Santiago de Chile.   Mar 28-04-2026
10:40

Cristián Garay, el réferi chileno que irá al Mundial de Clubes: “El arbitraje tiene un alto grado de egocentrismo”

Tiene 36 años y es hijo de la camada de jueces que formó Roberto Tobar. Hace poco fue informado que estará en el torneo de Estados Unidos: “Es un sueño, no lo puedo creer”, admite. Se define como un árbitro que deja jugar y sobre el VAR es categórico: “A nadie le gusta que le expongan su error, pero siempre he creído que la justicia deportiva es fundamental”. Esta es su historia.
Foto: Photosport
Raúl Neira10 de mayo, 2025
Cristián Garay tenía 17 años cuando el arbitraje apareció en su vida. Y de forma bien particular. “Tengo una anécdota… Cuando estaba en el colegio, en cuarto medio, la profesora de matemáticas, María Elisa, empezó a hablar con los alumnos. ‘Usted va a ser doctor’, ‘usted abogado’, y cuando llega a mí dice ‘Cristián, usted va a ser árbitro…’. Todo el curso empezó a reír. ‘Yo soy bruja, de verdad’, me dijo”.

Pasó el tiempo y Garay seguía viendo de lejos el arbitraje. “Estaba estudiando Educación Física y necesitaba lucas, cuando un amigo me invitó a arbitrar. Arbitré y le tomé el gustito. Me entró el bichito y me metí al INAF”, cuenta.

—A uno le gusta ser futbolista, arquero en último caso. ¿Pero árbitro?

“Uno entra al arbitraje porque le gusta el fútbol. Y cuando ve que no tiene opciones de ser futbolista, está la opción de ser árbitro. No conocía el mundo arbitral, pero cuando uno entra se enamora por lo profesional que es, lo que hay que entregar y lo que hay que dejar de lado”.

—¿Qué le gustó de ser árbitro?

“Entrenar, para mí era fabuloso. Ser tan disciplinado en cuanto al entrenamiento y la preparación física, muy ligado con la Educación Física. Cuando uno pasa a arbitrar, las sensaciones son amplias: arbitrar a estadio lleno genera estar concentrado, disfrutar, escuchar el bullicio de la gente, ver que uno lo va haciendo bien genera una sensación de bienestar grande… La liberación de dopamina que uno siente cuando arbitra es muy, muy grande. Sentir que uno tiene el control de todo, que nada pasa sin que uno lo sepa. Puede ser narcisista, pero en el fondo es así: el árbitro es la autoridad máxima y uno la hace valer. Tiene un alto grado de egocentrismo”.


—Eso ahora, cuando es FIFA, pero al principio debe haber sido otra cosa.

“Dirigimos en pandemia, que era otro fútbol. Hemos tenido que evolucionar mucho. Cuando tocaba en Segunda o la B, sin gente, son partidos más duros, más trabados, había que estar más cerca y uno, además, tenía que ir aprendiendo. Se hacía mucho más difícil. Es mucho más difícil que los de Primera, donde el juego es más táctico. Si bien las decisiones son más importantes, uno logra leer mejor el juego, porque técnicamente es más clara la idea de los equipos”.

Garay debutó en 2016. Día rudo. “Fue en agosto, un Naval-Lota, en El Morro. Bravo, bravo. Expulsé un jugador de Lota y ganó Naval 1-0. Bonito estadio, mucho viento. Clubes con historia. En Primera B arranqué en un San Marcos-Barnechea, un poquito más calmado. En Primera empecé con Palestino-La Calera… Uno tiene más visibilidad, se expone a más cosas. En ese partido comentaba Rubén Selman, que en paz descanse, y no sancioné a un jugador con tarjeta roja. Y salió a hablar, a decir cosas, diciendo que no había sido un buen arbitraje… No era un partido de mucha connotación, pero uno sentía lo expuesto que estaba. Sentí el rigor de Primera. Por más que la caja de resonancia sea pequeña, todos los ojos están viendo los partidos de Primera”.

—Habló de dirigir en pandemia.

“Llevaba un año como juez FIFA; nos fuimos con Roberto Tobar a Argentina. Hubo burbujas sanitarias, entonces íbamos por Libertadores y Sudamericana y nos quedábamos en algunos países. Fui con Christian Schiemann y Claudio Ríos, todos en la cumbre de su carrera. Me enseñaron mucho: ver sus partidos, cómo se manejaban. Además, sin gente se escuchan muchas cosas; me sirvió mucho para aprender”.

—Usted fue despedido por Javier Castrilli.

“Fue un momento duro, porque estábamos para dirigir un partido en Bolivia. Mi esposa recibió la noticia. Por suerte se pudo solucionar gracias al apoyo del sindicato y de mis compañeros. Fue una injusticia no solo conmigo, sino con todos los compañeros despedidos”.

—¿Cuál fue la explicación?

“No nos explicaron mucho y tampoco pedí explicación. Entendí el contexto de lo que vivíamos… Igual fue breve, por suerte. Pero fue duro, por un tema de ansiedad, de pensar en el futuro, de qué iba a ocurrir. Generó una incomodidad tremenda en el gremio. Esperemos que nunca más pase algo así. Igual la primera reacción fue de darle tranquilidad a mi familia, decirles que se iba a solucionar, porque no había hecho nada para que ocurriera algo así. Estaba tranquilo, pero afectado. Fue el momento más duro que me ha tocado vivir”.

“El ser humano mejora a través de los errores, de las cosas que no salen bien. Y en esta labor tan difícil, en la que tenemos que tomar decisiones, ocurren cosas que a uno lo hacen reflexionar. ‘¿Por qué una decisión y no otra?’, ‘¿por qué no vi bien?’, ‘¿por qué interpreté mal?’. En esta carrera hasta que uno se retira se sigue aprendiendo y sigue cometiendo errores”, es el pensamiento del réferi.


