Santiago de Chile.   Jue 26-05-2022
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Ennio Vivaldi, rector de la U: “Tenemos todo el derecho a decir ‘en estas condiciones no aceptamos que usen el nombre de la Universidad de Chile, el emblema y el chuncho’; ahí tendrán que buscar otro nombre y no sé, empezar de tercera división”

El rector de la Universidad de Chile, alma mater del club de fútbol, está “preocupado” por el misterio sobre quiénes están detrás del fondo privado de inversión que compró las acciones de Carlos Heller. Y se pone en todos los escenarios. Espera que el nuevo controlador esté en línea con los valores universitarios, incluida la transparencia. Señala que los ejecutivos de Sartor lo contactaron hace unos días para una reunión y asegura que no llegará con prejuicios ni con tono confrontacional. Pero la operación, reconoce, tiene “riesgos reales”. Y si bien subraya que la casa de estudios no puede intervenir en la compraventa entre privados, tiene el derecho a “defender” los valores de la Universidad y decidir si mantiene o retira el alma del club: la U en el pecho, el chuncho como emblema y el nombre de la Universidad de Chile.
Antonio Valencia02 de abril, 2021
Ennio Vivaldi, rector de la Universidad de Chile, la “institución más solemne y sagrada de la República”, enfatiza, está preocupado. No sabe quiénes están detrás de los nuevos controladores de Azul Azul, la concesionaria que administra el club de fútbol. No basta con que Carlos Heller haya tranquilizado a sus directores señalando que entre los nuevos propietarios no habrá representantes de futbolistas ni ejecutivos vinculados a otros clubes chilenos.

En medio de este incierto panorama, Vivaldi dice con cierto alivio que la empresa que gestiona la operación, Sartor Finance Group, acaba de solicitarle una reunión. A la cita, recalca una y otra vez, no llegará con prejuicios ni ánimo confrontacional. Pero tiene claro su norte: defender los valores de la Casa de Bello. Y para eso es primordial saber quiénes están detrás de la operación.

“Siempre es preferible conocer y poder conversar con las personas que tendrán la responsabilidad de un club que lleva el nombre y los emblemas de la universidad. Hubiera sido deseable conocer los nombres. Ese grupo Sartor que está a cargo de la OPA nos contactó hace un par de días diciendo que tenía interés en conversar y le respondimos que felices en conversar con ellos. Pero de los dueños y sus planes es una conversación que aún no hemos sostenido”.

Carlos Heller ya vendió el 60,3% de las acciones que tenía en Azul Azul al grupo de inversión Tactical Sports. La próxima semana será lanzada la Oferta Pública de Adquisición (OPA) del resto de los papeles de la compañía

—Todo se ha desenvuelto en una nebulosa...

“Tenemos que establecer una línea muy clara en la responsabilidad que tiene la universidad y en eso no va a claudicar. En pocas palabras, en el acuerdo que se tomó hace algunos años (2007), la Universidad de Chile estuvo muy bien representada por el decano de derecho de la época, el profesor (Roberto) Nahum, y tanto los símbolos como el nombre Universidad de Chile le pertenecen a la universidad. Por ese patrimonio inmaterial tenemos dos directores en Azul Azul. En una situación como esta, no podemos intervenir en la decisión de quien vende sus acciones y tampoco tenemos injerencia en quienes compran. La Universidad de Chile es la institución más solmenne y sagrada de la República y lo que nos queda es esperar que esto se haga sin generar problemas y esperamos que quienes asuman la responsabilidad de ser dueños de Azul Azul tengan una conducta que no genere conflictos con los valores de la universidad. Mi deseo es que venga lo mejor posible, no me corresponde prejuzgar. Pero desde luego, sí me hubiera gustado conocer a los compradores”.

—Los valores de la universidad incluyen la transparencia, y por ley los nuevos dueños, un fondo de inversión, no tienen la obligación de revelar quiénes están detrás de la propiedad.

