Ahmed Solyman, el ingeniero egipcio que impulsa al karate chileno
Es el entrenador más joven del Team Chile (28 años) y lidera el prometedor presente de la disciplina. Obligado a retirarse por una lesión articular (rodilla), se reencontró con su vocación en un país con escasa tradición, pero al que aspira convertir en una potencia continental. “No es un sueño: se puede”, dice el coach africano de karate e ingeniero mecatrónico de profesión.
Todo por amor al karate. Con una prometedora carrera —que incluyó podios mundiales a nivel juvenil y festejos en la Premier League— truncada por una complicada lesión en la rodilla derecha, Ahmed Solyman (28 años) sintió que la oferta de la federación chilena era la posibilidad de tener un nuevo comienzo. “Me sentí tan mal durante un tiempo por no poder hacer lo que amo, que cuando me ofrecieron este trabajo fue como nacer de nuevo”.
Con conocimientos mínimos de Chile y sin entender nada el español, en agosto de 2019 Solyman aceptó el ofrecimiento de asumir como entrenador de las selecciomes nacionales, en lo que ha sido su primera experiencia como técnico, formando dupla con Fernando Correa, un amigo entrañable que Solyman conocía desde su época de karateca.

Fernando Correa (izquierda) y Ahmed Solyman (derecha), los guías del karate chileno. “Él es una gran persona”, dice el egipcio sobre su compañero. Foto: Archivo personal
No hubo tiempo de descanso, porque a la semana de establecerse en Santiago, se realizó el Panamericano de cadetes, junior y sub-21 en Ecuador, en donde el veinteañero estratega tuvo su primer acercamiento con los jóvenes especialistas nacionales. “Fue una buena oportunidad para ver a los atletas en competencia. Conocerlos mejor y saber cómo trabajar con ellos pensando en el Mundial que vendría meses después”.
A la vuelta del viaje, lideró un intenso proceso de trabajo enfocado en el Campeonato del Mundo en esas categorías juveniles, que se realizó en el país en 2019, en pleno estallido social. “Apuntábamos a dos medallas y logramos cuatro: un oro, dos platas y un bronce”. Valentina Toro fue la gran figura al coronarse campeona planetaria en menores de 21 años (categoría de hasta 55 kilos). La historia arrancó bien.
EL CHOQUE CULTURAL
Cuando llegó, Solyman solo dirigía el equipo juvenil. Y le costó entenderlo: “Al principio era muy callado. De verdad que era un observador, no hablaba nada. Muy pocos hablan inglés y él nada de español. Nos costó adaptarnos por el idioma, pero después fue fluyendo y nos llevábamos súper bien”, recuerda Valentina Toro.
El primer reto fue ganarse la confianza de los seleccionados nacionales. “Tengo 28 años y era un gran desafío, especialmente por el equipo adulto. Pero ellos me dieron la chance de mostrarme, porque algunos me conocían desde que era atleta. Sabían que fui un buen deportista”, detalla Solyman.
El mayor objetivo al principio fue ganar la confianza de los atletas, que es más difícil cuando no se habla el mismo idiomaAhmed Solymanentrenador
“Paso a paso fuimos conectando. En un principio no les pedí que me dijeran entrenador. Les dije que me consideraran como alguien cercano, pero con mucho respeto. Ese respeto que no está basado en que me digan sensei o coach, sino que por las acciones. Aún falta enlazar del todo, pero es un proceso y vamos por el buen camino”, estima el entrenador egipcio.
“Su metodología es muy distinta a la que teníamos. Ahora se ríe mucho con nosotros, pero no deja de ser estricto”, añade Toro.

Ahmed Solyman (al medio) junto a karatecas destacados como Rodrigo Rojas, Valentina Toro y Camilo Velozo. En los últimos años, el karate ha sumado medallas en todos los niveles. Foto: Archivo personal
Clave en su aclimatación ha sido su “hermano” Fernando Correa (36 años). “Es una muy buena persona que me ayudó a conectar con los atletas y estar en el camino correcto. Hacemos un buen trabajo en equipo. Nada del éxito que hemos logrado hubiese sido posible sin él”, declara Solyman.
El aludido Correa, exkarateca y técnico nacional desde 2017, comenta su historia junto a su coentrenador: “Nos conocimos en 2015 en un campamento de entrenamiento en Egipto. Desde ese momento nos hicimos muy buenos amigos. Siempre mantuvimos comunicación y fortalecimos nuestra amistad”.
La noticia de su contratación fue un alivio para Correa: “Fue difícil por el tema de la visa y esas cosas, pero fue una gran motivación porque desde que se fue Driss (El Mannani, antiguo entrenador) en diciembre de 2018, estuve solo hasta agosto de 2019 con una carga de trabajo muy alta”, comenta.
Como país no sabía mucho de Chile. Solo que estaba localizado en Sudamérica y que tenía un gran equipo de fútbol. De karate sí conocía porque tengo amigos chilenos y el equipo nacional vino tres veces a EgiptoAhmed Solymanentrenador
Correa le enseñó algo de la idiosincrasia chilena y lo guió para comprender a los karatecas, haciendo hincapié en los tratos. “Él es una persona muy estructurada, lo que no fue muy entendido por los deportistas a su llegada. No obstante, paso a paso fui dándole algunos tips para que se ganara la confianza del equipo y creo que funcionó porque hoy tiene una muy buena relación con todos, aparte de que goza de mucha credibilidad”.
El seleccionado adulto Rodrigo Rojas relata su relación con el técnico africano: “A Ahmed lo conocí entrenando en Egipto, donde nos hicimos muy buenos amigos. Es una grandísima persona y esta es su primera selección internacional. Es súper joven, pero tiene una larga experiencia competitiva y mucho conocimiento de entrenamiento. Ha sido súper provechoso y bueno para nosotros”.
Por último, Correa retoma la posta para subraya el líderazgo de su par técnico: “Es muy profesional, con un carácter fuerte que destaco, porque de esa forma él puede guiar el equipo y no solo dar órdenes que puedan hacer sentir mal a los deportistas. Encontró el equilibrio y entendió la cultura de este país”.
Es muy cercano. Siento que nos escucha mucho, pero también es duro. Te exige al máximo, porque sabes lo que puedes dar, sin embargo, de la misma manera comprende los tiempos de los atletas y eso es bueno, porque nos sentimos apoyadosRodrigo Rojaskarateca
SOBREVIVIENDO EN LA SELVA CHILENA
El idioma, está dicho, ha sido el mayor obstáculo para Solyman durante el año que lleva avecindado en el país: “En diciembre viajé a España y pude entender a la gente mucho más que acá”, dice riéndose.
Con el tomo 2 del libro “How to survive in the Chilean jungle”, el coach africano estudia el “español chileno”. “Tengo que leerlo para poder lidiar aquí”, agrega sin borrar la sonrisa.

