O’Higgins no puede con Boca, pero queda vivo para la revancha en Rancagua
La escuadra de Lucas Bovaglio perdonó al inicio en Buenos Aires y luego pagó una distracción con el gol de Miguel Merentiel (0-1). No le sobró nada al gigante argentino y el “Capo de Provincia” se cayó físicamente en la segunda parte. La llave se definirá el jueves en El Teniente y el premio es tentador: boleto a los octavos de final, con Recoleta de Paraguay como rival y 600 mil dólares para el bolsillo.
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Equipo Deportes23 de julio, 2026
Ajustado, tenso a ratos e ingrato al final. O’Higgins deambuló por La Bombonera con la armadura bien puesta, hizo pasar susto al gigante por largos pasajes, se animó a jugar a ratos, pero en las áreas Boca Juniors tuvo más fuego y oficio. Y lo hizo notar.
Tres chances para abrir el marcador a favor de los celestes quedaron dando vuelta en la cabeza de los rancagüinos, que sacaron provecho a la función de pívot de Arnaldo Castillo, que superó siempre a los zagueros xeneizes en el juego aéreo. El zurdo Francisco González estuvo muy cerca cuando intentó vencer con un disparo de emboquillada al meta colombiano Álvaro Montero, luego Luis Pavez elevó un doble cabezazo en un córner, y Martín Sarrafiore, activo y maltratado por Dylan Gorosito, postuló a héroe con un latigazo de sobrepique que sacó el arquero debutante en el local.
Salvo los desbordes de Sebastián Villa ante la marca lánguida de Felipe Faúndez, a Boca le costaba profundizar, porque el equipo no tiene un caudal de juego relevante y empuja a partir de sus relumbrones emocionales, aleonado por el fervor de su gente.
Leandro Paredes, que el domingo jugó la final del mundo en Nueva Jersey (acusó la fatiga y esta vez no se adueñó del circuito), al terminar el primer tiempo encontró libre a Miguel Merentiel, con los celestes achicando al límite (habilitó Faúndez la acción), y el uruguayo definió como un ariete ducho ante Omar Carabalí, en el arco donde se parapeta la barra “Jugador Número 12”. Golpe duro al mentón celeste.
Tras el descanso, con el marcador como aliado, Boca entró en la zona que más le acomoda, un partido espeso, trabado, con choque abundante, donde al equipo de Lucas Bovaglio le costó asociarse y fluir.
El local se mantuvo amenazante con los descuelgues del lateral Lautaro Blanco, un zurdo que empezó a desarticular el plan chileno. El DT Rodolfo Arruabarrena trató de oxigenar el medio con el ingreso de Santiago Ascacíbar y el ex Estudiantes estuvo cercar de acertar un cabezazo, pero Felipe Ogaz estuvo atinado para solucionar el lío.
Asomó el cansancio y Bovaglio movió las fichas: Tomás Avilés debutó posicionado en el eje, mientras Bastián Yáñez y Thiago Vecino ingresaron para remecer el ataque, pero el partido no estaba para juntar pases ni tampoco finezas. En la maraña y en el trajín, Boca se agranda. Carabalí estuvo atinado para alcanzar con un manotazo un intento de Alan Velasco, otro recambio.
En el recuento del complemento, O’Higgins no tuvo argumentos para inquietar a Montero. Un cabezazo elevado del caudillo Alan Robledo, en un córner, y no mucho más. El empate estuvo lejos.
Entre ir al frente con riesgo o no perder la compostura estratégica, rondó la tentación de cerrar el partido para intentar revertirlo en Rancagua. Las fichas están ahí. La fortaleza de El Teniente y el espíritu e impronta de un equipo que estira su aventura internacional hasta lo impensado. Y un poco más también.
“Hemos tenido un calendario salvaje con 39 partidos y a ratos se notó, nos vamos con la sensación que de local se puede, tenemos al frente un rival muy complejo, pero lo vamos a intentar. Se vio la merma física, nos empezamos a apagar, tuvimos que cambiar jugadores extenuados y acalambrados. Vamos a intentar ir por la épica”, aseguró Bovaglio.
El DT local Arruabarrena apuntó: “Al frente hay un rival que sabe lo que quiere y tiene más rodaje que nosotros, creo que pudimos haber convertido uno más, pero también es verdad que por momentos nos manejaron la pelota”.






