El adiós de Pelé, el jugador colosal que le agregó la perfección al fútbol
Ganó tres mundiales con Brasil, hizo imbatible al Santos, convirtió 1.281 goles y su destreza ayudó a propagar este deporte por cada rincón del planeta. O Rei juntó la eficacia y la estética, merced a una técnica brillante y un físico insuperable. Inspiró libros y películas. Capaz de detener una guerra civil en África, una celebridad objeto de deseo permanente del poder y el hombre que les devolvió la autoestima a los brasileños. El fin de un futbolista irrepetible.
Dico. Así le llaman al jugador más determinante de un equipo infantil narrado en el libro “Una historia de fútbol” (José Roberto Torero), lectura complementaria en diversas escuelas del continente. Cosme, Damián, Aceituna, Bala, Arigató, Terciopelo, Tom Mix, Pata de Cabra, Espagueti y Zuza completan el conjunto de criaturas en Baurú, localidad paulista, en una historieta ambientada en 1950, el mismo año en que Brasil perdió la final del mundo frente a Uruguay.
“Dico siguió jugando fútbol. Solo que le cambiaron el apodo, que pasó a ser Pelé. Se fue a jugar al Santos, hizo más de mil goles y terminó siendo el mejor futbolista de todos los tiempos”, se lee en el cuento que mezcla ficción con realidad, y del cual se desprenden desventuras infantiles, amor y el encanto por el juego.
Edson Arantes do Nascimento antes de ser Pelé fue Dico. Tal cual. El mismo imberbe que, al ver llorar a su padre por la final perdida ante los charrúas en 1950, le prometió con inocencia que algún día ganaría una copa para remediar su pena. El brasileño se quedó corto, porque embolsó tres cetros planetarios (1958, 1962 y 1970).
Pelé logró que el brasileño tuviera amor propio después de la derrota del 50, fue una especie de redentor y nos permitió creer un poco más en nosotros (...) Seguramente es el hombre más conocido del mundo, más que Los Beatles, que a su vez son más conocidos que JesucristoJosé Roberto Toreroescritor y guionista sobre obras de O Rei
“El tamaño de Pelé es inmenso, creo que nosotros los brasileños aún no lo comprendemos del todo. Él hizo que un país grande, pero pequeño al mismo tiempo, fuera el mejor de mundo en el fútbol, que es un tema importante y sin importancia al mismo tiempo. Logró que el brasileño tuviera amor propio después de la derrota del 50, fue una especie de redentor y nos permitió creer un poco más en nosotros. Ayudó para que el racismo no fuera tan terrible en Brasil, porque el mayor ídolo del país es un negro y eso es bueno. Seguramente es el hombre más conocido del mundo, más que Los Beatles, que a su vez son más conocidos que Jesucristo. Pelé representó una época de victorias deportivas, aportó autoestima al país”, dimensiona para “El Mercurio” el escritor Torero, también guionista de “Pelé Eterno”, considerado el mejor film sobre el astro.
Torero cuenta que siendo un niño acompañó a su padre al último partido de Pelé por en Santos en Vila Belmiro (1974). Allí, en medio de la multitud del “Peixe”, vio llorar por primera vez a su progenitor cuando el futbolista se despedía de una afición que lo aplaudía con reverencia. “‘¿Se va porque es muy malo?’, pregunté y mi papá me dijo: ‘No, es el mejor del mundo’”, completa.
Pelé, parido en una noche de luna llena en Tres Corazones, Minas Gerais, se transformó desde juvenil en un futbolista de culto. El gobierno nacional lo declaró “tesoro nacional” y prohibió su exportación. Técnicamente sin puntos flacos, en materia física encarnaba la perfección y también un goleador insaciable. “Si se hubiera dedicado al atletismo, habría sido uno de los mejores decatletas del mundo”, advirtió hace años Julio Mazzei, preparador de cabecera del crack.
“Tiene razón, Pelé fue declarado el atleta de siglo, tenía todo: velocidad, freno, capacidad de elevación, resistencia, fuerza y técnicamente ni hablar. Era capaz en el salto de elevarse un metro y 10 centímetros en tiempos en que un jugador normal en Chile saltaba 50 centímetros, según los test. Esa cualidad quedó reflejada en el brinco que realiza en la final del Mundial de 1970, ante Italia. Tuve la suerte de verlo en vivo en los hexagonales con el Santos en el Estadio Nacional y el primer golpe de vista era la fluidez de sus movimientos, elegantes, armónicos. Es, sin duda, el futbolista más completo de todos los tiempos”, observa Luis Venegas, preparador físico del Colo Colo 73.
La destreza del astro brasileño se propagó por todo el mundo y permitió universalizar el fenómeno del fútbol. En Sao Paulo, Estocolmo, Buenos Aires (allí ganó dos Copa Libertadores con Santos), Lisboa (donde embolsó el primer de los dos cetros que consiguió de la Copa Intercontinental) y Santiago, donde por cierto protagonizó el que muchos consideran el mejor espectáculo visto en pastos locales: el 6-4 de Santos sobre Checoslovaquia (1965).

