El golazo que viene
Cuesta entender cómo la peor administración en la historia del balompié local resuelve el destino de un deporte que atraviesa el país en sus distintas capas sociales y económicas. Un juego para nosotros, negocio o industria para otros, que sube o baja el ánimo de los ciudadanos.
No puede quedar en el tintero la declaración de Pablo Milad, el presidente de la ANFP con más tiempo correlativo al mando del fútbol profesional. El martes sostuvo que trabajan contra el tiempo para adelantar la separación efectiva entre la Federación de Fútbol de Chile y la ANFP.
El objetivo es claro: adelantarse al proceso que demanda la ley de sociedades anónimas deportivas y a las elecciones de Quilín, programadas para noviembre.
Sin ponerse colorados, Milad y Jorge Yunge, en las sombras, aspiran a dejar todo atado y bien atado. Las cabezas que condujeron al fútbol chileno a dos fracasos mundialistas brutales, sobre todo el último, pretenden quedarse con el botín mayor: la dieta que otorga la Conmebol a los presidentes de cada Federación y manejar los beneficios que genera la Roja.
En el ocaso de su período, tienen las facultades para hacerlo, pero carecen de legitimidad para encabezar un proceso que definirá y regulará el devenir de la actividad en las próximas décadas. La prudencia apunta a que las nuevas autoridades del fútbol profesional instalen el nuevo cuerpo legal.
Lo anterior a vista y paciencia del oficial de cumplimiento de la corporación, Miguel Ángel Valdés, a esta altura llamado “oficial de incumplimiento” por buena parte del consejo de presidentes, quien sustenta y blinda las operaciones de Yunge y Milad, en ese orden.
¿Los clubes perciben que la liga quedará a la buena de Dios? En su día a día, no se dan cuenta o no quieren darse cuenta de que su posición futura quedará desmedrada.
El ciclo venidero implica ingeniería fina, porque el fútbol profesional y la federación convivirán a diario, en decisiones de largo aliento. Resulta extraño que los dueños de clubes no tomen los recaudos que demanda la situación. Muchos clamaron por la ausencia del directorio de la ANFP en el Congreso durante la discusión que encabezó el senador Matías Walker. Antes cuestionaron la forma en que se legisló la profesionalización de fútbol femenino y ahora miran cómo Milad y Yunge juegan y disponen de su patrimonio.
Nadie puede quejarse de lo que vendrá si es que no le ponen el cascabel al gato. Cuesta entender cómo la peor administración en la historia del balompié local resuelve el destino de un deporte que atraviesa el país en sus distintas capas sociales y económicas. Un juego para nosotros, negocio o industria para otros, que sube o baja el ánimo de los ciudadanos. Lo viviremos una vez más a partir de junio, cuando comience el Mundial y nos invada una mezcla de tristeza y frustración.
Una tarea urgente es recuperar el rol protagónico del fútbol en la sociedad chilena. Suena a contrasentido que mientras la delegación presidencial de Santiago cree necesario recobrar la costumbre de los partidos con hinchadas locales y visitantes, desde Quilín nos informen que no existe ninguna posibilidad de que la última fecha del grupo A en la Copa de la Liga, por una decisión de Carabineros, se dispute simultáneamente. Una decisión administrativa que se acepta sin ni siquiera intentar las gestiones correspondientes ante las autoridades del gobierno central. En un país normal, Deportes Concepción y Huachipato recibirían sin problemas a Coquimbo Unido y Colo Colo.
En Chile no se puede.
Danilo Díaz
es un comentarista, periodista deportivo y escritor chileno. En 2009 obtuvo el premio de Premio Nacional de Periodismo Deportivo de Chile.







