Santiago de Chile.   Lun 16-02-2026
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Un VAR operado con IA

Los árbitros locales, sobre todo los del VAR, apelan a una lectura draconiana de las normas. Olvidan que este es un deporte de roce, que se disputa a la máxima intensidad, donde es fundamental que prime la oportunidad a la hora de sancionar o llamar al juez central.
Foto: Photosport
Danilo Díaz15 de febrero, 2026
Si algo distingue a los ingleses es su respeto por el juego. Lo observamos en la Premier League. En esa competencia priman los criterios futbolísticos en los fallos referiles. Se apunta a respetar el espíritu de las reglas. La minucia, en especial cuando hubo una acción que se dejó pasar o no se observó, queda en un segundo plano.

Nada de eso vemos en nuestro medio. Los árbitros locales, sobre todo los del VAR, apelan a una lectura draconiana de las normas. Olvidan que este es un deporte de roce, que se disputa a la máxima intensidad, donde es fundamental que prime la oportunidad a la hora de sancionar o llamar al juez central.

¿En qué diferiría hoy un VAR operado por la inteligencia artificial del que tenemos? En nada. Los árbitros de la cabina televisiva muestran escasa visión futbolera y ponen a sus compañeros entre la espada y la pared. Si a eso sumamos que el sistema funciona con evidentes diferencias para los clubes grandes y chicos, por la cantidad de cámaras con que se analizan las acciones, es claro que no existe justicia deportiva.

En este último punto el cuerpo arbitral carece de responsabilidad. Es un tema aprobado por el directorio de la ANFP y aceptado por el consejo de presidentes. Lo sufrió La Serena en su derrota frente a O’Higgins, cuando el asistente Jean Araya levantó su bandera para decir que el balón salió en la ejecución del córner de Jeisson Vargas, que terminó en gol. ¿Se fue la pelota?

Esa insuficiencia es subsanable, porque es de orden material. Lo que sí es complejo es que nuestros árbitros no exhiban entendimiento futbolístico, como ocurría con Roberto Tobar, actual presidente de la comisión. Su olfato lo llevó a la primera línea continental y por eso resulta casi un contrasentido que sus dirigidos manifiesten nula sensibilidad futbolera. Es necesario que Tobar no haga una defensa corporativa y asuma, a pesar de que en los hechos está solo, porque la mesa de Quilín brilla por su ausencia, la autocrítica que corresponde.

Lo ocurrido el viernes en La Cisterna, en el gol anulado de Charles Aránguiz, que daba el triunfo a Universidad de Chile sobre Palestino, genera jurisprudencia para lo que vendrá. Nadie discute la mano de Matías Zaldivia, pero pasaron 26 segundos (una eternidad) hasta el error de Sebastián Pérez en la “masita” que lanzó Aránguiz.

El VAR y Diego Flores, que hasta ahí tuvo una buena jornada, no calibraron que Palestino rechazó el balón, que nunca se vio sorprendido y su zaga estaba bien armada. Lo mismo puede alegar Everton, al que le borraron un penal a favor frente a Huachipato por una acción ocurrida 19 segundos antes, donde la pelota estuvo en disputa y no hubo sorpresa para el fondo acerero.

La creación del VAR fue para situaciones directas, inmediatas y/o evidentes. A partir de ahora, ¿cuándo será la génesis a la hora de que la cabina intervenga?

Elvis Hernández, de Coquimbo, no debió ser expulsado frente a Palestino. ¿No bastaba una reprimenda a Fernando Meza, de Palestino, frente a Ñublense? ¿Estaba para roja directa la falta del paraguayo Axel Alfonzo, de Limache, ante Ñublense? Inentendible que Cristián Garay y el VAR expulsaran al serenense Yahir Salazar en el clásico ante Coquimbo. Es hora de corregir.
Danilo Díaz

es un comentarista, periodista deportivo y escritor chileno. En 2009 obtuvo el premio de Premio Nacional de Periodismo Deportivo de Chile.

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