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Chile y los Juegos Olímpicos Moscú 1980: la desconocida historia de un boicot

Guerra Fría. Estados Unidos vs. Unión Soviética. Washington boicoteó los Juegos de Moscú y medio centenar de países se plegó. Una misiva de Jimmy Carter a Pinochet amarró la posición chilena. Solo un directivo del COCh se opuso. El atleta Edmundo Warnke aún se lamenta. “Estaba en mi mejor momento, hubiese peleado el top ten”, dice. “Ese día decidí retirarme del ciclismo”, recuerda Richard Tormen, oro Panamericano en 1979.
Antonio Valencia10 de agosto, 2024
“Fue lamentable, el deporte es un embajador del país, pero eran otros tiempos y Chile debió acatar nomás”, resume la atleta Alejandra Ramos. “Estábamos asegurados para ir a Moscú por el oro en el Panamericano de 1979. Una semana después del anuncio de boicot, jodimos”, recuerda el ciclista Richard Tormen. “Quedamos achacados, nos preparamos cuatro años para los Juegos”, complementa Fernando “Lobo” Vera, oro en equipos y plata en individual en el Panamericano. “No ir a Moscú retrasó mi curva de rendimiento, pude haber hecho mi récord mucho antes”, pondera Emilio Ulloa.

Miércoles 20 de febrero de 1980. Estados Unidos cumple su ultimátum contra la Unión Soviética. “O retiran las tropas de Afganistán o retiramos a los atletas de los Juegos Olímpicos”, amenazó Washington. “Debe haber un cambio de sede”, declaró el entonces Presidente de EE.UU., Jimmy Carter. “Solo una Tercera Guerra Mundial impedirá que los Juegos se realicen en Moscú”, declaraba el Comité Olímpico Internacional (COI) que, con el voto del chileno Alejandro Rivera Bascur, había ratificado a esa ciudad como sede la cita.

El poder de EE.UU., que amenazó con retener los pasaportes a sus deportistas que, a contrapelo, lidiaban judicialmente por acudir al certamen de los cinco anillos, también movió a sus aliados. La exAlemania Occidental se sumó rápido: “Señores, debo recordarles que a Berlín lo defienden los soldados norteamericanos, y no el presidente de la federación de Balonmano”, declaró el canciller Helmut Schmidt. Le siguieron los gobiernos de Japón, Gran Bretaña y Canadá.

El Comité Olímpico Chileno (COCh) debió tomar posición en tiempos en que la Dirección General de Deportes (Digeder, hoy IND/Mindep) estaba dirigida por el militar y tres veces olímpico Nilo Floody. El fallecido Enrique Fontecilla presidía el COCh, y como segundo vicepresidente fungía el también extinto coronel Jorge Espinoza Ulloa, jefe del Estadio Nacional después del golpe de Estado.

Gustavo Benko era el primer vicepresidente del COCh. Hoy lo recuerda. “Fui el único del directorio que se opuso a la idea de no acudir a Moscú. ‘Tirón de orejas’, decía ‘El Mercurio’, del general Nilo Floody. Perdí en todo. Hasta mi gran amigo Alejandro Rivera Bascur, que era el delegado del COI en el COCh, votó en favor de que Chile no acudiera. La presión era mucha”, asegura.

—¿Hubo una orden directa de Pinochet?

“Lo que hubo fue una carta de Jimmy Carter a Pinochet que nos hicieron llegar. Carter era el Presidente de Estados Unidos. Esa carta, y la respuesta de Pinochet diciendo que recomendaba que Chile no participara en los Juegos de Moscú, llegó al directorio del Comité. Se leyeron las dos cartas. Yo tomé esa carta de Carter y la llevé a la chimenea del gran salón del COCh”.

—¿La quemó?

“No, no, la puse sobre la repisa de mármol de la chimenea y dije: ‘Esta cartita…’. Puse mi mano encima y dije que ‘acá primero hablemos de deportes, después de política’. Votamos y perdí. Luego logré que se convocara a una asamblea con todas las federaciones, que eran unas treinta, y no más de seis, incluida una presidida por militares, se mantuvieron firmes en la filosofía olímpica, el amateurismo y que la política no debía meterse en el deporte. Y perdí de nuevo. El golpe fue tanto o más fuerte como el anterior”, relata Benko.

La presión estadounidense comenzó a fines de diciembre de 1979, y tuvo efectos al mes siguiente. El 28 de enero de 1980 salió desde Santiago una nota diplomática dirigida al embajador de EE.UU. adjuntando una carta de Pinochet a Carter con la posición chilena respecto de los Juegos.

