Vergüenza 2
El tribunal debería informarles a los árbitros que están cometiendo un error, por decir lo menos, si es que así lo consideran. En la torcida interpretación de las leyes y de su espíritu. En el peligro de dejar entrar el capricho y el atropello a los reglamentos.
En marzo le ocurrió a Iván Sandrock, entrenador de San Marcos de Arica, y hace poco a Carlos Videla, director interino de Rangers por apenas un encuentro. En los entretiempos ambos respondieron con rapidez la pregunta del periodista de TNT Sports. El árbitro y sus colaboradores, probablemente en grupo y no se sabe si frente un televisor o en sus celulares, ocuparon parte del descanso en ver, escuchar y luego en castigar los dichos de los directores técnicos.
A Sandrock no lo dejaron volver a dirigir en el segundo tiempo. Héctor Jona le puso tarjeta roja y lo expulsó.
Lo mismo sucedió con Carlos Videla. Ahora fue Víctor Abarzúa, un árbitro con aspecto de fisiculturista, lo que es un dato secundario e irrelevante, porque lo que importa son los dichos textuales del que fue expulsado por decir lo que pensaba y describir los acontecimientos según su punto de vista: “Es injusto. El línea me dice en la orilla que hay una disputa, no logra ver si hay foul o no. Y el árbitro cobra penal. Hemos tenido tres o cuatro ocasiones de gol. Ellos ni una. Y les terminan regalando este penal. Injusto y caliente estamos”.
Ni con ChatGPT se encuentra algo ofensivo, injurioso o grotesco. Son los dichos ardientes del fútbol, tantas veces equivocados, como en este caso, pero eso es un punto de vista tan secundario como el fisiculturismo.
Lo de Jona en Arica y lo de Abarzúa en Talca son gestos totalitarios que buscan anular las disidencias, secar las críticas y desde luego amedrentar.En el mundo totalitario no se imparte justicia, sino que se mina y quiebra la libertad de expresión, de paso las palabras y hasta los pensamientos, es un mundo con dictadores de negro animados por la impunidad.
Mejor súbditos en vez entrenadores con voz, y que permanezcan callados como niños, quietos como plantas y miedosos como mascotas.
Ambos casos de expulsiones directas, tanto lo de Sandrock como Videla, fueron sometidas a los tribunales de disciplina de la ANFP para la sanción correspondiente y el dictamen fue la más completa absolución. No existió castigo ni suspensión alguna.
El tribunal debería informarles a los árbitros que están cometiendo un error, por decir lo menos, si es que así lo consideran. En la torcida interpretación de las leyes y de su espíritu. En el peligro de dejar entrar el capricho y el atropello a los reglamentos.
Y quizás recordarle al cuerpo arbitral que en los entrenadores, y en todas las personas, hay valores superiores, incluso sagrados, como el derecho de hablar, reclamar o decir lo que se piensa de una jugada, una falta o un partido.Es lo que se llama libertad de expresión y el atentado en su contra, venga de quién venga, siempre será lo mismo: una vergüenza.
Antonio Martínez
es periodista y crítico de cine; fue editor de Cultura de “La Época”, jefe de redacción de “Hoy” y director editorial de Alfaguara. Fue corresponsal, desde España, de “Estadio”, y columnista de “Don Balón”. Autor de “Soy de Everton, y de Viña del Mar” (2016), y junto a Ascanio Cavallo, de “Cien años claves del Cine” (1995) y “Chile en el cine” (2012).






