Mauricio Isla: el viaje que empezó en bicicleta y finalizó con 731 batallas
El buinense se adueñó del lateral de la selección durante 15 años, dejó el país sin debutar en Primera y se sostuvo en clubes de Italia, Inglaterra, Francia, Turquía, Brasil y Argentina. “Fue mucho más que un lateral”, sintetizan. Un futbolista intuitivo, dueño de un motor físico incomparable. Testigos aseguran que contó con condiciones para jugar e influir desde un puesto más centralizado pero optó por trascender en la banda. Un gregario que deja huella profunda.
Alfonso Garcés, el histórico ojeador de Universidad Católica, detectó al Mauricio Isla a los 10 años en un colegio de Buin y de inmediato lo invitó a una prueba en las instalaciones del club franjeado en la procordillera. “¿Y puedo llegar en bicicleta?” Le preguntó el niño al captador. Ahí se germinó un mito que hasta que día de hoy saca carcajadas en el “Huaso” y sus cercanos. Alguien imaginó y contó que el muchacho hizo el trayecto desde el Maipo hasta San Carlos en bicicleta, no libre de contratiempos (percances que van aumentando a medida que la narrativa suma años), pero otros lo niegan. Isla se ríe, y mucho, hasta hoy del cuento.
El mundialista de 38 años anunció a comienzos de semana el fin de su trayecto profesional después de participar en 731 partidos entre clubes y selección mayor, donde se adueñó de la titularidad durante casi 15 años (2007-2024).
Jugó dos mundiales adultos y uno a nivel Sub 20. Pudieron ser dos también como juvenil, porque con 16 años se quedó de jugador reserva en la participación de la Roja en Holanda 2005. “José (Sulantay) confiaba ciegamente en él, decía que era un tipo rápido, resolutivo y bueno para la pelota. Y tenía razón, el ‘Mauro’ podía jugar en cualquier puesto, cuando nos faltó gente en el Mundial de Canadá jugó de delantero e hizo dos goles con Nigeria”, rememora Rodolfo Dubó, ayudante técnico de “Negro”.
“Sulantay era como mi papá”, repite Isla cada vez que puede y luego larga los entrenadores que más lo marcaron: Marcelo Bielsa (“me formó de lateral”), Antonio Conte (“era un demonio, me hizo crecer con su mentalidad") y Renato Gaúcho en Flamengo.
“Lo de Isla y Nahuel Molina (Roma) deben ser las historias más lindas que guardo como representante”, sincera Leonardo Rodríguez, exfigura de la U y quien estaba estampado en una lámina pegada al refrigerador en el hogar de los Isla. “En esa época tenía información que en Católica había un muchacho con condiciones, pero que no tenía una función definida, jugaba en varios puestos. Viajé a verlo a un entrenamiento sin que nadie sepa y después en una gira de la UC a Europa hice contactos y pedí información: pregunté por los chilenos que más habían destacado y me nombran a Isla. Ahí propuse en mi empresa representarlo. Me reuní con Enrique Carrasco, un profesor de escuela en Buin, una persona maravillosa que era como el tutor de Mauricio; su vida en Católica en ese momento no era muy cómoda, estaba el ‘Chemo’ Del Solar y decidimos comprarlo, le ayudé con su primera casa y sus primeros viáticos. Fueron años maravillosos en que lo llevamos a Udinese y luego a la Juventus”, revela el mundialista trasandino.
En Udine, Isla se hizo jugador. “Al principio no estaba del todo convencido con él; incluso solo participó en unos diez partidos durante su primera temporada. Sin embargo, en las campañas siguientes jugó con regularidad, a menudo desempeñando distintas funciones gracias a su polivalencia. Para nosotros, los entrenadores, contar con él en el campo suponía una gran ventaja, ya que permitía realizar ajustes tácticos sin necesidad de hacer sustituciones. Un profesional ejemplar que nunca faltó a un entrenamiento y —lo más importante— siempre lo daba todo. Un ragazzo íntegro”, le dice a "El Mercurio" Pasquale Marino, el entrenador con el que más jugó Isla en su derrotero.
