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Mosa y Vozinha

Es una manera de gobernar que se puede asociar con una dictadura, pero no necesariamente, porque no hay maldad. Es un ejercicio con un componente infantil que nace con el dueño de la pelota.
france presse
Antonio Martínez25 de julio, 2026
La llegada de Josimar Dias, llamado Vozinha, a Colo Colo, revela el ethos del club albo, no el histórico ni el de toda la vida, si no el actual y el que ahora se desprende del equipo que ha sabido ser campeón.

Lo del portero de Cabo Verde a Colo Colo, si es que se da y resulta, descubre el modo de vivir y pensar que rige al club albo, el carácter y hábitos que identifican al que manda.

Lo que surge como gran fuerza son las decisiones que se toman de a uno, aunque siempre habrá alguien más para ponerse en la foto o para retirarse posteriormente, si las cosas se tuercen. Pero el instinto, la corazonada y el capricho son de a uno. En este caso de Aníbal Mosa y su 72.6 por ciento de las acciones de Blanco y Negro.

Es el mero ejercicio del poder, y si es total sería lo ideal.

Las decisiones de a uno en ocasiones resultan. Cuando el resto decía que no y dudaba, el capitán dibujó el mapa, colocó el tesoro y dio la orden de avanzar a toda máquina.

Es una manera de gobernar que se puede asociar con una dictadura, pero no necesariamente, porque no hay maldad. Es un ejercicio con un componente infantil que nace con el dueño de la pelota. Es cierto que se puede perder mucho, pero qué importa. Y también ganar poco y nada, pero qué más da. También puede ser todo lo contrario.

Es el llamado de la selva, saber apostar y eso inevitable: darle el palo al gato y la vida es una ruleta.

Su proceder fricciona las políticas de largo plazo, los planes de desarrollo y desde luego la utilidad de los directorios.

Su opción es lo esporádico y eso que se encuentra en ocasiones y hasta de manera impensada. Entonces hay que actuar rápido, casi sin pensar y aprovechar la oportunidad. Aquí te pillo y aquí mato. Es una forma de decir. No es literal.

Las viejas estrellas de Colo Colo están disconformes con lo de Vozinha, porque es una decisión que no dialoga con la carrera del prometedor portero Gabriel Maureira y con toda esa juventud colocolina que fluye hacia el primer equipo, por lo demás, uno de los méritos del entrenador Fernando Ortiz, que ahora se encuentra en una incómoda encrucijada. A las viejas estrella y sus opiniones se les manda, por Mercado Libre, un kilo de pepinos. Remite Blanco y Negro.

Los analistas acuden a las estadísticas que son los que son: estadísticas. Por tanto, no cubren lo excepcional, la idea loca o el tiro en el blanco. El discurso sería que su último club fue G.D.Chaves de la Segunda División portuguesa y antes estuvo en equipos de Chipre, Moldavia y de su país. Lo probable es que lo del Mundial sea irrepetible. Lo otro: será noticia, rostro y marca. Eso sí. Gracias por el análisis, pero van más pepinos.

El que decide sin consultar a nadie está acostumbrado a los juicios en contra, producto del estudio o del puro pelambre. Por lo general, por lo demás, son conclusiones conservadoras, prudentes y cuidadosas. Esto es todo lo contrario, si es que resulta, claro: es una decisión espectacular para el puro espectáculo, proviene del olfato comercial y del ojo aventurero del dueño de la pelota.
Antonio Martínez

es periodista y crítico de cine; fue editor de Cultura de “La Época”, jefe de redacción de “Hoy” y director editorial de Alfaguara. Fue corresponsal, desde España, de “Estadio”, y columnista de “Don Balón”. Autor de “Soy de Everton, y de Viña del Mar” (2016), y junto a Ascanio Cavallo, de “Cien años claves del Cine” (1995) y “Chile en el cine” (2012).

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