Cuando leo el diario matinal, suspiro. Pero ¡hay buenas noticias!
En la revista MIT Technology Review de este mes, su editor ejecutivo, Niall Firth, escribe en inglés un reportaje sublime: “300 metros bajo los fiordos de Noruega”.
Reportea la construcción del Rogfast, el túnel carretero submarino más profundo y más largo del mundo.
Él desciende a la caverna, consciente de la presión de millones de toneladas de agua sobre su cabeza: “imagínate un rinoceronte infantil parado sobre una estampilla”, escribe. “Solo una ingeniería fabulosa está evitando que me aplasten, me ahoguen, o desaparezca”.
El Rogfast será una autopista de 26,7 km a 390 m bajo el mar en su punto más profundo. Abren el túnel a punta de tronaduras, no taladran.
Abajo, en la inmensa cueva, Firth deja pasar vehículos gigantes con toneladas de roca. Retumban. Los operarios trabajan 12 días, descansan 16. Turnos de 12 horas.
Avanzan desde cada punta. Usan múltiples escaneos láser para medir la orientación. Se encontrarán en 2029. Terminarán en 2033.
Combatirán la presión y el volumen del agua, que inevitablemente se infiltrará. La bombearán hacia afuera.
Firth, acompañado de Gilje, geólogo mandamás de las carreteras públicas de Noruega, describe las variedades de roca que deben penetrar. Un tipo contiene mucho cuarzo, que es tóxico cuando las explosiones lo liberan. Los trabajadores usan monitores que miden su exposición; cataratas de agua ante las tronaduras contienen el veneno.
Cada 80 metros, con un láser envían ondas sonoras para evaluar la integridad estructural de la roca. Gilje dice que el Rogfast durará cien años.
En Kvitsøy abrirán, en la mitad del túnel, dos ductos de 9 m de ancho para, uno, entregar aire puro y el otro, para succionar el sucio.
Firth explica cómo obras de arte combatirán el sueño de los choferes, cómo los 8,5 millones de metros cúbicos de residuos crearán nuevos terrenos. Cómo protegen las langostas y el bacalao.
Está tan bien escrito este reportaje (me ayudó a traducirlo DeepL). Es una novela. Concluye con Firth ante una voladura. En su bolsillo, un transmisor informa de su posición exacta. Si vibra con luz azul, debe buscar refugio; si con luz roja, ¡a evacuar!
Con luz roja debe llegar a recintos para 16 personas, hay víveres para 24 horas.
Firth se instala junto al trabajador que aprieta el botón. Escribe:
“La onda de choque me golpea antes de que la oiga. Me vibra el pecho. En los primeros milisegundos, un golpe propulsivo aturde brevemente mis sentidos, seguido de inmediato por un estruendo retumbante y aplastante.
“Apenas un momento después —casi al instante, en realidad— el viento se arremolina por la caverna. Las rocas traquetean al chocar contra las paredes. Trato de no mostrar pánico. Se hace el silencio, y solo se oye el tintineo de las piedras al rebotar y saltar entre los escombros.
“El polvo se eleva en el aire y hay un olor extraño.
“A través de mis protectores auditivos, suena como el fin del mundo.”
Entre escombros, construir lo más complejo ¡es posible!