El rol de Vozinha
El portero de Cabo Verde es una opción necesaria para la escuadra de Fernando Ortiz porque Maureira hoy no tiene una alternativa de cambio (Fernando de Paul esta lesionado y Eduardo Villanueva no ha dado pruebas de suficiencia)
En 1959 llegó a dirigir a Colo Colo el brasileño Flavio Costa. Su último paradero como DT había sido Porto, pero en realidad su currículum sobresalía por haber dirigido en dos períodos la selección de su país. Claro que con una pequeña-gran nota al margen: en la primera de sus experiencias estuvo a cargo en la fatídica definición del Mundial de 1950 ante Uruguay, por lo cual llevaba en su frente, desde ahí, la palabra Maracanazo.
Igual, que llegara a dirigir a los albos era noticia. Su paso por el equipo albo fue irregular porque en su primer año peleó el título con el naciente Ballet Azul de la U (que perdió en una histórica final que fue el germen de la rivalidad clásica entre albos y azules), pero al siguiente año se tuvo que ir al sufrir cuestionamientos de sus jugadores, que alegaban la alta carga y exigencias físicas en los entrenamientos. Vaya qué cosas…
Muchos años más tarde, en 1977, otro ex mundialista de alcurnia llegó a sentarse en la banca de Colo Colo: el húngaro-español Ferenc Puskas, quien como jugador con la selección magiar fue una de las grandes figuras del Mundial de 1954 en Suiza.
A Puskas no le fue bien y partió rápido, aunque fue en un período bastante complicado. Con decir que uno de sus goleadores se lo pasaba en los bares y llegaba malito a los entrenamientos.
De todas maneras, jugadores que fueron dirigidos por el “Gordo Pancho” (así le decían), como el ex volante Raúl Ormeño, recuerdan que el DT dejó huella porque enseñaba cómo pegarle bien a la pelota, a amarrarse bien los zapatos y jugar ofensivamente.
También al cuadro albo llegaron jugadores que no solo participaron en mundiales, sino que fueron campeones: los argentinos René Houseman (campeón 1978) y Claudio Borghi (campeón 1986).
Claro, ambos llegaron en etapas postreras de sus brillantes carreras (Houseman en 1982 y Borghi en 1992), pero los dos mostraron trazos de sus talentos al punto que quienes los vieron (vimos) en la cancha tienen grabadas jugadas específicas que alguna vez hicieron vistiendo la camiseta de Colo Colo.
Todos estos casos, distintos en su origen, tienen sí un punto en común: fueron apuestas que, más que resultados, dejaron enseñanzas. Cumplieron un rol que, aunque no se vio en el momento, fue importante para los albos.
Esa es la expectativa que debería haber ante la llegada del Vozinha, uno de los mejores arqueros del último Mundial.
Más allá de lo que ataje y contra quién lo haga, Vozinha debe ser visto como quien le dé a Colo Colo visibilidad. Pero no solo eso. Vozinha no es el veterano que le viene a quitar descaradamente el puesto al joven Gabriel Maureira, sino que será quien lo estimule y lo obligue a superarse y, la vez, quien complementará su desarrollo como arquero (aún tiene falencias).
No sólo eso. El portero de Cabo Verde es una opción necesaria para la escuadra de Fernando Ortiz porque Maureira hoy no tiene una alternativa de cambio (Fernando de Paul esta lesionado y Eduardo Villanueva no ha dado pruebas de suficiencia)
La llegada de Vozinha a Colo Colo, por lo tanto, no es tan solo una obsesión del controlador de Blanco y Negro. Tampoco una específica jugada de marketing. Es una decisión con fundamento.
Como las ha habido en otros tiempos en Colo Colo.
Sergio Gilbert
es periodista titulado en la UC, especializado en fútbol. Profesor universitario y redactor en El Mercurio. En Twitter: @segj66







