La dramática búsqueda del exfutbolista Marco Opazo, que lleva más de un mes desaparecido
Del exlateral de la selección no hay noticias desde el 18 de marzo: ese sábado tomó un bus desde Lampa hasta Estación Central y regresó vía El Noviciado. Ahí, según las pesquisas a su teléfono móvil, se perdió el rastro. Su hermana Ximena entrega un testimonio conmovedor: dice estar viviendo una pesadilla, que ha visitado hospitales, el Instituto Médico Legal y recuerda que un día antes de la desgracia Opazo tuvo una despedida particular. Compañeros de trabajo descartan una depresión y exfutbolistas de Palestino hablan del “Chacota”. La familia pide ayuda y más agilidad en la investigación.
—“Manita, te amo mucho, siempre te voy a cuidar… Agradezco todo lo que hiciste por mí”.
Es viernes 18 de marzo y la respiración de Ximena Opazo se congela por varios segundos. Al día siguiente viaja con destino a Playa del Carmen y, si bien correspondía una despedida, jamás imaginó que su hermano Marcos utilizaría esas palabras.
—“No, no me digas eso, que me da escalofrío. Me da miedo que a uno de los dos nos pase algo…”.
—“Ándate tranquila y disfruta”.
Y Ximena partió, pero jamás pudo olvidar esa conversación: “Tenemos una relación de amigos, de pareja. Somos como almas gemelas, porque me crió. Nuestro papá, Marco, murió cuando yo tenía 11 años y Marco, mi hermano, como el mayor de cuatro hermanos, fue quien puso el pan en nuestra mesa. Me dio los estudios. Tengo una conexión importante con él. Me contaba sus problemas, sus proyectos. Y ese día el tono fue distinto… Pero estaba contento de que yo pudiera hacer el viaje, porque era el primero fuera de Chile”.
Al mismo tiempo que Ximena, de 50 años, terminó de armar maletas y preparar la salida al aeropuerto, el sábado 19 Marco Opazo, exlateral de Palestino y la Roja, emprendió un viaje —hasta ahora— sin regreso. “Se rastreó el celular y sabemos que salió de Lampa, más o menos a las 11 de la mañana, que tomó un bus y llegó a Estación Central, donde estuvo un tiempito. Luego hizo el viaje de vuelta por la ruta 68 y la señal se pierde en el sector de El Noviciado”, dice Ximena.
La pesadilla recién comenzaba.
El primer aviso lo dio la pareja de Opazo, con quien tiene un hijo de tres años. En ausencia de Ximena llamó a su hija, Yeraldine Orellana, y no demoró en dar el triste mensaje: “Tu tío salió ayer en la mañana y anoche no llegó, no sabemos qué pasó”. Yeraldine no entendió nada: su tío jamás se había quedado fuera de la casa. No toma ni tampoco fuma. La búsqueda, frenética, comenzó de inmediato: gritos y más gritos, cada uno más desesperado que el otro, buscando al familiar, pero también al amigo.
Faltaba lo más difícil: informarle a Ximena. “Cuando supe se me derrumbó todo. Recuerdo y me emociono... Dame un segundo”, pide. Respira profundo, toma aire y continúa el relato. “Mi hija me avisó el lunes, aunque antes le había dicho a mi marido, pero no me quisieron comunicar nada por si aparecía en el trabajo, en la Corporación del Deporte en Lampa, donde está con niños en riesgo social. Pero mi hermano no apareció y el martes 22 se hizo la denuncia en la PDI… En México, se me pasaron mil películas: es hipertenso, pero controlado, y quizás le dio un ataque o tal vez quería darse un tiempo y estar solo. Lo pasé horrible, pues quise venirme antes, pero la multa por el cambio de pasajes era muy cara y tenía que tomarme el PCR 72 horas antes de viajar. ¡Y estaba viviendo un sueño allá! Me sentía plena, feliz, pero me asustaba tanta felicidad. El domingo me di cuenta que se había perdido mi teléfono: mi marido lo tenía escondido para que no viera redes sociales. Y yo que antes mandaba fotos y videos, y acá estaban todos destruidos. Se me desgarra el alma… Todos los días lloré y grité”.
“Cuando llegué a Chile pedí que me contaran todo con más detalle y me dio una crisis tan fuerte que no me acuerdo de nada, porque tomé pastillas y no supe nada hasta el día siguiente. Y sigo teniendo pesadillas. Como que todos los dias son iguales; mi mundo era mi hermano. Recordé su despedida y pensé que se había suicidado. Pero después de un mes sé que no se quitó la vida. Es creyente en Dios. Siempre me decía ‘por qué la gente hace eso’. Menos me dejaría sola”, cree Ximena.

Un ochentero equipo de Palestino que deleitaba con gran fútbol: Wilson Miranda, Cristian Olguín, Álex Castañeda, Osvaldo Villegas, Marco Opazo, Héctor Román, Víctor Hugo Castañeda y Jorge Contreras. Foto: Archivo Familiar
—¿Maneja usted o su familia alguna hipótesis?
“No descarto nada. Quizás lo asaltaron, alguien le hizo algo, porque lo hemos buscado en muchos lugares: hospitales, por el litoral central, en Cartagena, en Algarrobo, por Lampa, Batuco, en El Noviciado... Él tenía una casa en la playa donde iba con su familia. Su señora murió hace 13 años, de cáncer, era el amor de toda su vida y nunca superó ese dolor, siempre la extrañó. Y pensamos que podía estar allá. Uno se pone medio psicoanalista y piensa que quiere estar en los lugares que iba cuando era feliz o cuando era niño…”.
