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Ser de Palestino

Palestino resiste y existe en nuestros corazones. Lo hizo durante un siglo y esperamos que siga por muchos siglos más.
Foto: Revista Estadio
Marco Antonio Cumsille19 de agosto, 2020
Preguntarse qué es ser hincha de Palestino, a propósito de su centenario del que he sido testigo consciente durante casi la mitad, me lleva a diversos momentos imborrables que nos marcan la fidelidad a una camiseta, a unos colores, a un club y a una identidad que no se puede borrar, aunque algunos pretendan eliminarnos hasta de los mapas.

Palestino me remonta a mi infancia, cuando mi padre nos llevaba a los estadios para ver al equipo, pero también para ver a los otros elencos que en reuniones dobles animaban nuestras tardes de domingo. Tiempos en que los rivales no eran enemigos y los otros clubes también formaban parte de nuestro interés. Y sin exclusiones.

Hay que evocar los viajes a provincia. Reductos como El Teniente, Playa Ancha, Sausalito y tantos otros estadios de regiones que nos acogían con la esperanza de ver triunfar nuestros colores. Vi los últimos partidos del Muñeco Coll, para algunos el mejor o segundo mejor extranjero que jugó en Chile, cetro que disputa indudablemente con el Charro Moreno.

No puedo borrar la imagen de Rubén Marcos en andas tras retornar de la Segunda División, cuando comenzó a fraguarse el legendario Palestino de los 70, con incorporaciones como Elías Figueroa, el mejor jugador chileno de todos los tiempos y a quien tuvimos el privilegio de ver en su mejor momento capitaneando el equipo, y liderándolo tanto en la obtención de la Copa Chile de 1977 como en el título nacional de 1978. Ni hablar del entrañable Óscar Fabbiani, un goleador como no he vuelto a ver, sin desmerecer a los buenos delanteros que jugaron después en Palestino.

La memoria no puede disociarse de los malos momentos, las liguillas del descenso, que me tocó vivir como periodista pero sufrir como hincha, en Viña del Mar 1982.

Después de salvarse en la última fecha, y mientras yo rebuscaba un local en el centro para comer algo, me encontrécon Rodolfo Dubó y el Flaco Fuentes.

¿Van a celebrar?”, les pregunté.

La respuesta de Dubó, capitán y referente de ese equipo, fue cortante:

¡No tenemos nada que celebrar!.

La memoria reciente que mejor refleja mi sentimiento por Palestino fue el partido de la primera fase de la Copa Libertadores de 2015: la revancha contra Nacional, en Uruguay.

Los locales estaban castigados y el partido se jugaría sin hinchas. Solo un pequeño grupo de dirigentes y la prensa pudieron ingresar al estadio. Formé parte de la treintena de privilegiados que estuvo ahí esa noche. Fui de los que contuve la alegría cuando Renato Ramos nos puso arriba y de los que apretó los dientes cuando Nacional lo dio vuelta con un 2-1 que aún nos daba la clasificación a la fase grupal.

Fueron minutos de angustia. Mientras estábamos sentados bajo los palcos de los dirigentes de Nacional, recibimos una andanada de insultos y gritos destemplados. No era exceso de garra charrúa, sino la falta de educación la que nos hizo víctimas de semejante furor.

El reloj avanzó, el marcador se mantuvo y Palestino avanzó a la fase de grupos eliminando a uno de los grandes de Sudamérica. Una victoria mínima para muchos, un gesto de supervivencia para otros.

A miles de kilómetros de distancia, de madrugada, millones de palestinos confinados, despojados, aislados y olvidados recibían una alegría de un puñado de jugadores que no los abandonaron.

Palestino resiste y existe en nuestros corazones. Lo hizo durante un siglo y esperamos que siga por muchos siglos más.

Marco Antonio Cumsille

es un periodista de destacada trayectoria, fundador del programa Al Aire Libre de Radio Cooperativa, exreportero y editor de los diarios La Nación, La Tercera, La Época y de Radio Agricultura. También se desempeñó como productor ejecutivo de Canal 13TV, editor de T13 Radio y actualmente se desempeña como productor ejecutivo de CHV y del Canal del Fútbol.

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