Santiago de Chile.   Mar 28-04-2026
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Adiós a los puños de Godfrey Stevens, leyenda del boxeo chileno

Hijo de un inglés y una iquiqueña, el “Gringo” hizo historia como uno de los pocos chilenos que peleó el título mundial. El 8 de febrero de 1970, en Tokio, el oriundo de la población Juan Antonio Ríos perdió por puntos ante Shozo Saijyo en una batalla de quince asaltos. Dejó Chile en 1986 y vivió en Canberra, Australia, hasta el día de su muerte, a los 84 años.
Antonio Valencia20 de agosto, 2022
Fue, peleó y venció. Primero a mano limpia. Era niño y tenía miedo. Un amigo de su tamaño le había quitado un juguete que le mandó su abuela desde Inglaterra y su madre lo obligó a ir por él. Lanzó golpes hasta que recuperó lo que era suyo. A los diez años, su padre, un contador británico, le compró sus primeros guantes en la tienda Gath & Chaves para que aprendiera técnicas de defensa.

El boxeo le gustó. Empezó a los 14 años en el clásico club México, lució en cuadrilátero, también durante el servicio militar, y cuatro años más tarde, en 1960, se convirtió en boxeador profesional. No se detuvo hasta ser campeón chileno y sudamericano de peso pluma. A los 31 años, disputó el título mundial el 8 de febrero de 1970 en quince asaltos. Todo el país siguió la pelea. La mayoría por radio. Los menos por la aún novedosa televisión en blanco y negro. Relatos de Sergio Brotfeld en TVN.

Era domingo a las 9 horas en Chile, ante el nipón Shozo Saijyo, brioso púgil ocho años menor, en el Budokan Hall de Tokio. “Cinderella Boy”, apodo del local, tenía altura, juego de pies y pegada. Castigó al chileno de guantes rojos y pantalón azul con pretina blanca en los cuatro primeros rounds. Stevens equilibró en los siguientes, pero cayó en el último, cerca de un rincón, al minuto y dos segundos del decimoquinto asalto. Se afirmó en las cuerdas, se levantó de inmediato, reclamó por el piso, siguió peleando y perdió la pelea por unanimidad en las tarjetas. “El título era mío”, repetiría siempre. Estuvo a punto, pero no.

“Él no me botó, yo me resbalé. Se produjo un efecto óptico, ya que justo en el momento que me caigo una mano de Saijyo cruzaba mi cara, pero nunca me tocó. El juez no me creyó y me marcó cuenta de protección lo que perjudicó mi destino en esa pelea. Veinte años después, Saijyo reconoció que no hubo golpe. Sin ese incidente, yo ganaba el título”, diría Stevens.

La pelea contra el japonés Shozo Saijyo fue también un hito que ayudó a masificar la TV en Chile. El combate se vio en blanco y negro.

Su regreso a Chile fue otro acontecimiento. Lo recibieron como como héroe. Un gentío desde el aeropuerto hasta el centro de Santiago. Nunca entendió semejante alboroto por una derrota.

Godfrey Stevens González nació en Santiago el 27 de junio de 1938 y creció en la población Juan Antonio Ríos. Le decían “El Gringo” y tenía la nariz chata por una fractura, no por el boxeo, sino por un rudo golpe jugando básquetbol. Medía 1,69 metros. Pesaba 57 kilos.

Su primer triunfo de renombre fue en los ’60 cuando venció a Claudio Barrientos, bronce en los JJ.OO. de Melbourne 1956. Stevens se coronó campeón chileno en 1963 al ganar a Elías Vargas, luego fue el el cetro sudamericano. Dos veces lo intentó y dos veces perdió en Buenos Aires contra el argentino Carlos Cañete en 1964 y 1965. No cejó, y la tercera fue: en 1967 se colgó el cinturón luego de imponerse sobre el trasandino Jorge "Cucusa" Ramos.

Antes de la disputa del título mundial cosechó triunfos de respeto y ranking, como en 1968 contra el colombiano Antonio "Mochila" Herrera, tercero del planeta, o un año más atrde ante el estadounidense Bobby Valdez, séptimo clasificado en 1969. El 26 de agosto de ese año, el peso pluma Godfrey Stevens pasó al primer lugar del ranking de la Asociación Mundial de Boxeo. El 1 de noviembre, el aspirante al título mundial confirmó su calidad al vencer de modo inobjetable al norteamericano Don Johnson.

Stevens era un boxeador técnico, veloz y de buena defensa. Lo que le faltaba era la pegada. Ganó 71 peleas, perdió 10 y empató tres. Se retiró un par de años después del combate de Tokio. El nipón defendió seis veces su corona y la perdió frente en el quinto round ante el venezolano Antonio Gómez, en 1971. Ese mismo año, Saijyo se retiró y luego incursionó en el kickboxing.

Durante la década de los ‘60 y ‘70, Stevens no solo boxeaba. En paralelo tenía un negocio de televisores y línea blanca que vendía a mejor precio a los trabajadores de sindicatos. También trabajó 14 años en la Empresa de Transportes del Estado.

Ya con los guantes colgados, el chileno accedió a pelear por necesidad económica en el extranjero, y lo hizo contra ex campeones del mundo: con 34 años ante Rubén Olivares de México en 1972, con 35 años frente a Eder Jofré de Brasil en 1973 y con 38 años contra Alexis Argüello de Nicaragua, en 1977. Perdió con los tres. Uno en el décimo asalto, otro en el cuarto y el último en el segundo.

Suprimidos los sindicatos, no pudo seguir con su negocio de electrodomésticos, cambió de giro y se dedicó al transporte público. Llegó a tener tres micros Colón-Oriente. Pero mediados de los 80, tomó sus bártulos desde su departamento en calle Bustamante y partió para buscar mejor vida en otro lado. En Chile, dijo alguna vez, era tratado de izquierdista y a él le gustaba la libertad. “Las presiones, cada vez más fuertes e inaguantables y los deseos de darle una mejor vida a mis hijos, me llevaron a tomar la decisión de venirme a Australia”, diría con los años. Allá vivió bien junto a su familia en Canberra, hasta su muerte en una casa de reposo.

Godfrey Stevens vio, dio pelea y su fue. Tenía 84 años.
Antonio Valencia

es redactor de Deportes El Mercurio.

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