A cuarenta años del Mundial de hockey patín que revolucionó Chile
En noviembre de 1980, diez jugadores repletaron el gimnasio La Tortuga y le dieron vida a una disciplina que explotó ese año. “Todos los niños querían chuecas y patines”, recuerdan los protagonistas de una hazaña: la primera vez que la selección nacional se situó cuarta en el Mundial. Todos querían ser Eduardo Tapia, Arturo Salvatierra y Osvaldo Rodríguez.
El 9 de noviembre de 1980, un grupo de fanáticos llenó el patinódromo del Parque O’Higgins para ver a la selección chilena que debutaba en el Mundial de Hockey sobre Patines. Con nombres que de a poco empezaban a sonarles a los seguidores de la disciplina y con una potente campaña comunicacional apoyada en la medalla de bronce que el mismo equipo capturó en los Panamericanos de San Juan 1979, un deporte con, hasta esa altura, escasa difusión, empezó a grabarse en el corazón del público nacional.
“Pareciera que fue ayer…”, reacciona con nostalgia Arturo Salvatierra. “Solo guardo recuerdos maravillosos de esa época. La cobertura de Televisión Nacional fue muy buena, así como de todos los otros medios. Eso ayudó mucho al éxito que tuvo el equipo, que tenía jugadores como Sandro Pfifferi, que tendría 34 años, y el chico Osvaldo (Rodríguez), con 17”, recuerda quien fuera el capitán del equipo en la primera fase.
“Ayudó mucho lo que hizo Televisión Nacional, que transmitía partidos de hockey todos los sábados como promoción del Mundial. De verdad fue impresionante la cantidad de gente que llegó a La Tortuga a ver los partidos de la segunda ronda”, concuerda Jorge Andreu, uno de los tres arqueros de la escuadra.
Precisamente fue “Súper Hockey”, un torneo organizado por la señal estatal, el que sirvió de prefacio para el Mundial y que le permitió no solo a la audiencia, sino a los propios rostros interiorizarse de un deporte que, hasta ese minuto, estaba lejos de las primeras planas.
Esa selección merecía terminar en el podio. Era un espectáculo verlos jugar, el cuarto lugar fue mezquinoMichael Müllerperiodista de TVN que transmitió el torneo
“Nadie sabía nada de hockey patín, nadie hablaba de él. Y TVN se comprometió a hacer un campeonato, puso las camisetas, instaló una cancha en Lo Barnechea, hasta hubo que talar un árbol para que tuviera las dimensiones correctas. ¿Sabe quiénes hacían las notas? Viviana Nunes y Paulina Nin de Cardona, que debutaron en la televisión en esas transmisiones”, rememora el periodista Michael Müller, quien formó parte del equipo que el canal envió a Talcahuano.
En esa primera ronda, Chile ganó dos partidos (12-1 a Colombia y 2-0 a Suiza) y perdió 3-2 con Brasil, lo que le permitió clasificar al octogonal final, que se disputó en modalidad todos contra todos en Talcahuano, con diez mil espectadores atiborrando los asientos y los pasillos del recién inaugurado gimnasio (cuya apertura se adelantó precisamente para el Mundial).

Osvaldo Rodríguez descolló como la figura nacional. El hockista fue cuarto también en 1982 y 1989.
“Veo los cassettes de la época y pienso que si tuviera que jugar de nuevo, quizás no me atrevería, siento que fue irresponsable salir a jugar así, con 17 años, ante tanta gente. Entonces lo veíamos normal, pero hoy se ve lo difícil que era todo”, cuenta Osvaldo Rodríguez, una de las figuras del quinteto rojo, que haría buena parte de su carrera en Italia.
El octogonal fue un éxito total: los ratings de Televisión Nacional explotaban con los partidos y Chile ayudaba con buenos resultados: venció 3-2 a Estados Unidos, se vengó de Brasil con un 2-1 y sorprendió derrotando a Italia, potencia mundial, por 4-2.
