Santiago de Chile.   Mié 25-03-2026
18:37

Relaciones peligrosas

El problema que se destapó esta semana en la U, en que dos jugadores y un directivo aparecen relacionándose con un narcobarrista, escala en gravedad debido a los comprobados lazos que existen entre algunas fracciones de las barras bravas de los equipos de fútbol profesional con el crimen organizado, lo que sugiere seguir investigando para despejar toda duda razonable, que brota espontánea en casos como estos, porque una cosas es que el narcotráfico tenga infectado los piños más radicales de las hinchadas, y otra que sus poderosos tentáculos alcancen a los clubes y sus deportistas.
DAVID VELASQUEZ
Felipe Vial25 de marzo, 2026
El domingo pasado, en un reportaje televisivo de Canal 13. aparecieron dos jugadores de la U, Marcelo Morales y Lucas Assadi, saludando y recibiendo felicitaciones de Víctor Poblete Aguilera, alias “Vitoko”, acusado de pertenecer a una organización criminal que lo mantiene detenido y formalizado por tráfico de drogas, tenencia de armas y asociación ilícita.

El sujeto, que subió a sus redes sociales capturas de pantalla enseñando las videollamadas con ambos futbolistas; es también un exlíder de la barra Los de Abajo sobre el que pesa una orden de prohibición de ingreso a los estadios por los próximos ocho años.

El club reconoció la gravedad del hecho y les pidió explicaciones a los dos jugadores, aunque posteriormente los exculpó pues en opinión del gerente técnico azul, Manuel Mayo, ni Morales ni Assadi midieron la situación y “tal vez de manera ingenua contestaron llamadas”, indicó.

Se le reconoce a Mayo la premura para enfrentar la situación, pero otra cosa es asegurar y dar por descontado que la actuación de los futbolistas descansa únicamente en la “candidez” o en la ignorancia de ambos sobre quién era Poblete Aguilera, en circunstancias que se trataba de uno de esos fanáticos que frecuentemente pululaban cerca del primer equipo y lo acompañaban siempre que podían.

Sorprende, además, la facilidad de ciertas personas para acceder a los futbolistas, porque para los reporteros —que no sean de medios partidarios, claro— contactar a un jugador como Assadi, por ejemplo, es una tarea titánica. Y que conteste el teléfono con videollamada incluida, casi imposible.

Facilidades también tuvo “Vítoko” para entrar —con una credencial de prensa visada por el club— al partido de la Copa Sudamericana 2025 que los universitarios jugaron con Alianza en Lima, y que el equipo peruano denunció en su momento. Más: lo simple que fue para ese sujeto seguir ingresando a los recintos deportivos nacionales —como está constatado en imágenes grabadas— para ver los partidos de la U pese al dictamen de la justicia en su contra.

La historia engancha con otra hebra que enreda el problema: Poblete Aguilera también sostuvo un encuentro con Aldo Marín, director de Azul Azul, quien aparece fotografiado junto al personaje de marras en una estación de servicio. La imagen dejó en un muy mal pie al dirigente. Y peor aún cuando respondió que no se acordaba lo que había conversado con el barrista.

El episodio escala en gravedad debido a los comprobados lazos que existen entre algunas fracciones de las barras bravas con el crimen organizado, lo que sugiere continuar investigando lo que se destapó esta semana en la U para despejar toda duda razonable, que brota espontánea en casos como estos, previendo el peligro de que los poderosos tentáculos de las bandas criminales terminen alcanzando a los clubes y sus deportistas.

Una investigación o al menos un relato comprobado de hechos serviría, además, para certificar que el encuentro de Marín con Poblete Aguilera en esa bencinera fue realmente “casual y la primera vez” que se veían, como se defendió el dirigente 48 horas después de conocerse la denuncia. Y también para medir los grados de candidez de los jugadores, quienes lejos de comprender la gravedad de su actuar y de “mostrar arrepentimiento” —como había asegurado Mayo en conferencia de prensa—, declararon que “el equivocado fue Canal 13”.

Muy ingenuos, sí.
Felipe Vial

es el Editor de Deportes. Fue redactor en los diarios El Mercurio y La Época, en las revistas don Balón y El Gráfico; columnista de T13 Radio y Premio Nacional de Periodismo Deportivo 2014.

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