Se ha escuchado últimamente, a propósito del proyecto de ley que contiene una reforma que establece una exención de las contribuciones para la principal vivienda de los adultos mayores de 65 años. Ese recurso retórico fue utilizado por alcaldes del Frente Amplio. Se dijo, rechazando la iniciativa: “Una exención que favorece a los ricos que viven en Las Condes, Vitacura y La Dehesa”, ignorando, de paso, la realidad social de tales comunas, donde vive también un buen porcentaje de clase media. Lo que delata un raciocinio dogmático y clasista, heredado de su aliado. Porque, desde mucho antes, el uso de la “consigna” era propio de la dirigencia y militancia comunistas, por ser histórico en ellos. Su autor fue el dirigente Luis Emilio Recabarren, quien, en una conferencia de septiembre de 1910, describió así la inmensa brecha social existente entre la élite dirigente de ese entonces y el resto de la sociedad. A poco andar, dio vida al Partido Obrero Socialista, adhiriéndose años después a la Tercera Internacional Comunista, constituyendo el Partido Comunista de Chile, en 1922.
Efectivamente, fue Marx quien articuló el devenir de las sociedades en una historia de lucha de clases en conflicto. Ricos y pobres, opresores y oprimidos: los que disponen de los recursos productivos, o burguesía, y los trabajadores. Fragmentación que en algún momento debiera manifestarse en lucha de clases, impulsando el cambio revolucionario. Lenin, por su parte, derechamente usó tal eslogan, “ricos y pobres”, con el objeto de establecer dos bandos y estimular la “conciencia de clase” —en otros términos, reconocerse explotado— y así entender el conflicto social como irreconciliable, para legitimar el cambio violento y la revolución, derrotar al zarismo y al capitalismo.
Quienes han estudiado el uso reiterado de la dicotomía en esa forma, afirman que corresponde a una estrategia de polarización del debate ante reformas fiscales y económicas, denunciando lo que consideran privilegios para quienes tienen altos ingresos a costa de la clase popular. Así, los “ricos” o los partidos de derecha, de centro otras veces, resultan ser considerados no como adversarios políticos solamente, sino como oponentes del bienestar común. Algo que únicamente aporta el Estado, según sostienen. En cambio, cuando gobiernan, con la consigna flameando, se justifican cambios drásticos al modelo económico, la expropiación, el aumento de impuestos al patrimonio y altas rentas o la nacionalización de industrias, justificándolos como actos de reparación justa. Desgraciadamente, conscientes o no, además, tienden a establecer un relato de “nosotros contra ellos”, captando seguidores para enfrentar un enemigo común.