Pelé y Garrincha, inmortales. Ambos ganaron los títulos planetarios de 1958 y 1962. O Rei anotó goles en los cuatro mundiales que disputó (14 juegos y 12 tantos) y solo no pudo ganar el título en 1966, donde recibió un duro castigo físico de sus rivales. Foto: France Presse.
“A Pelé lo considero el número uno, siempre, ganó mundiales y dejó una marca insuperable. Lo pude ver cuando vino a España con el Santos, y realmente me impresionó, nos mostró otra cosa, porque era imposible detenerlo. Físicamente medía 1,73, no era gigante, pero tenía gran agilidad y fuerza sorprendente”, revela Laureano Ruiz (85 años), técnico influyente en el estilo del Fútbol Club Barcelona.
“Hablar de Pelé es hablar del tipo que cambió el fútbol, el que le agregó fantasía a este deporte y también lo hizo atlético, logró hacerlo popular al fútbol en todo el mundo. Pelé fue inspiración, muchos trataron de emular sus acciones individuales, pero solo hubo uno solo, fue un adelantado a su época. Lo pude ver cuando niño y Pelé hacía maravillas en el antiguo Estadio Nacional de San José, fue una experiencia inolvidable. Se le podrá comparar con otros grandes jugadores, pero no habrá otro como O Rei, es único”, cuenta el costarricense Rodrigo Kenton, exintegrante del Grupo de Estudio Técnico de FIFA.
Hablar de Pelé es hablar del tipo que cambió el fútbol, el que le agregó fantasía a este deporte y también lo hizo atlético, logró hacerlo popular al fútbol en todo el mundo. Pelé fue inspiración (...) Se le podrá comparar con otros grandes jugadores, pero no habrá otro como O Rei, es únicoRodrigo Kentoncostarricense ex-miembro del GET de FIFA
“El impacto de Pelé en el mundo fue extraordinario. De 1958 a 1974 realizó giras con Santos por todos los continentes. Pelé familiarizó el fútbol en países donde no era el deporte más popular y, por el contrario, hizo extraño el fútbol en países donde ya era el deporte más importante. Además, Pelé estuvo presente en numerosos países de África, que lo reconocieron y veneraron como un referente (…) No por casualidad Bob Marley cultivó una profunda admiración por Santos de Pelé”, enseña José Paulo Florenzano, profesor de antropología en la Universidad Católica de Sao Paulo e integrante del consejo consultivo del Museo del Fútbol paulista.
El futbolista fue capaz de impulsar una tregua en la guerra civil que azotaba Nigeria en 1969 cuando visitó con el Santos visitó Lagos. “El organizador de la gira nos dijo: ‘No se preocupen. La guerra se va a detener y no será un problema’. ¡Yo le respondí que estaba loco! Lo que sé es que viajamos a Nigeria, jugamos un partido que empatamos a 2 a 2 y después nos fuimos. Nos dijeron que hubo un armisticio de 48 horas, pactado para nosotros, y mis compañeros recuerdan que había armas blancas y afiches en las calles en los que se mencionaba que habría paz solo para ver jugar a Pelé”, detalló el propio O Rei en su segunda autobiografía.
La figura de Pelé fue tentación para los gobiernos de turno. “El régimen militar en Brasil (1964-1985) buscó utilizar la imagen de Pelé luego del tricampeonato del 70. Sin duda, estuvo muy cerca de los generales que gobernaron el país, en particular de Garrastazu Médici. Sin embargo, cuando decidió dejar la selección, Pelé enfrentó presiones y amenazas de todos lados, de Brasilia, para que siguiera sirviendo los intereses del régimen autoritario a través del fútbol; y CBF, en ese momento dirigido por João Havelange, que usó la selección como parte de su campaña para la presidencia de la FIFA. Pero Pelé no cedió ante las autoridades militares ni deportivas, resistiendo hasta el final en su determinación de no jugar más en la selección e iniciar una nueva carrera como empresario”, explica Florenzano.
El mejor deportista del siglo XX, distinción que le entregó el Comité Olímpico Internacional en 1999, aventajando a Mohammed Ali, Carl Lewis, Michael Jordan y Mark Spitz, interrumpiría luego su retiro para jugar en el Cosmos estadounidense (1975-1977). Considerado una máquina publicitaria, Pelé fue el primer futbolista millonario a través de sponsors. “Fuera de las canchas, nunca regaló un minuto de su tiempo y jamás una moneda se le cayó del bolsillo”, lo describió el escritor Eduardo Galeano.
Su obra cúlmine en el Mundial 1970 casi se aborta porque a un seleccionador delirante se le ocurrió decir que el “10” era miope. El DT no llegó a la Copa del Mundo de México, pero sí Pelé (92 presencias en el Scratch y 77 goles), por suerte para el fútbol y la eternidad. O Rei ya no está más en vida y el deporte, qué duda cabe, perdió un trozo de perfección.
Claudio Herrera De La Fuente
es redactor de Deportes El Mercurio, especializado en fútbol y en atletismo de fondo, especialmente en maratón y pruebas de ultradistancia, con más de 20 años de experiencia en periodismo escrito.