Ximena abre el corazón: “Esta angustia no se la doy a nadie. Uno ve historias iguales, pero nunca piensa que le puede tocar. Mi hija me dice ‘menos mal que no estabas los primeros días, porque fueron de locos’. Llamaba gente a las tres de la mañana diciendo que lo habían encontrado, mientras mi familia salía a buscar por sitios eriazos… Hablar con usted es fuerte, pero tengo que explicar, contar la historia, quiero que se sepa. Esto es vivir el mismo dolor todos los días. No sabe las ganas que tengo de levantarme y que todo sea un sueño. ¿Por qué a él? Buena gente, cariñoso, cercano al fútbol, a los niños… Siempre les decía ‘deben seguir, esforzarse, porque los sueños se cumplen. Yo fui seleccionado. Hay que perseverar’. Para mí es mi héroe, mi ídolo. ¿Sabe qué fue lo peor?”.
—…
“Un día me llamaron de un hospital, porque llegó un hombre con las características físicas de mi hermano. Estaba herido en la cabeza. Partí hacia allá. Me mostró una fotografía, porque no me dejó verlo, y no era mi hermano. Yo iba emocionada, creí que era él... Otro día fui al Instituto Médico Legal a ver diferentes personas. Entraba sola. Era tanta la ansiedad y la desesperación que llegué a ver la cara de mi hermano. Gracias a Dios no era, pero en un momento sí le vi la cara... Esto destruye el corazón y día a día se va destrozando más. Nunca pensé que podría pasar. Sí sabía que no estaba en una buena relación de pareja, que se sentía cansado, pero por la edad. El 27 de abril va a cumplir 61 años, aunque no lo demuestra, porque es deportista. Lo veía angustiado y desganado, pero no depresivo. Es chacotero él, echa la talla”.

Opazo y la camiseta que marcó su carrera: defendió la tricolor entre 1980 y 1989. Dejó el fútbol en 1997, después de jugar por Deportes Antofagasta. Foto: Archivo Familiar
Rodolfo Dubó, capitán del equipo tricolor que en 1986 fue subcampeón del Torneo Nacional, da fe de la alegría que desparramaba Opazo. “Gran aporte como persona y jugador. Extraordinario. Daba alegría en el camarín. Si hasta le decíamos ‘Chacota’. Yo era el más viejo y serio, pero siempre me sacaba una sonrisa. Esa es su vida… Difícil encontrar una persona que le tuviera mala, por eso extraña tanto lo que le pasó. Estamos todos apenados. La incertidumbre de no saber nada es inquietante”.
Miguel Navarrete, compañero de ocupación del a exdefensa árabe, tampoco se imagina algo fuera de lo normal. “El jueves y el viernes antes que desapareciera lo vi como siempre, tonteando. Andaba bien, súper bien. ¿Depresivo? No, nada de nada”, asegura.
Marcela Adasme es la Fiscal a cargo. “Por ahora no podemos entregar detalles. La causa está en investigación. Se están haciendo las diligencias correspondientes”, comentan escuetamente desde el Ministerio Público.
En la familia de Opazo creen que la causa no avanza tan rápido como ellos quisieran. “Pasan días en que no sabemos nada. Nos dicen que a fin de mes entregarán un informe… Tres días después de poner la denuncia fuimos a Fiscalía para agilizar todo y solicitamos entrevista con la fiscal. Se anuncia una telefónica”, cuentan.
Tal cual: los papeles de la investigación dan cuenta que Alberto Ríos Moreno, abogado asistente de Adasme, agendó un encuentro para el 5 de abril a las 16:30 horas. “No llamaron nunca. Solo al día siguiente se comunicó Ríos con nosotros para decirnos lo que ya sabíamos: que estaban trabajando, que estaban haciendo todos los trámites necesarios, que se volvería a revisar el celular... Tampoco tenemos acceso al sitio web de la Fiscalía virtual para ver cómo avanza el tema. Se lo comenta a Ríos también. Me dijo que era un error de la página, pero no era así. Quedaron en llamarnos nuevamente. El inspector a cargo, Pablo Órdenes, piensa lo mismo que nosotros, que la Fiscalía no anda rápido”, se quejan.
¿Y mientras? Mientras, la familia sigue buscando. Pega afiches por donde pueda, difunde videos y clama por ayuda. En los últimos días se sumaron rescatistas voluntarios a la búsqueda. “Vinimos de la Quinta Región para colaborar con quienes hacen lo propio en Santiago. Estamos trabajando junto a la brigada de emergencia de Alto Florida y Rescate Chile. Damos el máximo esfuerzo para tener buenos resultados”, detalla Sebastián Aguilar, director de Delta Chile. “Necesitamos con urgencia perros de búsqueda y rescate. Pero nos falta la autorización de la PDI”, señala Orellana.
Ximena Opazo reflexiona: “Mi cabeza no para; son 24 horas pensando qué paso. Mil hipótesis, un abanico de posibilidades. Y me sigue dando vueltas esa despedida definitiva…”.
Raúl Neira
es redactor de Deportes El Mercurio y especializado en fútbol. Con más de 25 años de carrera, cubrió la Copa Confederaciones de Rusia 2017, la Copa América de Chile 2015, copas Libertadores, sorteos y partidos clasificatorios a la Copa del Mundo.







