Señor Director:
Tengo una alta estimación por el Dr. Horacio Croxatto como persona y científico, independiente de nuestras diferencias sobre el respeto que se debe dar a la vida del embrión humano. No obstante, en su
carta publicada el domingo pasado sobre la Píldora del día después (PDD), referente a la mía publicada el domingo 29 de septiembre, hace interpretaciones y afirmaciones ajenas a su contenido y al núcleo de mi argumentación.
Dice que mi intención es defender a la Iglesia Católica, que habría declarado que la PDD podría ser abortiva, afirmación que yo habría aceptado sin reparos. Agrega que mis argumentos serían solo una “triquiñuela” con este fin (sic). Mi carta no menciona a la Iglesia. Pretender que ella se pronuncie sobre debates científicos, es retroceder a los tiempos de Galileo. Por eso, no es justo suponerme tales intenciones. El objetivo de mi carta es muy preciso: explicar por qué la afirmación apodíctica del Dr. Croxatto de que “la ciencia ha demostrado más allá de toda duda que no es abortiva” no se condice con las exigencias que la evidencia científica requiere.
Afirma que descalifico sus estudios. No lo hago. Al contrario, reconozco explícitamente que los resultados de los estudios por él mencionados muestran que el efecto antiimplantatorio es muy escaso o nulo. Solo señalo las limitaciones que tienen al comparar los resultados del uso de la PDD en un grupo de mujeres con determinadas característica con otro grupo histórico de características muy diferentes. Si por diversas razones no se han podido hacer estudios randomizados, se debe reconocer que ello deja un espacio de incertidumbre. Quienes estamos familiarizados con la “medicina basada en evidencias”, comprendemos las limitaciones de un estudio clínico que no haya podido contar con un grupo control.
Lamentablemente, la carta del Dr. Croxatto contiene descalificaciones personales que rebajan y empañan un debate científico que por definición debe atenerse a la metodología y a resultados de investigaciones publicadas.
Finalmente, el punto central y más profundo de desacuerdo en este debate es si la dignidad y derechos de todos los seres humanos admiten “diferencias” según su etapa de su desarrollo. En este punto, tenemos visiones antropológicas y éticas distintas, que a mi juicio influyen en la importancia que se les da a los argumentos esgrimidos y al principio bioético de cautela que corresponde aplicar en estos casos.
Dr. Patricio Ventura-JuncáProfesor Titular de las Universidades Católica de Chile y Finis Terrae