La provincia argentina
Ningún otro país en el mundo importa tantos jugadores argentinos como Chile y la tendencia va en aumento. Su presencia e influencia es histórica y ahora progresa con la fauna de los representantes argentinos y la flora de clubes con propietarios argentinos.
Quizás el gran problema del fútbol de chileno es su cercanía con Argentina y ante cualquier dificultad se recurre a ellos, no se piensa dos veces y tampoco se busca ni trajina lo de casa, porque sus profesionales están a la mano y los precios andan por ahí.
Los clubes, si las divisiones menores no marchan ni producen recambio, lo tienen fácil e instantáneo: van al mall argentino y recorren sus pasillos.
Digamos que sostener la formación e instrucción de los jóvenes chilenos, los talentosos y los soñadores, no solo es caro y difícil, sino que implica una mirada múltiple, porque es comercial, es social y debería ser ambiciosa porque es la educación por medio del fútbol.
En ocasiones aparecen jóvenes buenos para la pelota, pero mal formados y por eso les pasa lo que les pasa. Escándalos, discontinuidad, frustración.
La mayoría de los clubes chilenos no logra educar a las nuevas generaciones. En algunos será por falta de inversión, pobreza del cuerpo académico y deficiente malla curricular. Otros disimulan, pero en verdad no les interesa porque no es su modelo de negocio.
Ningún otro país en el mundo importa tantos jugadores argentinos como Chile y la tendencia va en aumento. Su presencia e influencia es histórica y ahora progresa con la fauna de los representantes argentinos y la flora de clubes con propietarios argentinos.
Está la evidente admiración del periodismo que no es de ahora y viene de antiguo, por lo demás con razón. Hasta se exagera y algunos relatores criollos se colonizan solos e imitan el tono y el acento argentino.
Las barras, en las últimas décadas, adaptaron y copiaron sus cánticos.
Se dice que allá respetan a sus ídolos, no como en Chile, donde reina la ingratitud. Los jugadores chilenos retirados, cómo no, a coro piden seguir esa costumbre. Lo otro: allá se les dice grandes y no viejos a los jugadores mayores. Otra copia más.
En alguna forma hemos sido reeducados y guiados. El ecosistema ya está creado y los futbolistas argentinos, cada vez más, son mejores que los chilenos.
El mediocampista Marcelo Eggel llegó de la Serie B de su país, desde Deportivo Maipú de Mendoza. Firmó por Palestino y en su segundo partido y en La Cisterna, metió un gol desde la mitad de la cancha, nada menos. Su equipo derrotó a Coquimbo Unido por 2 a 1.
En el estadio Claro Arena, hace unas semanas, se produjo un empate a tres goles entre la UC y La Serena. Un delantero visitante de 26 años, el argentino Gonzalo Figueroa, metió dos y dio el pase del tercero. Durante algunos años jugó futsal y fue empleado en una compañía eléctrica. Debutó por La Serena y fue figura. No venía de la Serie B, venía de más abajo, de Deportivo Armenio y de la Tercera Categoría.
¿Se está convirtiendo el fútbol chileno en una provincia argentina?
Se podría responder que todavía no, pero se recomienda preguntar lo mismo en un par de años.
Antonio Martínez
es periodista y crítico de cine; fue editor de Cultura de “La Época”, jefe de redacción de “Hoy” y director editorial de Alfaguara. Fue corresponsal, desde España, de “Estadio”, y columnista de “Don Balón”. Autor de “Soy de Everton, y de Viña del Mar” (2016), y junto a Ascanio Cavallo, de “Cien años claves del Cine” (1995) y “Chile en el cine” (2012).