“Conociendo después cómo trabajaba el hockey italiano, fue un gran mérito haber quedado sobre ellos en 1980 y 1982. Después llegaron a ser campeones del mundo. Cuando jugué allá vi la táctica que tenían, nosotros nada, por eso digo que éramos irresponsables y que fue una gran hazaña haberlos superado en dos mundiales consecutivos”, valora Rodríguez.
UNA PREPARACIÓN INÉDITA
El primer logro del equipo fue la medalla de bronce que cazó en los Juegos Panamericanos de San Juan 1979, en Puerto Rico, que permitió que los medios de comunicaciones, algunas empresas y el Gobierno apostara fuerte por el equipo, más allá de que la disciplina no tuviera grandes niveles de popularidad a esa época.
“No se dejó ningún detalle al azar, fuimos 28 días a Europa, incluyendo a un periodista del Mercurio, Gilberto Villarroel. Confiaron en nosotros después de la medalla que ganamos en el Panamericano de Puerto Rico 1979 y con dos directivas distintas, porque el Mundial lo ganó Eugenio Silva y lo administró Leoncio Medina. No dejaron detalle al azar. Lo único fue que entrenamos mucho tiempo y, para que se viera más bonito, cambiaron el parqué a última hora y perdimos toda la ventaja”, lamenta Rodríguez.
“El equipo llevaba trabajando mucho tiempo, desde 1977 éramos casi los mismos, siempre salíamos a las diferentes competencias, viajamos a Argentina, a Brasil, fuimos a una gira a Europa, a Puerto Rico. En la cancha éramos muy unidos, protegíamos al compañero de situaciones difíciles”, afirma Eduardo Tapia, medio que portó la cinta de capitán en la fase final.
Por lo mismo, no fue sorpresa que La Tortuga se llenara de un participativo público, que alentó siempre y que incluso, cuentan, lanzó monedas y otros objetos en el último partido, molestos por la actitud del quinteto español en el partido final del octogonal decisivo, que se jugó todos contra todos.
“El apoyo de la gente fue incondicional y eso nos impulsó mucho en la cancha. Nos motivaba bastante, y eso también ayudó a los resultados. Recuerdo bien ese último partido, que si le ganábamos a España éramos segundos, al final perdimos 1-0”, cuenta Andreu.
Hubo un momento impactante que no tuvo que ver con las actuaciones de Chile y que quedó grabado para siempre en quienes estuvieron presentes en el mítico coliseo situado al lado del mar en Talcahuano.
“Fue cuando el argentino (Mario) Agüero se quebró el brazo. Iba corriendo hacia la reja, lo empujan y pone la mano para evitar el golpe y se la quiebra. Además, el director de la transmisión lo puso en primer plano y después lo repetían en cámara lenta. Tengo grabada esa imagen terrible en la cabeza”, devela Müller.
“Para nosotros fue lindo participar en un Mundial en Chile, fue una gran experiencia ver la cantidad de gente que fue a los partidos, estar en un gimnasio La Tortuga llenísimo, con 10 mil personas y más”, rememora Eduardo Tapia.
El medio también hace un paréntesis para recordar dos de las derrotas del equipo, ante Holanda y España, que privaron a Chile de un mejor resultado final.
“Pudimos tener un mejor resultado, por ejemplo en el partido que perdimos 6-4 con Holanda, ellos entraron a pegar y eso nos desconcentró muchísimo, perdimos el ritmo, pero caímos en su juego. La final con España fue un absurdo, ellos hicieron el gol y se arratonaron y no salieron más. En esa época el reglamento no penalizaba eso. Siento que fue un mal ganador”, arguye el medio.
“Ellos se asustaron con lo que podíamos hacer. Increíble: el mejor equipo del mundo se refugió contra nosotros, quizás se sintieron presionados con el público, que fue muy participativo. Pero lo cierto es que fue un partido muy fome para ser la final”, aporta Salvatierra.