“Su carrera todos la conocen”, revela Nicolás Crovetto, que coincidió en Friuli con Isla. “Eternamente agradecido de él, me recibió allá, estuve viviendo en su casa, un tipo espectacular, cuando te cruzas con personas así uno agradece por siempre”, dice el coquimbano.
El despliegue de Isla fue su marca registrada. “En la época de la 20 tomábamos el naveta y después lo cambiamos por el Yo-Yo test, que eran estimaciones indirectas de consumo de oxígeno, con un margen de error medio bajo, y Mauricio junto con Arturo (Vidal) era de los que llegaba hasta el final, era el que más recorrido tenía”, grafica John Armijo, ex preparador físico de la Roja y ahora entrenador.
—¿Cómo valora a Isla con la perspectiva del tiempo, Armijo?
“Mucho más que un lateral derecho, fue un futbolista de banda. Capaz de defender, progresar, asociarse, atacar espacios, llegar a línea de fondo, jugar por dentro y aparecer en zonas de finalización. No basta con preguntarse si fue uno de los mejores laterales derechos de Chile. La pregunta debería ser mucho más amplia: ¿Cuántos futbolistas chilenos han tenido su trayectoria internacional, su longevidad en la selección, su polifuncionalidad y su capacidad para competir en distintos contextos tácticos? Y ahí la lista se reduce considerablemente. Mauricio Isla es, por eso, un jugador incomparable”.
“Tení gran capacidad física y por sobre todo era intuitivo, le bastaba un par de instrucciones, no había que llenarlo de info, marcaba siempre oferta de pase para el que tenía la pelota, pasaba y hacía daño, y era capaz de meterse espacios interiores, como el gol que le hace a Uruguay (Copa América 2015), en eso era un adelantado a los tiempos”, aporta Francisco Varela, analista en la Roja con Bielsa y Sampaoli.
“Muy top en lo físico y tenía ese timing para aparecer en ataque que es clave en un lateral, cambiar la velocidad justa en el momento preciso para aparecer 'vacío', no era casual que siempre encontraba el espacio a la espalda de la línea defensiva rival. Muy profundo, era tan técnico y prolijo que incluso le faltaba esa locura para tirar ese centro fuerte, alocado, él siempre daba un centro justo, medido, eran más pases que centros. Quedó la sensación que por repertorio pudo jugar más por el centro, de ‘8’, hacer más cosas, pero da la impresión que no quería ese protagonismo, terminó dominando todo el carril. En defensa no tenía la agresividad de Medel ni usaba los brazos como Beausejour, pero era correcto, apelaba al oficio”, profundiza un técnico testigo de su progreso.
Isla cerró su círculo en Chile sin jugar en la U, equipo del que alguna vez se declaró simpatizante. “Los ídolos de mi mamá era el 'Leo' Rodríguez, el 'Huevo' Valencia y Marcelo Salas, pero el 75% de mis amigos son colocolinos”, justificó en el pódcast El Reinado de Vidal.
No vistió de azul, pero rindió en la Serie A, Premier League, Ligue 1, en clubes grandes de Brasil y Argentina y bajó la cortina saliendo campeón en Colo Colo. La bicicleta, sea cierto o no, fue el comienzo del sueño. El final, claro está, engrosaron el libro: cientos de partidos, la conexión total con Alexis Sánchez, hegemonía en la banda y la huella del lateral intuitivo. "Lo conocí a los 12 años en la UC, un niño sacrificado, cristalino, un huaso bueno, y se retiró igual, crack", remata un exprofesor.
Claudio Herrera De La Fuente
es redactor de Deportes El Mercurio, especializado en fútbol y en atletismo de fondo, especialmente en maratón y pruebas de ultradistancia, con más de 20 años de experiencia en periodismo escrito.







