El año pasado a mi hijo le robaron la camioneta mientras jugaba fútbol en la liga. Hicimos la denuncia correspondiente y unos 45 días después, gracias a un control rutinario de un diligente carabinero de Huara —a 180 km de la frontera con Bolivia— se detuvo a los ladrones y recuperamos la camioneta, no sin antes enterarnos de que la denuncia al juzgado había sido anulada por manos moras, por lo que hubo que hacerla de nuevo. En marzo, al sacarle patente me enteré de que el mismo Estado que la estaba buscando había cursado un parte por exceso de velocidad a los ladrones, el que tuve que pagar yo, por cierto. El Estado tenía la denuncia por robo en un juzgado en Santiago, pero la información parece no estar disponible para otro juzgado en Huara, que le cobra un parte al dueño por las infracciones cometidas por los ladrones. ¡Plop! Son los problemas de descoordinación y burocracia que se ven todos los días en los servicios estatales y que no se solucionan nunca.
La ministra de Salud, en el seminario de Clapes, denunciaba los mismos problemas dentro del ministerio del ramo: descoordinaciones y falta de información entre brazos de la misma repartición, que trasuntan en un mal servicio público, que no es inocuo, pues muere gente esperando que la mano derecha sepa lo que hace la izquierda.
Lo del Tren de Aragua había sido detectado, los bancos habían enviado la información a la Unidad de Análisis Financiero (UAF) y esta a la fiscalía, pero al parecer dormía en el escritorio equivocado. Si no es por las advertencias de los servicios de inteligencia de EE.UU., los maleantes seguirían lavando dinero a través de nuestro sistema financiero.
Esta ineficacia no es monopolio del Estado de Chile. Pearl Harbor y las Torres Gemelas pudieron haberse prevenido si la información disponible y dispersa en diversos organismos estatales hubiera sido procesada diligentemente y enviada al escritorio adecuado de quien podría haber tomado las medidas necesarias para evitarlos. Eso es lo que muestra la ingeniería reversa que se ha hecho ex post de ambas tragedias. El Estado tenía la información y pudo haber conectado los puntos. La inteligencia demanda recopilación de información, que fluya a las personas que pueden consolidarla, procesarla y entenderla y entregarla a la persona que puede tomar decisiones. Nada de eso existe en el Estado chileno. La ineficiencia estatal provoca muertos.
El tema de la semana ha sido los cientos de niños haitianos que ingresaron a Chile durante el gobierno pasado, entre enero y octubre de 2025, en vuelos chárter (al menos 11) que nadie sabe quién autorizó ni quién financió. El escándalo partió por una denuncia de un diputado de la UDI a Contraloría, que hizo un preinforme donde destapó el tema. Ahora el Estado reúne a la fiscalía, Servicio de Migraciones, Defensoría de la Niñez, Ministerio de Desarrollo Social, Contraloría, DGAC, etc. Tugar, tugar, salir a buscar. Hasta el momento, nadie parece tener claro quién los trajo, cuántos y quiénes son, ni dónde están, ni siquiera saben si siguen en Chile, y el encargado de Migraciones nombrado por el presidente Boric no da pie con bola, mostrando que el factor común que une a los frenteamplistas es la incompetencia. A su vez, el mínimo común denominador de los organismos del Estado es información dispersa que nadie coordina para unir los puntos. Una vergüenza. Yo les preguntaría de nuevo a los gringos, porque ellos parece que son más efectivos que nosotros.
A las empresas privadas las forzaron a competir en el mundo y eso las hizo ponerse al día en tecnología, recursos humanos, calidad de productos y servicios. Esta era una cuestión de sobrevivencia: si no lo hacían, iban a desaparecer. El Estado no compite con nada, es un monopolio, con todos los defectos de mal servicio, poca innovación, burocracia, captura política y abuso que lo caracterizan. Por eso los chilenos, en todo lo que pueden elegir entre el Estado y los privados (salud, educación, etc.), eligen privado, pero la izquierda se rebela y negándose a toda evidencia, insiste con los monopolios estatales, que quedan a cargo de políticos o de burócratas. Como dice Sowell, “qué puede salir mal si dejamos a cargo de nuestras cosas importantes a personas que no pagan ningún costo por estar equivocadas”.
Afortunadamente este gobierno es realista y la tiene clara: menos burocracia, menos “permisología” y más sector privado. Pero mientras lo logra, por favor encuentren a esos niños.