La reciente votación en la Cámara de Diputados para levantar un monumento al expresidente Piñera, por 112 votos a favor, 22 en contra y 9 abstenciones, es el reflejo de algo más profundo. Aunque el exmandatario descansa en paz y su figura ha crecido, el Partido Comunista (PC) y el Frente Amplio (FA), junto a algunos representantes del Partido Socialista (PS), votaron en contra de ese simple y merecido gesto republicano. Si intentaron derrocarlo en vida, hoy sabemos que su agenda es perpetua. Para ellos, el enemigo nunca muere.
Otras señales de la izquierda son también preocupantes. En el reciente congreso ideológico del FA, con la presencia del expresidente Boric y su familia, sobresalía un cartel en el que se podía leer “Nunca serviles a locos y genocidas”. Y bajo ese eslogan aparecía el rostro del Presidente Kast con cuernos diabólicos. Al parecer, la nostalgia de los patios universitarios se mantiene muy viva en esta generación que eligió la política como su oficio. Tal vez eso explica los llamados a la redistribución de la riqueza durante esa jornada supuestamente ideológica.
Los liceos emblemáticos fueron un ejemplo de mérito y movilidad social. Pero por largo tiempo fuimos testigos —y varios, cómplices pasivos— de los overoles blancos y las molotov. El daño a varios establecimientos en Santiago es evidente. Como era de esperar, los encapuchados están de regreso. Esta semana fue el turno del liceo Lastarria, en la comuna de Providencia: intentaron quemarlo. Eso sí, esta vez los estudiantes, funcionarios y profesores lucharon para protegerlo. Ahora los afectados y la sociedad civil defienden lo propio. El miedo ha dado paso a esa valiente prudencia que cuida la propiedad pública y privada.
Por si fuera poco, en varias universidades ya se respira el regreso febril de las protestas y tomas. En la inauguración del año académico de la Universidad Austral vimos lo que sufrió la ministra Lincolao. No se puede invitar a una autoridad, someterla a un encierro, obligarla a dialogar y en seguida atentar contra su dignidad e integridad física. Su coraje y fortaleza deben promover la reflexión entre los estudiantes sin soslayar las represalias que merecen los autores.
La supuesta “desobediencia civil”, que tanta destrucción, ruina y decadencia nos trajo durante el estallido, hoy es más difícil de defender por los intelectuales de la ultraizquierda. Si bien eso es lo que uno esperaría, muchos líderes de Apruebo Dignidad (PC + FA) todavía no se definen ante la violencia. De hecho, los jóvenes ya no tan jóvenes del FA, que eligieron seguir la carrera política, todavía mantienen encendida esa llama que tanto daño causó. ¿Escucharemos algún día el nunca más de la ultraizquierda ante la violencia?
Las reacciones contra las duras medidas por el alza del precio del petróleo a ratos revelan la cara oscura de la izquierda extrema. Para los herederos de Apruebo Dignidad, las medidas del Gobierno “están provocando a la gente”. El presidente del PC, ahora con un pie en la calle y otro en Cuba, declaró que “el Gobierno está casi incitando a que haya respuesta”. Y una diputada de su partido remató que “la olla a presión que están instalando va a estallar”. Las advertencias sobre un nuevo estallido, amparadas en la violencia, siguen latentes. El problema es que la gran mayoría de los chilenos ya están hartos de todo eso.
Si el Gobierno partió con cierto viento de cola, la guerra volvió a poner la economía en el centro de la discusión. La subida de los combustibles ha afectado los bolsillos de todos los chilenos. La recuperación económica será mucho más difícil. Es de esperar que el paquete de reformas, cuyo foco estará en la reactivación, tenga la acogida que merece. Pero no se sorprenda. La ultraizquierda, que se negó a erigirle una estatua a Piñera, torpedeará y rechazará lo que sea.