Santiago de Chile.   Jue 23-05-2024
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Cuando la UC rozó el cielo: a 30 años de la última final de un equipo chileno en la Copa Libertadores

Este viernes se cumplieron tres décadas del partido en que Universidad Católica derrotó por 2-0 a São Paulo, victoria que —sin embargo— no sirvió de mucho por culpa del 1 a 5 encajado en Brasil. Los protagonistas recuerdan la campaña, los duelos ante el “tricolor”, la discusión por los premios antes jugar en el Morumbí y un sinfín de anécdotas. Y explican por qué nunca más un cuadro chileno repitió la finalísima: “Antes clasificaban a la copa los dos mejores, hoy entran cinco brasileños y cinco argentinos… Las diferencias económicas de hoy son mucho más grandes”.
Foto: El Mercurio
Raúl Neira26 de mayo, 2023
“Hicimos una Copa Libertadores maravillosa, fantástica”, recuerda Ignacio Prieto, el arquitecto de la campaña internacional más resonante en la historia de Universidad Católica: el 26 de mayo de 1993, el equipo chileno logró el subcampeonato de América.

“Al tiempo pude ver las finales… Para ver qué no hicimos en Brasil y perder 5 a 1 y para ver qué hicimos de bien todo el semestre que nos permitió definir el título. Allá no tuvimos una buena noche, fallamos sobre todo en el tema defensivo. Acá hicimos un muy buen partido, nos llevamos los puntos y nada más… Pasa el tiempo, pero no la tristeza. Mucha gente fue al Nacional porque creía que podíamos ganar y dar vuelta la historia del primer partido, aunque era complicado: São Paulo es de los mejores equipos que han ganado la Libertadores… Igual no te puedes quedar contento, pero el 2-0 sí dejó algo de tranquilidad”, agrega el técnico.

“A los hinchas les ofrezco perdón por no ganar la copa, pero les digo que dejamos todo”, se lamenta Juan Carlos Almada, el “9” del equipo, y goleador del certamen, con nueve tantos.

Hicimos una excelente campaña, teníamos un gran equipo. Recuerdo el partido ante Barcelona, en Guayaquil, al mediodía: hacía tanto calor que 10 minutos antes de que terminara el parrido me fui al camarín Ignacio Prieto DT de la UC en 1993

¿Qué pasó la noche del miércoles 26 de mayo? Las 39.208 personas que llegaron al Nacional comenzaron a ilusionarse con el latigazo de Ricardo Lunari, cuando recién iban 9 minutos. “Es una jugada que queda grabada por la trascendencia y que recuerdo como si fueran hoy”, relata el exmediocampista cruzado. “Fue un pelotazo largo, ‘Chamuca’ Barrera va a la disputa, el balón rebota, da un bote, se levanta y me queda de frente para pegarle al arco como viene… Si la pienso, controlo y domino… Esa vez le pegué con el alma y salió un balazo impresionante”, completa.

Seis minutos después, Almada anota el 2-0 (“los nervios que tenía, lo que pesaba esa pelota”, confiesa) y la ilusión crecía sin control. Luis Pérez, cerca del final del primer tiempo, tuvo el tercero. “Esa pelota pasó a milímetros del arco… Qué se yo lo que pasaba después si hubiera entrado”, cita el artillero.

Mucho más no pasó. “Jugamos en Santiago con la mentalidad de revertir lo que había pasado en Brasil. No sé si para anotar los cuatro goles que necesitábamos, pero estábamos seguros de ganar, porque teníamos con qué. Ellos eran un equipazo, casi imbatible, pero notamos que podíamos. Nos ilusionamos más después del penal. Con el tercero se ponía muy lindo, pero lamentablemente nunca llegó el tercero”, recuerda Lunari.

Y dice lo más prudente: “La copa la perdimos en Brasil”.

El miércoles 26 de mayo no se explica, entonces, sin la historia de lo que una semana antes sucedió en el Morumbí. “Esta charla técnica es muy importante, pero quizás es la más difícil, porque es una experiencia única… Muchachos, disfruten lo que están viviendo”, dijo Prieto en los camarines del recinto copado con 110 mil almas. “Partimos jugando bien en un estadio que tenía un marco impresionante. Recuerdo que el defensa Gilmar jugó una pelota hacia atrás y el arquero Zetti la mandó al córner con la mano. Era tiro libre para nosotros, pero no cobraron nada… Después de esa jugada ellos despertaron”, apunta la memoria de Rodrigo Gómez, volante estudiantil.

“Cometimos los mismos dos errores que habíamos cometido con América de Cali de visita. Ante los colombianos zafamos, pero el tamaño de São Paulo era otra cosa y eso nos costó la Libertadores… Después terminamos corriendo tras la pelota todo el partido. Si uno cuenta la película, quizás debimos plantear el partido de otra forma”, sostiene Almada.

El 1 a 5 final fue lapidario. Doloroso. “Terminó el partido, estábamos hecho mierda… Prieto nos dijo ‘cuando llegamos a la final no éramos los mejores ni ahora somos los peores. Hay que ir a pelear a Santiago’. A mí me partía el corazón los hinchas que viajaron desde Chile”, suma Gómez.


