Santiago de Chile.   Dom 07-06-2026
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Buenas noticias, pero ni tanto

Los dramas internos están lejos de haberse superado. Ni siquiera hay evidencia empírica de que se ha encontrado un camino a la reactivación. Lo de Coquimbo y lo de la UC es para alegrarse. Pero no es señal de redención.
Foto: AP
Sergio Gilbert01 de junio, 2026
No es común. Por tanto no era exigible ni esperable que dos equipos chilenos pasaran simultáneamente a los octavos de final de la Copa Libertadores. Y ambos en el primer lugar de sus grupos.

Por eso Coquimbo Unido y Universidad Católica, cada uno con sus propuestas, merecen el reconocimiento del medio nacional pues lograron quebrar una tendencia históricamente deficiente.

¿Estas actuaciones son dos muy buenas noticias para el fútbol chileno? Indudable que sí. De alguna forma, "piratas" y cruzados señalan ciertos conceptos para el resto de los componentes del balompié local, en especial en dos aspectos fundamentales: que jugar a nivel internacional no debe significar renuncia a la competencia interna (tanto Coquimbo Unido como la UC están en lugares altos del Campenato Nacional y los nortinos muy cerca de ser, además, semifinalistas de la Copa de la Liga); y lo otros es que para obtener éxito competitivo hay que tener la astucia de exponer diversos modelos estratégicos y tácticos de acuerdo a los rivales y a las circunstancias de cada partido.

No obstante, también hay que tener claros que lo acontecido en esta versión de la Copa Libertadores no significa que estemos observando un avance real del fútbol nacional. Por lo menos no de manera consistente.

Lo de Coquimbo Unido y la UC puede situarse solamente en el aspecto estadístico de lo que acontece hace ya años en la Copa Libertadores. Porque en la edición 2026, nuevamente entre dos países, Brasil y Argentina, se concentra el 62 por ciento de los clasificados a la segunda fase (10 de 16). El resto (37.5 por ciento) es lo que habitualmente se ha repartido entre equipos de los otros ocho países que participan.

Esta vez, cuatro federaciones quedaron sin equipos participantes en octavos de la Copa (Venezuela, Bolivia, Perú y Uruguay). El caso de los orientales es especial: siendo un país clasificados para el próximo Mundial, sus clubes no siguen en la Libertadores. Lo opuesto ocurre con Chile. Parece una excepción a la regla.

Las meritorias clasificaciones de Coquimbo tampoco parecen el reflejo de trabajos de mediano y largo plazo forjados en sus respectivas canteras. De los habituales titulares de los nortinos en la Copa solo Benjamín Chandía proviene de sus inferiores mientras que en la Católica están Vicente Bernedo, Sebastián Arancibia, Gary Medel y Clemente Montes.

Por tanto, los dramas internos están lejos de haberse superado. Ni siquiera hay evidencia empírica de que se ha encontrado un camino a la reactivación. Lo de Coquimbo y lo de la UC es para alegrarse. Pero no es señal de redención.
Sergio Gilbert

es periodista titulado en la UC, especializado en fútbol. Profesor universitario y redactor en El Mercurio. En Twitter: @segj66

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