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Escupidores

Si otros deportistas escupieran como lo hacen los futbolistas profesionales, serían deportes impracticables, por los resbalones fatídicos, costalazos fangosos y el humedal de suciedad por el suelo, verdaderas ciénagas repugnantes de pelotas embetunadas por botes mugrientos y chispas inmundas.
Foto: France Presse
Antonio Martínez18 de mayo, 2024
Alguna vez en Inglaterra una organización ambiental, Keep Britain Tidy, (Mantener Gran Bretaña ordenada y limpia), le escribió y solicitó a la asociación de futbolistas profesionales que sus afiliados no escupieran sobre las canchas, o al menos que lo pensaran antes de hacerlo, porque era una acción repelente y nada de higiénica, propagaba enfermedades y desde luego la mala educación.

Han existido en distintos países, Rumania y España, otros intentos por aplacar el escupitajo, reducirlo a una mínima expresión, eventualmente reprimirlo y tragarse lo que sea necesario.

El universo del escupir, por cierto, se ha hecho más evidente y repulsivo desde que el fútbol se transmite con decenas de cámaras e imágenes cada vez más nítidas y numerosas. Incluso en cámara lenta. Hasta se ven las gotitas y los infectos detalles.

A distintos jugadores españoles se les preguntó por qué lo hacían, y lo raro es que no hubo una sola razón: boca seca, resfrío, nervios o el esfuerzo físico lo provoca. Es por necesidad fisiológica y el cuerpo lo pide. Algunos, eso sí, dijeron que ellos no escupían y lo evitaban.

Lo segundo raro es que profesionales que practican otros deportes en equipo, como básquetbol, vóleibol o balonmano, no escupen sobre las canchas. Se trata de canchas cubiertas de pisos variados: caucho vulcanizado, madera de arce, poliuretano, acrílico, tartán y tantas formas de parquet.

Si escupieran como lo hacen los futbolistas profesionales, serían deportes impracticables, por los resbalones fatídicos, costalazos fangosos y el humedal de suciedad por el suelo, verdaderas ciénagas repugnantes de pelotas embetunadas por botes mugrientos y chispas inmundas.
Estos deportistas, quizás porque el esfuerzo físico es menor, no escupen.

A lo mejor es porque no están al aire libre, y eso influye, pero el caso es que en esos espacios y con esos deportes se acabó la necesidad fisiológica.

En el fútbol profesional chileno, el árbitro y los guardalíneas no escupen. Tampoco se ha visto al cuarto árbitro. ¿Se habrán educado para no hacerlo? ¿Será muy difícil y sufren porque no escupen? Ellos sabrán.

Todo el resto no sabe, escupe de lo lindo y sin vergüenza. Sin método, tupido, parejo y con fruición. Incluso después del momento de hidratación escupen el agua limpia y fresca que les dan. Escupen los entrenadores que no se mueven mucho, pero sufren, y ese puede ser otro de los motivos de la acción de esputar o expectorar.

Para terminar y no ser injusto, hay que extender un justificativo, puede que alguno padezca alergias que provocan sialorrea o hipersalivación. O molestias gástricas o bucales, algo en el hígado o páncreas (háganse ver), y así llegamos, sumando sanos y enfermos, a la plaga que nos invade y se televisa: babeo crónico en el fútbol chileno.
Antonio Martínez

es periodista y crítico de cine; fue editor de Cultura de “La Época”, jefe de redacción de “Hoy” y director editorial de Alfaguara. Fue corresponsal, desde España, de “Estadio”, y columnista de “Don Balón”. Autor de “Soy de Everton, y de Viña del Mar” (2016), y junto a Ascanio Cavallo, de “Cien años claves del Cine” (1995) y “Chile en el cine” (2012).

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