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Santiago de Chile.   Mar 26-05-2026
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En primera persona
Novedades y proyectos de escritores contados por ellos mismos
Joseph Ramos
05 de Mayo del 2026

El destacado economista, académico y autor acaba de lanzar "Un catecismo cristiano para pecadores"(Catalonia), con el cual completa su trilogía religiosa, que comenzó con "Creer o no creer: el misterio de Dios a la luz de la razón" y "Jesús: nueve miradas sobre una vida desafiante".
La fe siempre ha sido importante para mí, por el catolicismo de mi madre, quien me introdujo a ella, y por el agnosticismo de mi padre (hasta sus 56 años), quien sembró en mí una inquietud filosófica ¡desde la enseñanza básica! Así, cuando jubilé de la Universidad de Chile hace siete años atrás, me decidí a escribir sobre religión.  
Me atrevo a escribir sobre esta temática tan alejada a mi campo profesional, a sabiendas que corro peligro de caer en error, animado por las palabras del Papa Francisco, quien aseguró que no se puede avanzar en la verdad sin el riesgo de caer en error. Además, como laico sin autoridad tengo la libertad de pensar en voz alta, privilegio que no tiene un teólogo o presbítero responsable por la fe de sus feligreses. Por lo demás, creo que se exagera la gravedad de error en asuntos de fe.  Me tranquiliza saber que, según Jesús, lo que nos salva, a fin de cuentas, no es el pensar correctamente, es decir la ortodoxia, si no la práctica de amor, la ortopraxis.
Recorre "Un catecismo cristiano para pecadores" dos tesis centrales. La primera se refiere a la doctrina. En mi opinión, el árbol doctrinario católico es demasiado frondoso. No se trata tanto de podarlo, sino que las doctrinas deben ser jerarquizadas entre esas esenciales para vivir el cristianismo íntegramente, como las contenidas en el Credo que rezamos los católicos en misa todos los domingos, y las de segunda importancia, las que pueden enriquecer la vida cristiana pero no son esenciales para vivirla.  Por ejemplo, creo que todos concordarán que son doctrinas esenciales del cristianismo la existencia de Dios, que Jesús es Dios hecho hombre, la Trinidad y que la propuesta de vida de Jesús es que nuestra plenitud está en la práctica de amor a Dios sobre todas las cosas y al prójimo sin límite.  Y también concordarán que no tienen remotamente la misma importancia que estas, enseñanzas como, por ejemplo, las referidas a indulgencias, o que heredamos la culpa del pecado de Adán y Eva, o que el número preciso de sacramentos es siete, ni uno más ni uno menos, o que solo hombres pueden ser sacerdotes, o que María fue siempre virgen por lo que Jesús no tuvo hermanos, y muchas más.
Tal vez no haya acuerdo con la división precisa que yo propongo, pero creo que si no se hace este distingo se arriesga a crear dudas innecesarias entre los feligreses en asuntos no esenciales para vivir la fe íntegramente, incluso alejando algunos del todo de la fe. La tesis que recorre la segunda parte sobre las enseñanzas morales es que sostengo que Jesús no predicó una moral de "mínimos", es decir, el de cumplir con los principios de la ley natural inscritos en nuestros corazones y exigibles a cada persona por ser humano. Más bien, Jesús predicó una moral de "máximos", donde nos propone el ideal al que debemos aspirar, es decir, en todo amar sin límite como Él amó y ama.
Conviene aclarar que mis reflexiones son bastante ortodoxas en lo esencial, ciertamente lo son respecto a las doctrinas contenidas en el Credo. Pero se apartan de la enseñanza tradicional en algunos temas, que no creo centrales para la fe. Por eso ha despertado fuertes reacciones adversas en algunos que consideran que me he pasado los límites de la ortodoxia. En cambio, en otros, sobre todo a tibios, dudosos y alejados le ha devuelto la esperanza al reconocer que muchas de sus dudas se refieren a asuntos menos esenciales de la fe, y que el distingo entre lo ideal y lo mínimo exigible en la moral le aclara muchos conflictos con la enseñanza tradicional.
Demás está decir que solo pretendo abrir la discusión, no cerrarla. Indudablemente más de alguna de mis conjeturas resultará errada, pero no dudo que otros me las corregirán. Y espero que el lector pueda discernir lo que en mis reflexiones es trigo de la cizaña que pudiera contener.
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