Los chilenismos han sido un desafío para Solyman. “La gente habla muy rápido y anula letras”, lamenta. Foto: Archivo personal
En cuanto a la pandemia, cuenta que “estuve cuatro meses encerrado, saliendo solo al supermercado. Tengo un gran problema en ese lugar y en la calle, porque hablan muy rápido y anulan letras en las palabras. Tal vez pueda entender lo que pueden decir si hablan más lento”, se lamenta.
“Es un país muy diferente al mío, pero soy de ese tipo de persona que pueden adaptarse rápidamente. Y viajar mucho antes me ayudó también para conocer y entender más sobre otros países”, remata.

Solyman posando en su época de deportista. La última vez que viajó a Egipto fue en enero pasado. “Extraño a mi familia, pero hablamos todos los días por videollamada”, confiesa. Foto: Archivo personal
Oriundo de El Cairo, empezó a practicar karate a los seis años y estudió ingeniería en mecatrónica. “Fue difícil hacerlo mientras era karateca, por los viajes y concentraciones, pero lo logré”, celebra. Además, a los 26 años, creó una pequeña compañía de equipamiento deportivo en su país. ¿Cómo le va? “Me iba mejor cuando estaba allá”, sincera.
“La mecatrónica es una rama de la ingeniería que contiene tanto sistemas eléctricos como mecánicos, y también incluye una combinación de robótica, electrónica, informática, telecomunicaciones, sistemas y control”, explica sobre su profesión.
¿Dónde nace el interés? “Tomó mi atención porque es el futuro, donde las máquinas trabajen sin ninguna interferencia humana como los robots. Eso es lo que viene”, fundamenta.
Egresado de la Universidad Ain Shams, ubicada en la capital egipcia, solo tuvo un proyecto tras titularse, el cual llamó la máquina CNC. “Se podía mover en tres dimensiones, podía cortar, hacer grabaciones e imprimir 3D”.
En el futuro le gustaría volver a su área de estudio, pero reconoce que “es complicado porque todo tiene un costo. Estoy perdiendo experiencia laboral ahora y es difícil que me contraten más adelante, pero sueño con eso, sí”.
No le gusta el fútbol, pero adora a Mohamed Salah. “Me gusta mucho lo que hace, es un gran embajador”. Y se declara como una persona que nunca deja de aprender. “Ahora último estoy estudiando para invertir en la bolsa de valores”, revela.
Aunque es musulmán y vive en Ñuñoa, reconoce que no ha entrado a la mezquita de As-Salam, ubicada en Chile-España con Campoamor. “Estoy orgulloso de mi religión, pero no soy tan apegado. Quiero decir, no lo estoy haciendo como debería ser. Cometo muchos errores de acuerdo a lo que dice mi religión. Estoy tratando de ser mejor”, apunta.
POTENCIA CHILENA
En el corto plazo, el objetivo del karate es uno solo: clasificar atletas para los Juegos Olímpicos de Tokio 2021, edición donde esta arte marcial tendrá debut y despedida. “Trabajamos muy duro para lograrlo y sería un gran paso, pero si me preguntas cual es mi objetivo general, te diré que es convertir a este país en el mejor de América y que tenga resultados estables en los mundiales”, advierte Solyman.

El equipo técnico de karate con la delegación que brilló en el Serie A, torneo internacional realizado en septiembre pasado, en el Parque O’Higgins. Foto: Archivo personal
¿A qué apunta? “Cuando digo estable, es que siempre estemos peleando por las medallas en las competiciones mundiales. Tener un equipo que cuando vayamos a un mundial, por dar un ejemplo, sorprenda con dos o tres peleadores”.
“Hay mucho talento en regiones también, pero no pueden entrenar con nosotros. Chile tiene ese tipo de karateca talentoso que puede lograrlo, pero no puedo hacerlo todo solo. Necesito la cooperación de todo el sistema, de la familia del karate, de los padres y madres, de entrenadores y de los clubes, absolutamente todos”, argumenta.
Por mientras, en la federación festejan el año de proceso que lleva. “Él es joven, pero muy profesional. Ha sido un acierto”, celebra María Angélica Coronil, presidenta.
Finalmente, Solyman pronostica los alcances que puede tener su trabajo: “En cadete y junior, si colocamos a los atletas por el camino correcto, seremos los primeros en la tabla de la competencia panamericana muy pronto. Tal vez, como máximo dos años. Creo que en senior tomará más tiempo, pero no es un sueño. Es algo que podemos hacer”.
Raúl Andrade
es reportero de Deportes El Mercurio hace más de cinco años. Especialista en el área polideportiva, ha cubierto grandes eventos de tenis, golf y motor.







