Tiempo ganado
Con Córdova, por cierto, no hemos ganado nada. Pero, vaya, tampoco con su trabajo hemos perdido el tiempo.
Es probable que Nicolás Córdova esté viviendo sus últimos partidos al mando de la selección nacional.
Y está bien que así sea. Es que, más allá de los mediocres resultados y la falta de impronta del equipo nacional desde que él tomó la batuta de la Roja adulta, no es sano —ni para él ni para el fútbol nacional— que se prolongue su interinato o que se le confirme en el puesto no por convicción, sino que porque se espera la llegada de alguien con más galones o porque no hay nadie más a la mano.
Sí, Córdova debe dejar su puesto en la selección adulta. Su momento ya pasó y deberá llegar alguien más a tomar la posta.
Pero Córdova no debe irse de la estructura técnica nacional. Eso por ningún motivo. Y no es un sentir construido a partir de haber estado en un desayuno con él. Es una convicción. Debe seguir como jefe técnico de las selecciones menores. No porque tenga contrato. Simplemente porque sería una gran tontería echar por la borda el proyecto que ha llevado a cabo y que, en términos serios, es el primero que se ha desarrollado en varios años en Chile.
Claro, es impopular apoyar a Córdova hoy. Hacerlo es un pecado imperdonable. Es un sacrilegio que se puede pagar caro. Es tal como decir que el recordado Eduardo Bonvallet no transformó el medio chileno (menos el periodístico). Los haters abundan y, peor que eso, proliferan los supuestos “líderes de opinión” que, por ganar clicks, simpatías fáciles y un par de pesos de las casas de apuestas, arrecian en contra del DT pidiendo no solo su remoción, sino que su salida del mundo laboral porque “no tiene dedos para el piano” o porque “está aliado con los representantes”.
Pero en esto hay que ser un poquito más analíticos.
Tal y como ha reclamado la mayoría que hoy quiere llevar a la hoguera a Córdova, durante su gestión se ha llevado a cabo un plan de búsqueda de jugadores desde niveles incluso anteriores a los que conforman las series menores de los clubes. No solo eso. Por mucho que se siga diciendo que solo se fija en los “equipos grandes”, la evidencia indica otra cosa: la búsqueda se ha expandido a regiones e incluso al extranjero.
¿Que no ha logrado establecer una política de trabajo general? Cierto. Pero eso no es su responsabilidad. Las selecciones no son las llamadas a formar jugadores. Son los clubes los responsables. Córdova comparte información, expone sus ideas, conversa. Pero no puede imponer. Algunos, como en O’Higgins, se han alineado. Mas no la mayoría. Los clubes que son dirigidos por representantes o negociantes no tienen el más mínimo interés en construir el futuro del fútbol chileno. Son solo moledoras de carne.
Aun así, en estos dos años y medio, Córdova y su equipo han podido hacer ver algunos brotes verdes. En todas las selecciones. Es verdad que aún Chile siendo el vagón de cola del fútbol mundial y que está lejos de volver a ser aplaudido por el mundo. Apenas tenemos la ilusión chica de clasificar a un Mundial aunque logrando el pasaje más barato. En la categoría que sea. Y ver caras nuevas.
Es poco. Pero es más de lo que hablábamos hace un par de años cuando no veíamos por dónde habría espacio para el recambio y pensábamos que llegar a la alta competencia era solo cosa de alineamiento de astros.
Con Córdova, por cierto, no hemos ganado nada. Pero, vaya, tampoco con su trabajo hemos perdido el tiempo.
Sergio Gilbert
es periodista titulado en la UC, especializado en fútbol. Profesor universitario y redactor en El Mercurio. En Twitter: @segj66







