Señor Director:
Axel Kaiser comprendió el sentido de
mi última columna: estimular la lectura del libro de Piketty, celebrar la próxima visita a Chile de su autor, y promover discusión acerca de los planteamientos igualitarios del economista francés. Hace bien entonces Kaiser al recomendarnos autores y lecturas que contradicen a Piketty, puesto que todo diálogo racional precisa de contrapuntos.
Más allá de eso, Kaiser invita a la izquierda a un debate serio sobre la desigualdad, como si no hubiera sido siempre ese sector político el que más ha reivindicado la igualdad, aunque a veces ablandándola con la palabra "equidad", frente a una derecha que monta su discurso sobre el valor de la libertad, si bien, en los hechos (piénsese en los 17 años de Pinochet), este segundo sector demostrara que sus valores principales son otros: el orden y la propiedad.
Lo que hay en el fondo de este debate concierne al rechazo que el pensamiento conservador de derecha tiene frente a la igualdad. Es cierto: los mal llamados socialismos reales (que no fueron otra cosa que reprobables dictaduras comunistas) cometieron muchos crímenes en nombre de la igualdad. Con todo, nadie debería ver en el actual discurso igualitario un intento de volver a esos regímenes, sino una propuesta para, en el plano general, acortar diferencias entre los ingresos del capital y los del trabajo y, en el plano individual, suprimir desigualdades injustas en las condiciones materiales de vida de las personas.
En lo que sí estamos de acuerdo con Kaiser, según él sugiere, es en la crítica a ese tipo de economistas prepotentes, y muchas veces carentes de toda independencia, que concentran sus análisis, por ejemplo, en la crisis económica mundial que vivimos desde 2008, respecto de la cual, junto con no avistarla en su momento, tampoco se ponen de acuerdo en cuáles fueron sus causas, cuáles sus dimensiones, cuánta su duración y cuáles las medidas más eficaces para salir de ella.
Agustín Squella