“Desde luego. Es difícil para nosotros asumir posiciones que están dentro de la legalidad. Es difícil ser confrontacionales en eso. Estas son situaciones que se generan por las reglas del juego, y si esas reglas permiten que se realice una operación de este tipo, está dentro de la ley. De lo que estamos seguros es que los valores no sean afectados, pero para eso se requiere conocer y conversar con ellos para saber sus intereses, qué hay detrás y qué los motivó a comprar. Mientras antes se sepa eso, será más tranquilizador.

—Tranquilo no estuvo Heller hace 6 meses cuando desconfió y deshizo la operación con casi los mismos actores. No vendió porque no confiaba en la certeza de quiénes estaban detrás de la compra...

“Es una pregunta para Heller, y en ese momento nuestros directores dieron una nota de alerta. Pero aquí hay un grupo que estaría comprando Azul Azul. Y lo que uno quiere escuchar de labios de ellos es, uno, por qué lo hacen, qué los motiva. Y dos, qué planes tienen. Sobre esa base uno podría entrar a conversar. Pero los riesgos son reales”.

—¿Perdón?

“Que los riesgos son reales. No quisiera que sea el espíritu de este diálogo señalar desconfianzas y prejuicios, pero mientras antes sean contestadas nuestras interrogantes, tanto mejor”.

—Sobre quienes compran, está claro que es un fondo de inversión llamado Tactical Sport, compuesto por al menos tres pilares: uno de ellos es Sartor (60%) y otro es el Atlas Bank (30%) de Panamá, país catalogado como paraíso fiscal, banco que a su vez tiene su casa matriz está en Delaware, EE.UU.. también considerado un paraíso fiscal. ¿Esto es parte del riesgo que usted señala?

“Me gustaría tener una conversación con los compradores cuanto antes”.

—No se sabe si ese banco panameño compra a título propio o por encargo de terceros. Ese es otro tema. ¿Lo sabía?

“Esperemos resolver eso en la reunión con Sartor”.

—Hay más: en Sartor señalan que Tactical Sports también está iniciando negociaciones para comprar un club de la primera división de Perú y otro en Colombia. Puede produicirse que en una definición de la Copa Libertadores, dos equipos del mismo dueños se enfrenten. ¿Qué le parece?

“Cuando uno habla de fútbol como negocio va a encontrar muchos puntos con un claro conflicto entre el negocio no regulado. Y paso en todo ámbito: en salud, en educación. Pero hay valores intrínsecos en salud, en educación y en el deporte también. Cuando esto se da en transacciones comerciales, es nuestro deber velar porque nuestros valores deportivos prevalezcan y no se tergiversen. Usted ha tocado uno de los conflictos más obvios, que es el conflicto de interés. Por eso que es tan importante saber los planes que tienen. El lucro es un caballo que fácilmente se puede desbocar. Y la única forma de evitar eso es tener las riendas cortas. Eso hacen los países avanzados para que el lucro no se les desboque y se pueda controlar. Debemos procurar esas faltas más que prejuzgar o anticipar que esas faltas van a ocurrir”.


En el contrato entre Azul Azul y la Universidad de Chile, que data de 2007, se establece que el nombre y los emblemas son de propiedad de la casa de estudios. “Nadie puede usarlos sin autorización”, dice Vivaldi. Foto: Photosport

—¿Está preocupado?

“Por supuesto”.

—¿Y qué herramientas tiene la Universidad, de acuerdo al contrato suscrito con Azul Azul, si no les satisface la información disponible sobre los nuevos dueños? ¿Puede condicionar o romper el contrato en materia de emblema y de nombre?

“La universidad no tiene injerencia en la transacción comercial. Pero nunca ha cedido ni los emblemas ni el nombre, entonces lo que la Universidad de Chile podría hacer en el eventual caso de que esto no funcione, y quiero ser muy enfático en eso, no quiere anticipar desgracias ni confrontaciones, pero sobre lo que usted me pregunta, entiendo que la universidad no tiene mecanismo para intervenir la transacción comercial, pero lo que sí tiene todo el derecho en decir ‘bueno, en estas condiciones yo no acpeto que se use el nombre de la Universidad de Chile’ y tendrán que buscar otro nombre, que no acepto que se usen el emblema de la U y el chuncho y no sé, a lo mejor tendrá que empezar de tercera división. Eso se vería en su momento. El nombre de la universidad no lo pueden usar sin autorización”.