Con el tiempo, se reveló que después del almuerzo del día anterior a la primera final, hubo una discusión económica entre la plantilla y el equipo de dirigentes. Un testigo de la reunión cuenta: “Antes de la semifinal, estaba la idea en los jugadores de que si eran finalistas iban a pedir un premio más grande… Y en Brasil le dijeron a Alfonso Swett que no querían lo pactado sino el todo o nada: un premio mayor si eran campeones y nada si perdían la final… Y Swett dijo que no. Había un grupo de dirigentes más conciliadores que buscaban que los jugadores entraran en razón, que cumplieran la palabra. Pasa que, además, la relación entre Swett y Prieto venía mal desde la liguilla del torneo anterior, cuando tras el primer tiempo la UC perdía 2 a 0 ante Colo Colo… Discutieron, se enfrentaron, fuerte. Después la UC empató y ganó esa liguilla, pero la relación entre ambos nunca volvió a ser como era”.

“No fue un tema determinante”, aclara Luka Tudor. “En el plantel siempre hablábamos de que la gloria, el ser campeón, era algo más importante que la plata. Nadie entró a jugar pensando en el tema de los premios. Pasa que perdimos ante un equipo que era extraordinario. Jugamos como veníamos jugando. Si lo piensas ahora, quizás había que meterse un poco atrás y definir acá… Pero se hizo lo que había que hacer”, profundiza.

Lunari confirma: “Ningún jugador de la UC puede arrepentirse de lo que hicimos. Jugamos siempre igual, en Colombia, en Ecuador, en Bolivia, en Brasil… Salimos a ganar siempre. Ese equipo no especulaba. A veces nos salía bien y a veces no. Era nuestra forma… Caímos en la nuestra”.

ANÉCDOTAS Y REALISMO: “ES IMPOSIBLE QUE LOS FINALISTAS NO SEAN ARGENTINOS O BRASILEÑOS”


En mayo moría el sueño libertador de los cruzados. Era la culminación de un semestre que tuvo de todo, partiendo porque Oscar Wirth, uno de los artífices de la campaña, agarró la titularidad de manera fortuita. “En febrero, jugando un amistoso contra São Paulo, el ‘Pato’ Toledo salió a puñetear, golpeó la cabeza de Raí y se fracturó el escafoide”, dice el golero que tres veces estuvo cerca de ganar el trofeo continental (también fue finalista con Cobreloa en 1981 y 1982).

La llegada de Sergio Vázquez, seleccionado argentino, fue un golpe para la época. “Preguntamos por Roberto Ayala y Ferrocarril Oeste nos pidió un millón de dólares… Fuimos por ‘Charly’. Pagamos la mitad de ese dinero”, detalla un directivo de la época.

“Ante Barcelona, en Guayaquil, jugamos al mediodía y el doctor Carlos de la Barrera nos puso suero a la vena en el entretiempo para evitar la deshidratación. Menos mal que durante el partido se puso a llover, entonces hubo mucha humedad, pero menos calor”, recuerda el exzaguero Daniel López.


El paso a la final, tras el 2-2 con América de Cali, tuvo dos capítulos sabrosos. “Terminado el partido me abrazo con Raimundo Tupper y Nelson Parraguez. ‘¡Bien, bien!’, le grito a Wirth. Y él dice ‘tranqullo, viejo, celebremos en el camarín, que acá hay gente sufriendo’”, dice Gómez.

La segunda parte tiene un narrador anónimo: “Hablamos de 1993, época total de la mafia del narcotráfico. Nosotros no podíamos salir del hotel. Llegábamos y todo resguardado con militares. Después de clasificar a la final, fuimos a la discoteca que había en el hotel. Había varias chiquillas y un compañero pinchó con una. De repente, le tocan la espalda: ‘Con esa no, porque es del jefe…’. Eran narcos… Vimos pistolas. Mejor nos fuimos a acostar”.

De Prieto también hay una: “La mejor prueba de que la relación entre Swett y el ‘Nacho’ estaba quebrada es que a fin de año no le renovaron contrato. Y dos meses antes de que terminara la temporada Swett había llegado a acuerdo con Manuel Pellegrini…”.


Treinta años pasaron desde la última vez que un equipo chileno llegó a la final de la Copa Libertadores. “Era otro torneo, pues entraban los dos mejores de cada país, ahora entran cinco brasileños, cinco argentinos. Eso es injusto. Debe ser parejo para todos. La economía tiene mucho que ver. La UC se dio el gusto de traer al defensa titular de la selección argentina, estaban Lunari, Reinoso, José Cardozo, el mejor momento de Romero, Lepe, Parraguez, son momentos irrepetibles”, cree Almada.

Dice Gómez: “Cambió el sistema. Con el nuevo, es imposible que los finalistas no sean argentinos o brasileños. Es un tema de probabilidades… En 1993 nos topamos con un brasileño en la final, ahora te toca en la primera fase y después quizás en todas. En esa época a Chile llegaba Marcelo Espina, ‘Leo’ Rodríguez, Rogelio Delgado, Cristián Traverso… Hoy son impagables. Que haya llegado el ‘Beto’ Acosta es como que ahora llegue Darío Benedetto, una locura, impensable…”.
Raúl Neira

es redactor de Deportes El Mercurio y especializado en fútbol. Con más de 25 años de carrera, cubrió la Copa Confederaciones de Rusia 2017, la Copa América de Chile 2015, copas Libertadores, sorteos y partidos clasificatorios a la Copa del Mundo.

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