Claudio López, doble mundialista con Argentina: “Da pena y tristeza que Chile no esté en el Mundial”
El autor del gol número 100 de Argentina en la Copa del Mundo repasa una carrera que incluyó títulos en España, Italia y México. Recuerda a Marcelo Salas y a Reinaldo Navia. Habla de la Generación Dorada, del recambio (“es un trabajo más de raíz, más profundo”) y de lo pronto que emigran al extranjero los jugadores jóvenes. También da su pronóstico para el Mundial: “Argentina, Francia y España, en ese orden”.
A Claudio López, de 51 años, lo rebautizaron con el apodo de “piojo” por su pequeña estatura y su capacidad para molestar y eludir a los defensores, aptitudes similares a la persistencia del mencionado insecto.
“¿Qué me queda del ‘piojo’? Las ganas de volver a ser un ‘piojo’. Uno siempre queda con las ganas de seguir jugando; practico otros deportes, hacemos otras cosas, pero las ganas de jugar siempre están”, dice en el Claro Arena de Universidad Católica, hasta donde llegó como rostro de la compañía de seguros Chubb.
“Extraño jugar, mucho. Extraño el ambiente, la preparación para el partido, los compañeros, lo que ocurría dentro del vestidor, el túnel, cuando salís a la cancha, la gente en el estadio, la alegría, la tristeza… Se extraña todo eso”, reconoce.
—Usted tiene un orgullo no menor: ser el autor del gol número 100 de Argentina en los Mundiales.
“Sí. Contra Holanda, en los cuartos de final de Francia 1998. Lindo orgullo, aunque no fue un resultado bueno porque perdimos. Pero sí, grandes recuerdos. En el día estaba bastante nervioso, porque era un partido trascendental, pero una vez que arrancó el partido todo se fue aclarando. Recuerdo que el gol fue el día del mi cumpleaños de mi papá, por eso cuando lo hago me levanto la camiseta, que en ese momento se podía, ahora ya no se puede… Lástima que después quedó un poco todo opacado por la derrota y porque quedamos fuera del Mundial”.
—Jugó dos Mundiales, 98 y 2002, fue medallista olímpico de plata, campeón en Europa, campeón en México. ¿Está bien su carrera o le faltó algo?
“No creo que me haya faltado nada. Sí hay una cosa que me la voy a reprochar hasta el día que no esté más y es el Mundial de 2002. Fue un golpe durísimo que no se lo deseó a nadie y que nadie esperó. Cuando se trata de la selección, nunca se termina de superar un golpe así. Fue durísimo por el transcurso de lo que se vivió durante la eliminatoria, el esperar la lista definitiva, la última temporada antes de llegar al Mundial, cómo llegamos... Y de repente quedarte ahí en la puerta, es un golpe gravísimo”.
—Viene otro Mundial. ¿Cómo ve a Argentina?
“La veo bien. Creo que tiene un proceso de recambio muy bueno y han analizado bien lo que tienen que hacer. Todos los jugadores están rindiendo muy bien a nivel personal y esperemos que lleguen físicamente bien al Mundial, que en definitiva es lo determinante. ¿Mis favoritos? Argentina, Francia y España, en ese orden”.
—En Chile se habló mucho del recambio a la Generación Dorada. Y como que todavía no aparece…
“Le está costando mucho más, mucho más. Sigo la liga chilena, le presto atención, trato de estar pendiente y da pena, da tristeza que llegue el Mundial y una selección reconocida y siempre ha dado lucha, como la de Chile, no esté”.
—¿Qué factores influyen para que el recambio se dé?
“Es un trabajo más de raíz, un trabajo más profundo. Hay que analizar bien todo globalmente, lo que hay dentro y reestructurarlo, y empezar. Fíjense qué pasó con la Generación Dorada, porque más que jugadores rescataría el grupo que se formó. A partir de ahí es todo lo que se fue dando. Armaron un grupo excelente, compenetrados unos con otros. El jugador estuvo a disposición de lo que quería el entrenador. Y se explica en un grupo lindo. No sé si se entendió...”.
—Sí, perfecto. Un grupo dispuesto a todo.
“Cuando el grupo está dispuesto y entiende lo que quiere el entrenador, y se compenetra con él, se logran resultados”.
—Es lo que decían muchos de ustedes de Marcelo Bielsa: si les decía ‘vamos a la montaña y nos tiramos’ iban todos.
“Exactamente, exactamente. Era todo así. Porque para el jugador, además, es una cuestión de respeto; no pasa por el entrenador que esté, ni por el compañero que esté. Está defendiendo a la selección nacional, el máximo orgullo que puede tener un jugador y no todos tienen la posibilidad. Entonces cuando uno va, está el respeto ante todo y después la predisposición a querer hacer las cosas bien”.
—En varias notas usted ha dicho que el jugador joven emigra muy pronto.