Cuando el VAR muestra tu error aparece el ego, pero eso es natural de cada ser humano. Con el tiempo, en nuestra labor de árbitro, uno entiende. No es que te estén atacando, es que te muestran un posible error y te dan la opción de corregir. Al final el ego queda de lado y lo más importante será la justicia Garay y cómo toma la tecnología



—Un punto de mejora ha sido la adaptación a la tecnología, ahora está el VAR.

“Siempre he creído que la justicia deportiva es fundamental. No somos perfectos y tener la tecnología como apoyo para tomar decisiones difíciles es importante. Nos vamos a equivocar igual, pero la gente espera que no lo hagamos. Y como estamos interpretando algo en virtud de ciertas consideraciones, puede que estén de acuerdo o no. Con VAR esperan que no haya errores o errores garrafales. Nosotros trabajamos para disminuir los errores y aumentar los aciertos: más del 95 o 96 por ciento de acierto en todas las jugadas y 100% de acierto en situaciones de área, que son las más importantes”.

—Habló del ego. ¿Hasta dónde llega el ego cuando el VAR le aconseja que cambie de decisión?

“A nadie le gusta que le expongan su error. Nosotros trabajamos con un psicólogo que nos da herramientas para entender que el VAR es en virtud de nuestro bien. El ego del árbitro termina ahí para que la decisión sea correcta. El mundo del fútbol espera que la decisión sea la correcta, no si la decisión es del árbitro o del VAR. Cuando comenzamos era muy difícil, porque competíamos contra una herramienta que te iba a exponer. Entonces pensabas todo el tiempo en no equivocarte y si lo hacías era muy doloroso. Con la evolución del tiempo, cómo se interpreta, lo más importante es la decisión correcta, con o sin VAR. El psicólogo nos repite que vayamos libres a la revisión, que es por el bien de uno, del juego, y no que estoy compitiendo contra una máquina. Los árbitros hemos mejorado”.

—Pero no es la misma sensación cuando el VAR confirma o cambia un cobro.

“No, claro. Uno quiere acertar en todo, ser lo más perfecto que se pueda, que nadie hable de uno. Si uno toma decisiones y son confirmadas por el VAR, uno gana en confianza. Pero ya sabemos llevar ese error de buena manera para que el partido siga de manera normal”.

Más allá del VAR, Garay se define como un árbitro que le gusta “dejar jugar, no cortar. Aplicar ventaja, evitar cobrar faltas. Darle mucha continuidad al partido, hacerlos entretenidos. Colaborar para que sea un buen partido. Cuando dicen que un partido es entretenido, un partido dinámico, el arbitraje tiene mucho que ver en cómo desarrollarlo; si empieza a pitar se corta el juego. Si el árbitro entiende que se quiere jugar, que los jugadores están jugando y el árbitro solo acompaña, es muy bueno, es muy simple. En Europa los árbitros cobran muy pocas faltas; en Sudamérica es más complejo, porque nuestra cultura es más apasionada. Cuesta, hay que tener un poco más de control. Me gusta dejar jugar mucho”.

—Bien vale un llamado de atención a los jugadores, entonces.

“Somos todos responsables. Cuando quieren jugar, juegan; cuando no, no juegan. Nosotros tenemos que acompañar, porque es difícil entender qué quiere cada equipo. Todos somos responsables de que el juego sea fluido: jugadores, entrenadores, árbitros. Cuando dejamos jugar, ellos juegan. Yo no hablo mucho con los jugadores, apenas cosas puntuales, temas más protocolares. No me gusta conversar mucho con ellos”.


—¿Dónde estaba cuando supo que iba al Mundial de Clubes?

“Entrenando, en el gimnasio. Me preguntaron si iba, dije que no, y después me mandaron un tuit. No lo creía, aún no lo creo. Es súper importante estar en una cita así, porque confirma el trabajo silencioso que se hace. Uno busca objetivos durante años, nos preparamos para eso. Desde el año pasado que trabajo con psicólogo, en la parte física estoy con mucha confianza, la Comisión nos apoya mucho en el tema de las charlas, de enseñarnos otras cosas… Fue súper gratificante, es un sueño”.

—¿Algo así como la culminación de la carrera?

“Cuando uno entra al arbitraje lo ve lejano, casi inalcanzable y cuando llega es súper emocionante. Recibir una noticia así es muy grande. Me siento afortunado. Estar ahí será un regalo”.

—Las noticias de la organización dicen que arbitrarán con cámaras en el cuerpo.

“Sería espectacular, porque mientras más herramientas tengamos para lograr la justicia deportiva, es mejor. No es que se pierda el sentido, cambia la forma de buscar justicia; el videoarbitraje está en casi todos los deportes y no podemos estar alejado de eso. Todos los atletas se preparan para ganar y nosotros cumplimos un papel importantísimo para lograr que sea con justicia: evitar un gol con la mano, un gol en offside, una expulsión injusta o justa… No se pierde la esencia, nos acostumbramos al VAR, en Chile hemos mejorado mucho los tiempos de revisión. Se genera debate cuando se revisa que es positivo, porque es positivo analizar jugadas, hablar de interpretación”.
Raúl Neira

es redactor de Deportes El Mercurio y especializado en fútbol. Con más de 25 años de carrera, cubrió la Copa Confederaciones de Rusia 2017, la Copa América de Chile 2015, copas Libertadores, sorteos y partidos clasificatorios a la Copa del Mundo.

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