamos hablando cosas bastante light, no tanto de atletismo. A ella no le gustaba tanto hablar de su medalla olímpica y de esa época. De hecho, para mi libro no me quiso dar mucha información: dijo que no se acordaba de nada (ríe)”, agrega Froehlich, autora de “80 años del Atletismo Femenino en Chile”.



“Estaba más metida en el tema de sus caballos. De eso sí le gustaba hablar” sigue Renate Friederichs, otra atleta de la época, quien no duda: “Su talento para el deporte era fuera de serie, sensacional. Si hubiese querido incursionar en otra disciplina, habría brillado igual”.

Froehlich coincide: “Dentro de la pista era una competidora nata. Le gustaba ganar. Tenía una seguridad enorme en todo lo que hacía. Fuera de ella era muy culta también”.

López cierra: “El legado que deja es tremendo. Su entrega por el deporte fue total. Supe que ella ayudó silenciosamente a muchos deportistas que se iniciaban. Fue muy solidaria”.

Diego Aguirre Diez

es periodista de El Mercurio Deportes desde 2016, especialista en el área polideportiva, cubriendo tenis, golf, rugby, atletismo, básquetbol, entre otras disciplinas.

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