La revista Estadio, en febrero de 1980, resumía ya con los hechos consumados: “En su declaración del día 21 de febrero, el Comité Olímpico señala que entiende y respeta el deseo y la independencia del Comité Olímpico Internacional de no cambiar la sede de los Juegos Olímpicos, y no desea quebrar la unidad olímpica, pero tiene el deber de ratificar la decisión de no concurrir a este evento, basado en el clima imperante en el país sede, que contraviene los principios olímpicos con su agresión a un país miembro del Comité Olímpico Internacional, no garantizando así la libre y tranquila convivencia de los deportistas”.

No había vuelta. “A los pocos días —recuerda Benko— llegó a mi oficina el ciclista Richard Tormen, y casi con lágrimas me pidió que hiciéramos algo para revertir esto. Iban a ser sus últimos Juegos Olímpicos. Ya no había nada qué hacer”.

Tormen era el campeón panamericano, oro junto al cuarteto pedalero compuesto por Fernado Vera, Roberto Muñoz y Sergio Aliste, en los Juegos de San Juan 1979. El “Lobo” Vera fue, además, medalla de plata en la contrarreloj individual.

Sebastian Coe, oro en los 1.500 metros en Moscú 1980. El gobierno de Inglaterra se sumó al boicot, pero sus deportistas acudieron igual. Coe es hoy el presidente de la Federación Internacional de Atletismo.

“Estábamos listos para ir a Moscú porque el COCh había asegurado que los medallistas en San Juan clasificaban a los Juegos”, señala Tormen.

—Benko recuerda que usted fue a su oficina, Tormen...

“Fui a decir que fuéramos a Moscú de cualquier manera, no como delegación oficial, buscar una forma. Pero no, Pinochet seguía los lineamientos de EE.UU. y punto. Ese día me retiré del ciclismo. Le dije al presidente de la federación, me pidió que no me retirara, que venía un Panamericano, que me aguantara seis meses, que ‘para compensar el viaje de Moscú’ se podía hacer una gira a Europa de un mes. ‘Si te va mal, te retiras’, me dijo. De consuelo fuimos los cuatro de gira a Europa, más Antonio Urquijo, la promesa del ciclismo”.

Alejandra Ramos, Emilio Ulloa y el decatleta Alfredo Silva cuentan que, a los deportistas de algunos países alineados, Estados Unidos los invitó con todo pagado a un torneo como compensación. “Fue en Pensilvania, fue como una gratificación”, precisa Ramos. “Era un torneo de muy baja calidad”, concluye “Lolo” Silva, campeón sudamericano en decatlón. “Más que un torneo, fue un paseo. No me acuerdo ni en qué competí. Fue en una fecha similar a los Juegos de Moscú, y mirábamos con nostalgia lo que pasaba allá. Fue una amargura muy grande no ir. Si hasta estábamos entrenando en Italia con Gert Weil, Omar Aguilar y Alejandra Ramos para ir a Moscú”, dice Ulloa.

Un telegrama del Departamento de Estado de EE.UU.a todas las oficinas diplomáticas y consulares, fechado el 1 de marzo en Washington, junto con advertir que “esta información debe ser utilizada con extrema discreción para no avergonzar a los gobiernos cuyas posiciones son privadas”, hacía sus cálculos: “Nuestra cuenta de no participantes se mantiene aproximadamente en el mismo nivel que hace dos semanas. Alrededor de 50 estados. El apoyo a la no participación sigue siendo más fuerte en Asia Oriental y el Cercano Oriente. En Europa Occidental, así como en África y América Latina, hemos observado una creciente tendencia a posponer una decisión en la expectativa de que la situación en Afganistán mejore en los próximos 60-90 días. No obstante, nuestra suposición sigue siendo que en última instancia los europeos occidentales se unirán a nosotros en el boicot a Moscú y que varios países africanos y latinoamericanos adicionales seguirán el ejemplo. Como consecuencia, si se llevan a cabo, los Juegos serán una pálida imitación de los Juegos Olímpicos anteriores”.

Mischa, la mascota de los Juegos de 1980. La ceremonia en el estadio Lenin de Moscú duró cuatro horas, un récord que igualó París 2024.
El texto añade que “26 gobiernos han declarado públicamente que no desean que sus atletas participen: Australia, Bahréin, Bermudas, Canadá, Chile, Yibuti, Egipto, Fiji, Gran Bretaña, Haití, Israel, Japón, Kenia, Liberia, Luxemburgo, Malasia, Países Bajos, Nueva Zelanda, Noruega, Papúa Nueva Guinea, Paraguay, República Popular de China, Qatar, Arabia Saudita, Sudán, Zaire”.

Y en el punto 9 se lee: “Los siguientes ocho gobiernos nos han informado que no participarán en los Juegos Olímpicos de Moscú debido a la falta de recursos, falta de equipo u otras razones. Belice, Chad, El Salvador, Guinea Ecuatorial, Malaui, San Vicente, Taiwán, Emiratos Árabes Unidos”.

