España se entretuvo ante una Francia abatida y jugará su segunda final mundial
Superioridad total de la escuadra ibérica en Dallas, que apagó las luminarias de un rival descorazonado. Mikel Oyarzábal (de penal) y Pedro Porro sentenciaron la semifinal a favor de un finalista ordenado, armónico y con una devoción religiosa por la pelota.
Los siete minutos de tiempo agregado que reservó el juez salvadoreño Iván Barton —acertó todo— en el coloso del AT&T Stadium de Arlington, condensó la historia de la primera semifinal: España haciendo correr el balón, con el sarcástico ‘ooole’ bajando de la tribuna y Francia intentando con desespero, tirando de esfuerzos individuales sin suerte, dando un manotazo antes del adiós. Dos remates a Ousmane Dembélé, sosegado por el marcaje impecable de Cucurella, alteraron un cierre avasallador del vencedor.
España sacó boleto a su segunda final planetaria con un partido casi rutinario, facilitado por el enigma emocional del conjunto francés, siempre fuera de contexto y sin la tensión que demandaba el último brinco.
El modelo refinado del ganador, sostenido en una idea irrevocable, pero también en rendimientos individuales muy afinados, cerca de la perfección, ayuda a entender la diferencia abismal que nadie vio venir.
El equipo de Luis de la Fuente arrinconó a los galos contra su área desde el inicio y vigiló con astucia las pérdidas, desactivando cualquier descarga filosa y opción de correr con metros por delante de los cuatro atacantes franceses. Rodri, imperial para definir las alturas de presión y orientar los sectores de dominio, fue el bombero ideal para apagar el fuego de Michael Olise, que tras un torneo brillante, ayer terminó sustituido con un papel desdichado. El fútbol también es cruel con los buenos.
El resultado a favor fue acomodando las tendencias anímicas de la lucha. Un penal casi de escuela de fútbol que le cometió Lucas Digné a Lamine Yamal, tras centro del Cucurella, agigantó a los hispanos. Mikel Oyarzábal, vivo para alejarse de los zagueros y ubicarse casi en puntillas a espaldas de Adrien Rabiot, tomó la responsabilidad metiendo el botín firme para cruzar el disparo ante Mike Maignan.
Francia se fue deprimiendo. Salió lesionado William Saliba (le costó y mucho el partido al sustituto Maxence Lacroix) y Rabiot, condicionado por una temprana amonestación, jugó con tanto cuidado que no volvió tras el descanso.
El mismo equipo que el 15 de junio se abrumó de pases y poca pegada ante Cabo Verde en Atlanta, un mes después parece pulido, estilizado en sus formas y envalentonado desde los resultados y de su idea. Se alimenta de posesiones largas, pero también come a partir de los robos, merced a que siempre sus futbolistas están cerca entre ellos y de la pelota. Maignan lo comprobó en una mala salida en la primera parte, cuando Baena interceptó y dio pista a una jugada para el deleite —entre Rodri, Lamine Yamal, Dani Olmo— que no terminó en gol de Fabián Ruiz solo por el cruce de Dayot Upamecano.
Nunca cambió la tesitura de la semifinal. Francia casi sedada, inconexa, superada como nunca en el torneo. España, con viento a favor, fluyendo con la pelota, con pases en forma y tiempo ideal, y ganando todas las divididas.
El gol de Pedro Porro, de tarea defensiva sin faltas para aislar a Bradley Barcola y luego incordiando a Desiré Doué, sentenció la llave, tras una diagonal en ruptura de manual, mejorada con el apoyo magnífico de Dani Olmo ante la mole de Upamecano, para definir con alma de artillero ante el achique de Maignan. Mención para Oyarzábal, como sacó de la jugada a Lacroix, y castigo a la indolencia de Doué y Manu Koné, que soltaron el descuelgue del lateral.
La orquesta no tuvo chirridos. Yamal, al que le anularon el tercero tras una definición fina por off-side, mejoró los avances cada vez que participó sin monopolizar las acciones, Dani Olmo fue insuperable en la entrelínea, la clase de Pau Cubarsí y Laporte en el fondo para jugar y dominar el sprint de Kylian Mbappé, y los cierres geniales de Cucurella mejoraron la obra.
Un cabezazo de Ferrán Torres, que se fue apenas ancho, pudo estirar la paliza, mientras Doué remató con apatía una opción en que Unai Simón estaba lejos del arco.
Fue el adiós de un equipo que deleitó durante seis partidos, pero que durmió siesta en la semifinal, y la validación de un combinado, que ayudado con jugadores de repertorio armónico, pie dócil y cabeza competitiva, interpreta, con matices únicos, el mismo libro que escribió la España 2010. Nueva Jersey la espera.
LAS CLAVES TÁCTICAS
El hombre libre
En la zona del mediocampo Francia siempre gozó de superioridad numérica, con un jugador libre que lo hizo notar. La tarea y el trajín de Rodri y Fabián Ruiz, reforzada con el descenso de Dani Olmo e incluso de Mikel Oyarzábal, terminó desajustando las vigilancias de Aurélian Tchouameni y Adrien Rabiot (Manu Koné después), haciendo flaquear el 4-2-4 galo, mal compensado esta vez con el retroceso de Ousmane Dembélé y Bradley Barcola.
Laterales atómicos
La faena de la línea defensiva de España fue total y terminó superando a los arietes más temidos del Mundial. Pedro Porro, fuera del gol, fue impasable, lo mismo Marc Cucurella, agresivo en los duelos y un tiempista formidable en los cierres. El zurdo generó la jugada del penal que abrió el partido e incluso tomó la custodia del mejor cabeceador del rival en los balones detenidos: Dayot Upamecano. Los apoyos de Pau Cubarsí, líder de la línea defensiva con 19 años, y Laporte, ambos con 40 metros a sus espaldas, reforzaron la tarea.
Dos que flotan
Mikel Oyarzábal, un ariete zurdo atípico, y Dani Olmo, fino en sus controles y giros, fueron siempre indetectables para la tropa francesa, porque participan del circuito, desmarcan y fijan con una sabiduría que descompone a cualquiera. Mientras Lamine Yamal estira por fuera y Álex Baena tiende a cerrar, los movimientos que enseña la selección española en ataque son infinitos. Más: permiten darle sentido a la sucesión de pases que distingue a la escuadra de Luis de la Fuente.
Claudio Herrera De La Fuente
es redactor de Deportes El Mercurio, especializado en fútbol y en atletismo de fondo, especialmente en maratón y pruebas de ultradistancia, con más de 20 años de experiencia en periodismo escrito.