LA FUERZA DE LA TELEVISIÓN
Todos los partidos de Chile fueron emitidos por Televisión Nacional, que registró una sintonía altísima y que conmovió al medio y emocionó al mismo plantel que dirigía Mario Spadaro.
“No me acuerdo exactamente de los números, pero la sintonía fue altísima. Nos fue muy bien y claro que fue importante que a Chile le fuera bien. Creo que incluso mereció un mejor lugar. Ver al ‘chico’ Rodríguez era un espectáculo, realmente era muy bueno”, cuenta Michael Müller, quien recuerda que llevaba poco tiempo cubriendo deportes. “Sí, había empezado recién en 1979, antes estaba en otras secciones. No me gustaba mucho reportear fútbol, prefería los otros deportes, sentía que teníamos una mejor recepción. De hecho, iba a ver los partidos al gimnasio del Miguel León Prado, así que conocía a casi todos los jugadores”, manifiesta.
“Fue espectacular, se transmitió a seis cámaras, con Pedro Carcuro, Sergio Livingstone, Michael Müller, todos alojando en el mismo hotel que nosotros. Además, después estaban Guillermo Muñoz y el camarógrafo que hacían una labor titánica, nos acompañaban a campeonatos a Sertaozinho y viajaban tres horas todos los días a Sao Paulo para mandar el cassette a Televisión Nacional para mostrar lo que estábamos haciendo. Todo eso fue gracias al Mundial”, aporta Rodríguez.
El impacto fue increíble. “Esa Navidad, uno de los regalos que más pedían los niños eran patines para jugar. Y los clubes empezaron a captar muchos más jugadores para las series menores”, asegura el exportero Andreu.

Los patines fueron el regalo favorito en la Navidad de 1980, como se aprecia en esta foto publicada en “El Mercurio” de la época.
“En esa época vivía en 2 Norte, en Viña del Mar, y un día vi una calle llena de cabros chicos jugando hockey con zapatillas y uno tenía una polera que decía Rodríguez. Fue emocionante. Movimos mucha gente pero lamentablemente no estaba la infraestructura para aprovechar eso. Bueno, hoy tampoco existe”, lamenta, a su vez, Osvaldo Rodríguez.

Algo parecido vivió Arturo Salvatierra. “Me tocó ver a niños con palos de escoba y pelotas de goma tratando de jugar hockey y diciendo ‘yo soy Tapia’, ‘yo soy Rodríguez’, ‘yo soy Salvatierra’. De verdad era emocionante. Incluso hoy, que estoy muy alejado del hockey, cuando voy a una reunión y doy mi nombre, me preguntan si soy el mismo del hockey”, cuenta el empresario, quien no ha dejado el deporte de plano. “Fui dos veces al campamento base del Everest, estuve en Bhután, subí el Kilimanjaro. Me encanta el trekking”, explica.
“Todos nos llevábamos muy bien, pese a una concentración muy extensa para lo que estábamos acostumbrados. Éramos todos para uno, nadie decía ‘tú eres de Católica’ o ‘tú eres de Bata’. De hecho, sigo considerándolos a todos mis amigos y hace un par de años nos juntamos los diez, más parte del cuerpo técnico, para una cena de recuerdo”, dice Andreu.
“Mario Spadaro no fue el mejor técnico que tuve en mi carrera, pero sí el que más nos mantenía unidos. Era un gran aglutinador del juego y se preocupaba de lo que hoy llamamos ‘habilidades blandas’. Uno se rompía todo para tenerlo contento y a los demás compañeros. Ese era su secreto”, evoca Salvatierra.
Héctor Opazo M.
es coordinador de Deportes El Mercurio. Periodista de la Universidad de Chile, participó en la cobertura de los Juegos Panamericanos de Toronto 2015 y en los JJ.OO. de Río 2016, entre otros eventos.