Pese las presión de EE.UU., no pocos de sus aliados, como Gran Bretaña, Australia, España, Italia, Bélgica, Portugal, Holanda y Francia, entre otros, si bien adhirieron al boicot, dieron libertad de acción a los deportistas para ir. Fueron, compitieron y ganaron medallas. Algunos con bandera olímpica. Otras con su emblema. Uno de ellos fue Sebastian Coe, oro en atletismo, actual presidente de la Federación Internacional de Atletismo.

—¿No hubo opción de dar libertad de acción en Chile, Benko?

“Imposible, ¿con qué dinero viajaban? El COCh no tenía un peso y todo se financiaba con la Polla Gol, que era del Estado. La reunión de directorio fue tétrica, triste para mis deportistas. No me hace bien recordar estos hechos que demuestran pobreza de espíritu. Yo me quedo con lo que pasó después: el Comité Olímpico Soviético me mandó de regalo la mascota de los Juegos, que se llamaba Mischa, en cerámica y con la placa de los Moscú 1980. Y el Comité Olímpico de EE.UU. también me envió un presente. Aún guardo ambos”.

Brasil, Perú, Colombia, Venezuela, Paraguay, Ecuador y México, por ejemplo, acudieron a la cita moscovita. Bolivia y Uruguay se unieron al boicot que, hasta última hora, intentó evadir Argentina.

“El Comité Olímpico Argentino (COA) no aprueba el boicot de los Juegos Olímpicos de Moscú. De ninguna manera podemos frustrar el esfuerzo de nuestros jóvenes atletas. Los intereses políticos no pueden prevalecer sobre los deportivos. La Argentina participará. Estas dudas ya existieron. Algo similar ocurrió en Helsinki 1952, durante la Guerra de Corea, y en Múnich 1972, por la Guerra de Vietnam. Y los Juegos no se detuvieron”, declaraba el coronel Antonio Rodríguez, presidente del COA, el 25 de enero de 1980.

Argentina, pese a todo, se bajó un mes antes de los Juegos. Sus nadadores clasificados fueron invitados a un torneo de consuelo: estuvieron una semana en Hawaii.

Entre los chilenos, el desconsuelo llegó a Edmundo Warnke, quien hoy reside en Alemania.

“Los de Moscú hubiesen sido mi terceros Juegos, iba a correr el maratón y estaba en mi mejor momento. Estaba para pelear entre los 10 primeros. Tenía buena marca y fueron mis mejores años. Incluso en 1977 hice récord mundial de 25 km, en una carrera de calle. Cuando Chile decide no ir yo estaba en Alemania. Fue frustrante, te preparas, te entusiasmas, luchas para representar a tu país. Los Juegos son lo más grande que hay para todos los deportistas, y que de un momento a otro te dicen no, hay boicot, da rabia y tristeza”, lamenta.

Al boicot de EE.UU. a Moscú, según estimaciones del COI, adhirieron unos 45 países. Otros no acudieron por diversos motivos. El propio Carter escribió en sus memorias: “Tuvimos que luchar todo el camino; el resultado siempre estuvo en duda. La mayoría de los comités olímpicos eran cuerpos totalmente independientes, cuyos miembros resentían profundamente cualquier participación gubernamental en sus decisiones. Sin embargo, en entrevistas televisivas, discursos y a través de apelaciones directas durante sus reuniones oficiales, yo y muchos otros líderes nacionales señalamos que sería una violación de los principios olímpicos de buen espíritu deportivo y juego limpio ser invitados de la Unión Soviética en las circunstancias existentes. Después de un intenso debate, el Comité de Estados Unidos, el 22 de abril, decidió por una abrumadora votación no enviar un equipo a Moscú; eventualmente 55 naciones tomaron la misma decisión. Algunos simplemente enviaron grupos simbólicos o permitieron que individuos fueran a Moscú por su cuenta”.


En Moscú se batieron 33 récords olímpicos, pero fue uno de los Juegos contemporáneos con menos países (80, la más baja desde Melbourne 1956) y atletas (5.217). Cuatro años antes hubo otro boicot masivo, a Montreal 1976, impulsado por Tanzania, al que se sumaron 27 naciones africanas en protesta contra el Apartheid de Sudáfrica.

“A mí no me dolió tanto no ir, porque ya había ido a JJ.OO. y había hecho lo máximo que podía a hacer a nivel de marcas y competencias sudamericanas. Lo peor, encuentro, es que supimos que hubo países que habían adherido al boicot, pero sus atletas terminaron yendo igual, como franceses, italianos, ingleses y varios más del mundo occidental. Al final, nosotros quedamos como giles. Los Juegos Olímpicos eran parte del botín de guerra”, cierra Alfredo Silva.

La política entrometiéndose en el deporte tendría otro episodio en medio de la batalla en todos los ámbitos entre Estados Unidos y Unión Soviética. En Los Angeles 1984 operó, de vuelta, el boicot soviético. Pero esa es otra historia.
Antonio Valencia

es redactor de Deportes El Mercurio.

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