“Es un proceso de mercado acelerado, de ansiedad, de necesidad, no solamente de los chicos, sino que también de los clubes y los representantes. Vengo de la vieja escuela; me tocó un proceso más largo para ir al exterior. Estoy contento del proceso que hice, porque me fui sabiendo dónde iba; me fui consciente de lo que quería hacer, no era una obligación, no era un empuje por algo, sino que fue un paso bien dado. Hoy, en algunos casos, los chicos salen por una necesidad económica del club, de ellos, de esto, lo otro, y por eso vuelven muy temprano”.
—¿Se pierde un poco el sentido de pertenencia?
“Exacto; hay mucho menos sentido de pertenencia en la juventud con los clubes respecto a la que teníamos. Yo llegué a Racing de Avellaneda y no era simpatizante, pero lo aprendí a querer, a ponerme triste, a entender a la gente cómo venía la cancha, de qué manera, cómo vivía, cómo sufría y eso me hizo mucho más cercano. Me fui a los 23 a España, al Valencia, después de los Juegos Olímpicos de 1996. Entonces sí, hoy los chicos están mirando más allá del hoy”.
—Cuando usted llega a Valencia, el técnico Luis Aragonés le dice que no lo quiere.
“Después de un mes de entrenamientos me llama y me dice ‘mire, voy a ser sincero, yo a usted no lo pedí, no lo quería, pero le agradezco el esfuerzo, lo que trabaja y va a tener su oportunidad…’. Y seguí, no me caí, porque me quería quedar en Europa. Por eso lo que dije recién: cuando di el paso de irme, fue para quedarme. No era ida y vuelta”.
—Sin la madurez necesaria, la frase de Aragonés puede derrumbar al jugador.
“Exactamente es así. Yo hice un proceso de cinco años en Racing, el que ayudó para ver y entender un montón de cosas, cuestión que hoy los chicos no hacen”.
—Después partió a la Lazio, donde coincidió con Marcelo Salas.
“Sí, con ‘Marcelito’. Gran persona, buen compañero, siempre a disposición, y ni hablar como jugador. Goleador nato, olfato con el gol, un tremendo sentido de ubicación dentro del campo, gran entendimiento. Igual estive muy poco tiempo con él, apenas un mes, porque empezamos la pretemporada y después se fue a la Juventus. Igual, como teníamos el mismo representante, Gustavo Mascardi, coincidíamos muchas veces y hablábamos”.
¬—De ahí al América de México, aunque usted no quería firmar ahí.
“Me topé con el ‘Choro’ Navia y Rodrigo Valenzuela…”.
—Trabaja en la UC.
“¿Está trabajando acá? Me encantaría verlo. Pasamos momentos inolvidables, increíbles, grandes personas, una predisposición impresionante para el compañero, para jugar, para todo, la verdad, muy bien… Y claro, me quería quedar en Europa, pero la Lazio estaba cambiando de directivos, el proceso era un poquito complicado, y de repente apareció México”.
—Donde pasa la anécdota de su hijo, quien de grande le reclamaba “un mes me faltó para ser italiano, un mes…”.
“Jajaja… Así es. Pero ahora tiene el pasaporte español”.
—Usted ya está en paz, entonces.
“Ya estoy en paz. Es más, cuando supo entender me dijo ‘quédate tranquilo que soy español…’. Igual pasar de Europa a México fue duro, son dos mundos muy diferentes. Pero al final terminas hablando dentro de la cancha. Los primeros seis meses fueron complicados, pero los dos años siguientes, espectaculares”.
—Usted fue una de las primeras estrellas en llegar a la MLS, en 2008.
“Llegué, por decirlo de alguna manera, cuando estaban armando todo. Viéndolo ahora ha crecido a pasos agigantados, han hecho cosas increíbles. No esperaba que despegara tan rápido, pero entendí lo fuertes que son los americanos para conseguir las cosas”.
—¿Por qué nunca quiso ser técnicos?
“El entrenador tiene que ver psicológica y mentalmente a los jugadores. Si a mí me costaba, por decirlo de alguna manera, hacer mi psicología para revertir las situaciones negativas, ‘¿me voy a preocuparme de30’”?
—Imagínese dirigiendo a 30 ‘Piojos’ López…
“Jajaja… No sabría cómo manejar. Pero hay personalidades, cosas diferentes, todos tienen sus cosas. Lo que sí me gusta es estar. En Estados Unidos trabajé como director de fútbol. Y esa parte sí me gustó. Estar al lado del entrenador, de los jugadores, dar la palabra de aliento, transportar la experiencia… Eso sí me gustó mucho”.
Raúl Neira
es redactor de Deportes El Mercurio y especializado en fútbol. Con más de 25 años de carrera, cubrió la Copa Confederaciones de Rusia 2017, la Copa América de Chile 2015, copas Libertadores, sorteos y partidos clasificatorios a la Copa del Mundo.







