Santiago de Chile.   Dom 26-04-2026
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La U rejuvenece, fluye y nuevamente saca agallas para ganar un clásico

Con acierto del resistido Juan Martín Lucero, los azules superan 1-0 a U. Católica y completan cartón lleno ante los archirrivales, tras vencer a Colo Colo. Fernando Gago sacudió el equipo y se la jugó con cuatro titulares Sub 22, logrando frescura y una marcha más. Charles Aránguiz volvió a tener minutos. Alarma para los cruzados, sin juego y sin energía, antes del viaje a Guayaquil.
Foto: Photosport.
Equipo Deportes25 de abril, 2026
La vida empieza y termina en los clásicos. Nada mejor para respirar y volver a creer. La victoria enaltece, bombea el corazón, mientras el revés daña, agrieta el ego y aturde. La U, entonada tras vencer a los dos archirrivales en la primera rueda, vibra y U. Católica, chamuscada en su autoestima, mastica el dolor.

El local se agigantó apoyado en un equipo fresco con la pelota y livianito en sus desplazamientos (Fernando Gago sentó a Lucas Assadi y dejó fuera del banquillo al paraguayo Lucas Romero), se acomodó al instante al contexto del clásico, mientras la UC jugó un primer tiempo agarrotada, casi con freno de mano, como temiendo lo peor. Nunca supo estar la visita.

En la media cancha, los volantes azules armaron un cajón imaginario donde transitaron y movieron la pelota con ligereza. Agustín Arce entendió que debía romper con y sin balón, perforando el costado de Jhojan Valencia para quemar la parcela de Branco Ampuero. La pegada del mundialista juvenil hizo retroceder a los cruzados, sin respuestas en la descarga ofensiva.


También hubo duelos, no tan férreos pero sí referenciales por la zona de incidencia. Jimmy Martínez ante Israel Poblete y Matías Palavecino frente a Lucas Barrera, y ambos saldos favorables fueron para los azules.Ignacio Vásquez cada vez que cortaba hacia adentro desacomodaba al fondo franjeado, mientras el triángulo de Poblete - Fabián Hormazábal - Maximiliano Guerrero compensaba el dominio por el otro lado.

La diferencia llegó en un balón detenido, aumentando la impotencia de Daniel Garnero y su tropa. Un marcaje zonal en los lanzamientos de esquina terminó explotando en la cara de la visita, porque Arce dejó caer la pelota en el segundo poste donde arremetió el intenso neuquenino Barrera —entre cabeza y hombro— para encontrar en posición de gol a Juan Martín Lucero, que no falló en el arco norte. Todo apretujado en los metros del área chica, con algunos futbolistas cruzados fustigando la pasividad de Vicente Bernedo en el balón aéreo.


No reaccionó la UC. Se ofuscó y la U leyó el desespero del rival. Y siguió moviendo la pelota, que iba de un lado a otro frente a oponentes que siempre llegaban tarde.

Tras el descanso se rearmó la Católica, sumó ventaja numérica en el medio y mejoró la circulación, pero sin tanta profundidad. La U también supo jugar ese partido, sin sufrir en demasía (un cabezazo de Giani, un puntazo tibio de Zampedri y un zapatazo de Canales agitaron a Gabriel Castellón). Gago agregó un tercer zaguero (Calderón) y Charles Aránguiz volvió a escena, casi como un aura espiritual para sostener el brío del colectivo.

Ganó la U y levita en la euforia. El tormento es cruzado. Es la ley del clásico.
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