Cuando niño, en mi hogar católico, los viernes nos absteníamos de comer carne y durante cuaresma, evitábamos los caramelos.
Esta semana termina la cuaresma, pero no la abstinencia, sospecho.
Estamos preparados, los mayores. Recuerdo los caballetes en casa de mi abuelo que habían sostenido el viejo Ford, para que no sufrieran sus neumáticos en tiempos de combustible cero. Por la crisis del salitre y la gran depresión. Y la guerra. Mi papá se encaramaba a una “góndola” hacia el centro.
Y huelo el brasero a carbón que nos calentaba y ayudaba a secar la ropa.
Prohibieron los braseros, por mortíferos.
¡Qué bendición fue la primera estufa a parafina, con su olor y contaminación!
Y estaban los calcetines tejidos y los guateros. Mi abuelo, calvo, dormía con gorro y se tapaba con una manta de Castilla negra y un cubrecama de guanaco. Le decían “El tío Pichón”.
Firmada la paz en 1945, no cesó la escasez de trigo, azúcar, combustibles y textiles en el país. Las carencias sirvieron en Chile, el racionamiento estimuló la producción local.
La crisis del petróleo en la década del 50 nos obligó a imaginar. Y luego, vinieron las escaseces y el racionamiento entre 1970 y 1973. Uno de mis más grandes errores me pesa: avisado de que una gasolinera en Los Cerrillos tenía combustible, partí desde Las Condes con un bidón de 30 litros en mi citroneta verde, llené el vehículo y el bidón, ¡y este se me quedó en el pavimento! Por suerte, teníamos el medio litro de leche para los hijos.
En 1998, sufrimos sequías y los cortes en energía eléctrica. Fue un anuncio. Desde 2010, han ido disminuyendo los caudales de ríos como el Maipo, Aconcagua, Copiapó y Petorca. Disminuyen los campos regados, aumenta el uso de camiones aljibe, hierven conflictos por el agua. El norte, especialmente, sufre racionamientos. Y también se corta en comunas de alto consumo como Las Condes, Vitacura y Barnechea.
Ya en 2007-2008 habíamos sufrido el corte del gas argentino. Y luego nos ahogó la pandemia, hubo cortes programados.
¡En fin! Le contaba todo eso a mi nieta de 15 años que fui a buscar a mi colegio, (ahora, mixto) ¡ella no lo podía creer! Recién tiene celular, habló del aparato como un derecho humano.
La abstinencia no es solo apretarse el cinturón, en algunos casos también es aprender a aplicar ese lema que me espetó mi guía turística por Codpa, comuna de Camarones, cuando le pregunté cómo lo hacían si el generador eléctrico les daba luz solo entre las 20:00 y las 23:00 horas: “Acá tenemos un lema: lo que no hay, no hace falta”.
Y sabían gozar su historia, sus petroglifos, el sol, el agua del río, aprovechar el sistema de salud público, y ese vino dulzón que solo ellos fabrican. Y la biblioteca con computadores activos por tres horas.
Y el comadreo, que no para. Es lo que hay.