Con la megarreforma recién aprobada, se despeja el camino para ser más ambiciosos. Hay todavía por recorrer en lo económico. La desgastadora permisología y el rígido mercado laboral saltan a la vista. Para qué hablar de la delincuencia. Ahora bien, si la seguridad y la economía han sido las prioridades, no podemos ignorar las dificultades que enfrentan los chilenos en salud.
El Presidente Kast propuso un Plan Cero para las listas de espera y habló de la urgencia oncológica. El año pasado, 30.431 chilenos murieron de cáncer. Hoy esta patología encabeza la mortalidad en diez regiones del país y muy pronto lo hará a nivel nacional. El 2025 se diagnosticaron 63.274 nuevos casos, pero los retrasos GES por cáncer aumentaron de 4.758 a 19.046 en solo cinco años. A esta realidad se suma lo que ya se conoce como el “gasto de bolsillo”: el aporte privado a salud en Chile es elevado, alcanzando un 35%. Tanto Fonasa como las isapres cubren solo una proporción. Por ejemplo, una resonancia magnética puede tener una cobertura cercana a los 80 mil pesos, pero su precio ronda los 150 mil.
En la tradicional encuesta CEP, que ya cumple 40 años, la salud siempre ha sido prioritaria. Ante la pregunta “cuáles son los tres problemas a los que debería dedicar más esfuerzo en solucionar el Gobierno”, salud siempre ha aparecido como uno de los tres más urgentes. Es más, desde el 2015 es la segunda prioridad después de “delincuencia, asaltos y robos”. Ahora bien, frente a los esfuerzos por volver a crecer y recuperar el orden (hoy se roban hasta los semáforos), la salud es un problema incómodo.
Al escuchar en el CEP una reciente conversación entre tres médicos —la ministra de Salud, May Chomali; el presidente de la comisión del Senado, Juan Luis Castro, y la exsubsecretaria Paula Daza— surgen algunas esperanzas.
El debate público en torno al sistema chileno parte con las listas de espera. Los tres millones de pacientes que aguardan atención representan una realidad embarazosa. Aunque la ministra Chomali no habla de listas de espera, sino de tiempos de espera —en sus palabras, “el n no importa, importa el tiempo”—, reconoce que el sistema ha fallado. Se requiere de una cirugía mayor, ya que hay ineficiencias, problemas de gestión y mal uso de recursos. Los incentivos y la búsqueda de soluciones estructurales parecen ser los ejes de su administración.
El senador Castro destacó que la ministra tiene una ventaja: conoce bien el mundo de la salud pública y privada. Además, fueron compañeros de curso en la universidad, lo que también ayuda. Pero la realidad es conmovedora: para la mayoría de los chilenos la pregunta es “¿cuánto esperaré y cuánto pagaré?”. Por eso, recordando nuestra exitosa experiencia enfrentando el covid, habló de un “salvataje nacional”. También destacó la implementación de recetas médicas electrónicas y abogó por una portabilidad de antecedentes médicos. No parece razonable que pidan varias veces el mismo examen en distintos establecimientos.
Aunque las encuestas hablan por sí solas, promover un consenso que permita salir de la lista de espera política es necesario. En esta línea Castro destacó un hecho favorable: hay una ventana de dos años sin elecciones. En otras palabras, hay más espacio para la buena política.
Es cierto que la izquierda radical, mientras atizaba el fin del lucro demonizando lo privado, fue irresponsable. En esos momentos de ánimos caldeados, el sistema de salud estuvo al borde del colapso. Sin embargo, hoy existe consenso en las ventajas de nuestro sistema mixto. Basta recordar la eficiencia —hoy reconocida transversalmente— del gobierno de Piñera durante la pandemia.
Ahora que los adalides del Estado —con “E” mayúscula— y enemigos de lo privado están de capa caída, existe espacio para pensar la salud como tema país. Ojalá así sea.