Señor Director:
Mario Waissbluth sostiene que en Chile hemos construido un "inmoral apartheid educativo" al permitir que las familias complementen con recursos propios la paupérrima subvención estatal con tal de conseguir un mejor nivel de educación para sus hijos. Lo que hacen todas las familias ricas y de clase media alta en Chile sería inmoral permitírselo a los que van a colegios subvencionados. Ellos deben contentarse con lo que el Estado puede ofrecerles y sacrificar el futuro de sus hijos en pro de la "integración social". Eso suena bonito para Finlandia en que el Estado gasta en la educación de cada niño el equivalente al colegio más caro de Chile (10 veces la subvención regular).
Mientras eso no sea así, y es claro que estamos aún lejos, lo inmoral sería prohibirles a esas familias conseguir la mejor educación a su alcance para sus hijos.
Lo que corresponde hacer si nos queremos preocupar de la integración social es que el Estado haga un esfuerzo equivalente por las familias que no pueden pagar, de modo que puedan acceder a esos colegios. Eso es justamente lo que está haciendo la Subvención Preferencial (Ley SEP) desde el año 2008. Hoy solo un 5% de los colegios cobra un financiamiento compartido mayor a la subvención preferencial que porta el niño más pobre. Es decir, en términos de los recursos que aportan, estos niños ya tienen acceso al 95% de los colegios subvencionados del país.
Resulta absurdo entonces pretender que la segregación del sistema educacional obedezca al financiamiento compartido.
Es curioso que los detractores del financiamiento compartido omitan por completo los efectos de la Ley SEP que ha cambiado completamente el panorama en los últimos cinco años.
Tomás Ariztía CorreaCristóbal Elton Subercaseaux