Hace tres años, Walter Isaacson —autor de Kissinger: a Biography (1992), Benjamin Franklin: an American Life (2003), Steve Jobs (2011) y Leonardo da Vinci (2017)— publicó la biografía Elon Musk. Este libro tuvo un éxito inmediato. Y la razón es simple: es fascinante o, como dicen los gringos, “mind-blowing”. El autor pudo acompañar a Musk libremente durante dos años. Estuvo con él en sus fábricas de SpaceX y Tesla, fue testigo de la toma de control de Twitter y el cambio a X, asistió a reuniones de directorios y entrevistó a la familia, amigos y colegas. En 95 capítulos cortos, vívidos y rápidos, recorre la vida de este controvertido torbellino. La verdad es que Elon Musk piensa fuera de la caja. Y también da que pensar. No solo llegó a ser el hombre más rico del mundo pasando la barrera de los mil millones de dólares por mil, sino que siempre nos desafía.
En julio de este año, Elon Musk dio una entrevista a Zanny Minton Beddoes, editora en jefe de la prestigiosa revista The Economist. La conversación, sin protocolo y a ratos tensa, duró una hora y media. Nuevamente el diálogo fue libre. Ella pudo preguntar lo que quisiera. Y Musk contestó lo que pensaba. El contraste entre una tradicional mirada liberal clásica y un disruptivo Musk, casi dueño de la verdad y del futuro, saltó a la vista. Vale la pena ver y escuchar esta entrevista.
Musk sostiene que en unos cinco años la inteligencia artificial (IA) superaría a la inteligencia humana colectiva. Y si lo empujan a diez años plazo, cree que para el 2036 el dinero “no importará”. Su argumento es que la IA y la robótica humanoide crearán tal abundancia de bienes y servicios que la escasez dejará de ser un problema. Hasta el trabajo será opcional. Y ni siquiera habrá inflación. Esta apuesta recuerda el sueño de Marx. Si en el siglo pasado el comunismo y el fin del capitalismo nos conducirían a la sociedad de la abundancia, ahora, en el siglo XXI, lo haría la IA de la mano del capitalismo. ¿Cómo no va a ser curioso que la sociedad de la abundancia sea la misma utopía de Marx y Musk? Lo que no logró el socialismo con el proletariado, lo lograría el capitalismo de la mano de los hombres más ricos del mundo. Vaya ironía.
Musk sostiene que no le ha ido tan mal con sus predicciones. Es cierto. Sin embargo, como bien sabemos, predecir el futuro está fuera de nuestro alcance. Y también de la IA. Aunque reconoce que hay riesgos en este proceso, decidió ponerse del lado optimista. Me sumo a este último grupo manteniendo una sana cuota de escepticismo. Soy de los que confían en el progreso y la adaptación de la naturaleza humana frente a los cambios. Es cierto que vivimos transformaciones profundas y exponencialmente precipitadas. Todo es de otra magnitud, pero dudo que la técnica reemplace a lo humano.
En un reciente seminario sobre IA en el CEP organizado por Sylvia Eyzaguirre, Alejandro Vigo aportó una reflexión sobre la sociedad de la abundancia que me quedó dando vueltas. El ser humano está preparado para la escasez, no para la abundancia. Vivimos enfrentando carencias. Esto me recordó a Darwin. La naturaleza humana ha evolucionado y se ha ido adaptando a los cambios. Nuestra historia es una historia de cambios y adaptaciones.
Ahora bien, ¿cómo sería vivir en una sociedad de la abundancia? ¿Se imagina tener todo cubierto sin necesidad de trabajar? Me cuesta visualizar ese escenario marxista o muskista. Trabajamos para tener vacaciones. Y para gozar del ocio. Lo uno lleva a lo otro, como sostenían los presocráticos con los opuestos. O como decía el oráculo de Delfos: “de nada demasiado”.
Hay algo inescrutable en Musk y en muchos de los próceres de la IA. Tienen mucha inteligencia y dinero de sobra. Pero también poder. No sabemos cómo lo usarán. Tampoco lo que pasará con esta nueva revolución. En fin, vivimos tiempos de cambios.