—¿Eso se puede ejecutar en cualquier momento o se debe esperar que el contrato de concesión culmine en 14 años más?

“No lo sé. Entiendo que es una cosa de la que disponemos en cualquier momento. Pero tampoco me interesa mucho ponerme en un plano confrontacional”.

—¿Cómo evalúa a las sociedades anónimas en el fútbol?

“Cuando entran factores de negocios en actividades que habían sido relativamente ajenas a esos factores, como la educación, la salud, el deporte, es esperable que se generen tensiones. Sin acusar a nadie, puedo decir que uno tiene que tener responsabilidad y estar alerta. Por eso establecimos que nuestros directores en Azul Azul tenían como misión principal velar por los valores de la universidad, y no son palabras bonitas. Hasta aquí el club de futbol ha tenido un input, un aporte desde la universidad muy importante. Nuestros directores se jugaron por el respeto a los jugadores lesionados como valor humano, también se pronunciaron públicamente en el triste caso de las mentiras que estaba ocurriendo con un entrenador. Nuestras relaciones con Azul Azul han sido buenas. Tenemos convenio de prácticas profesionales de nuestros estudiantes en el centro deportivo: kinesiólogos, área médica, sicólogos, ingeniería, derecho. Hay tesis en marcha también. Y hay becas para jugadores y jugadoras. Hay una estudiante en la Facultad de Economía y Negocios, otra que hace un magíster en física. Les damos formación gratuita en nuestros preuniversitarios. Y la Academia Azul da apoyo a jugadores en formación que contempla aspectos de formación integral del joven. También tenemos paridad: somos la única institución que tiene a una mujer en su directorio del fútbol, como la profesora Carolina Coppo. Y hay pluralismo con el creación del Consejo Azul, donde participan hinchas, estudiantes, profesores y funcionarios. Ese órgano democrático y de participación. Promovimos la solidaridad y no solo no hubo despidos de funcionarios del club en pandemia, sino que se apoya a cerca de 80 familias. Son actividades en que la universidad tiene interacción, para los estudiantes sientan al club como parte de su quehacer y que los valores estén presenten”.

—Si en esa reunión Sartor le dicen verbalmente los nombres, ¿usted hará un acto de fe o pedirá documentos?

“Tengo que procurar tener las mejores relaciones, porque es la universidad del Estado de Chile. Tendremos una actitud positiva y vamos a evitar, por toda la expectativa que hay, entrar con una actitud prejuiciada o una mala disposición. Ese no es nuestro caso, pero tenemos muy claro lo que hay que defender y lo dije con todas sus letras. He sido claro en decir cuáles son las normas que no debemos dejar de cumplir y hacer respetar, y cuáles son las alternativas que tenemos si en algún momento se produce una situación crítica. Eso que quede muy claro”.

—Lo dice por los emblemas y el nombre.

“Eso nos pertenece, tenemos el mejor interés de tener un buen diálogo”.

—Pero no a cualquier precio, se entiende.

“Claro, pero fundamentalmente hay un tema de valores que no pueden ser relativizados. Hay que tomar salvaguardas y estar conscientes de que pueden haber transgresiones y evitarlas. No tengo razones para pensar que este sea el caso, pero usted señalaba que hay varias cosas que pueden generar conflicto. Y frente a eso no tenemos duda alguna: no podemos alejarnos de los valores que hemos defendido. No es lo mismo ser dueño de algo privado y hacer con ello lo que se ocurra, y en este caso hay que compatibilizarlo con la responsabilidad social. La Universidad de Chile tiene un significado para mucha gente y desde luego para la historia de Chile y para la historia del fútbol”.
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