Cuando navego por internet me cautivan siempre las páginas de universidades. En la portada de la puc.cl con mi mujer vimos una conversación de cuatro periodistas con el rector Juan Carlos de la Llera donde Miguel Laborde le planteó el problema de los silos de la especialización.
Se trata de un tema que debe abordar cada autoridad, cada uno, en realidad. Hace poco un traumatólogo me derivó a un neurólogo. Y no considero a nadie mi dentista, me atiendo en un centro dental, donde especialistas parecen jugar al “comprahuevos” conmigo.
Al final, uno es como una autoridad de su propio cuerpo y alma.
O es como la autoridad de una universidad, o de un país, porque todos los temas que se le presentan se interrelacionan.
El rector De la Llera, en esa entrevista, recurre a la imagen de la letra mayúscula “T” para visualizar el asunto. En la vertical está el difícil camino de la especialidad, el silo de la profundidad, como dijo Miguel Laborde. Pero en la horizontal está el travesaño de la “T” que aborda los temas relacionados, las otras disciplinas que requieren coordinarse para comprender y emprender el camino que diseñe un plan que proponga acciones.
A veces surgen conflictos. Mi señora duda que un neurólogo tenga que ver con mis huesos. A ella la atiende una joven kinesióloga musculosa.
Me carga la palabra “complejo”, es como “increíble”: no dicen nada. Parecen eludir lo que quieren entender.
Recuerdo la conferencia que dio Murray Gell-Man en 1985, el gran físico que partió —en el Sheraton— mostrando una caja de zapatos de donde extrajo un manojo de corbatas: “Voy a hablar de la complejidad”, dijo. Las corbatas eran todas diseñadas por Jerry García, voz del conjunto “The GratefulDead”, verdaderamente telarañas a las cuales había que encontrarle el sentido.
La letra “T”, las corbatas complicadas, ayudan a percibir los desafíos de uno frente a su propio cuerpo y los desafíos de los rectores y rectoras, y el de presidentes, ante sus tareas.
Por eso, también, el valor de las preguntas, como la que formuló Miguel Laborde.
La semana pasada estuvimos presentes los preguntones, periodistas, en el funeral de nuestro querido colega Leonardo Cáceres, en la parroquia de plaza Ñuñoa. Varios de los oradores destacaron el deleite de Leonardo ante una gran pregunta.
Nos mirábamos y nos saludábamos. Recorríamos nuestras experiencias con el difunto. En mi caso, cuando él era jefe de prensa de Canal 13, en el año 1970. Otros, cuando trabajó en Radio Magallanes. O en sus opciones políticas, que lo llevaron al exilio. Y otros, en sus tertulias, al regresar al país.
No son inocuas ni las preguntas ni las respuestas. Por eso, son difíciles, como se ve en la conversación con el rector Juan Carlos de la Llera (https://bit.ly/4fo0xt1).