La historia tiene más de 2.500 años. Esopo nos habla en una de sus fábulas acerca de la cigarra y la hormiga: una guarda para el futuro, la otra se dedica a gozar. Sus destinos fueron, ciertamente, muy distintos: cuando llegó el invierno la cigarra no tenía qué comer y la hormiga sí. Todavía más antigua es la historia de José: hace casi cuatro milenios, ese ministro del faraón egipcio guardó trigo durante los siete años que duraron las vacas gordas, para poder alimentar a su pueblo cuando llegara el largo período de las vacas flacas.
¿Fue la decisión de José una medida tomada por una estricta racionalidad económica, carente de toda sensibilidad política? Por supuesto que no: la conducta de José tuvo un carácter claramente político. Por supuesto que la política es más importante que la economía, la medicina o la ingeniería, pero las supone.
La situación que hoy vive Chile con la crisis de combustibles por circunstancias que son completamente ajenas a nuestra responsabilidad representa un caso único. Ella nos permite ver cómo actúan en la práctica dos concepciones filosóficas opuestas a la hora de entender la política.
¿Es la política simplemente un ejercicio para adquirir, mantener e incrementar el poder? Si es así, entonces el gobierno del Presidente Kast ha hecho una locura y el ministro Jorge Quiroz es, como ha dicho un diputado de la oposición, un auténtico “sociópata”.
¿Ignoran, acaso, nuestros gobernantes que un alza tan considerable de los combustibles los llevará de manera directa a la impopularidad? ¿No son conscientes de que bastaba con endeudar a las generaciones futuras para resolver nuestros actuales problemas de una manera más cómoda?
Mientras tanto, los imitadores de las cigarras se frotan las alas. Hasta hace unos días, ellas estaban desconcertadas, en sus filas abundaban las recriminaciones y no tenían nada que ofrecerle al país para el futuro. Ahora ven que la situación no es tan mala como pensaban, porque una guerra salvadora ha cambiado el escenario por completo. Ahora no son ellas las que tienen que rendir cuentas a la ciudadanía, sino el Gobierno.
Es verdad que las autoridades nos han dicho una y otra vez que no hay plata y que la situación de las cuentas fiscales es mucho peor de lo que habían imaginado. Pero es inevitable que el público crea que exageran. A nadie le resulta fácil reconocer que está mal y que eso exige tomar duras medidas de austeridad.
Si la política es juego de poder y nada más que eso, entonces hay que reconocer que es la oposición y no el Gobierno quien sabe hacer política. Ella está aprovechando el momento para reorganizarse sin necesidad de pasar por un proceso de autocrítica que habría sido muy doloroso. En esta situación, el canto de la cigarra puede resultar muy tentador para el país y la nueva izquierda ya se apronta para volver a La Moneda. Su discurso será tan fácil como decirles a los chilenos que no es necesaria tanta sobriedad, que la carga ya se arreglará por el camino.
Todo eso es la lógica consecuencia de pensar que aquí lo único que importa es tener el poder y, con él, todos sus beneficios.
Sin embargo, también hay otra forma de concebir la política. Existe una amplia y antigua tradición que la entiende como una actividad que no está orientada simplemente a satisfacer las ansias de dominio de algunos individuos y grupos, sino que busca el bien común. Si esto es así, bien puede suceder que haya decisiones que son, a la vez, políticas e impopulares.
Todo parece indicar que nos hallamos ante este escenario. La guerra no la inventamos nosotros y no podemos evitar que el petróleo suba de manera exorbitante. Sabemos que el gobierno anterior aplicó la lógica de la cigarra y nos dejó sin plata, de modo que el margen de maniobra es mínimo, a menos que el gobierno quiera patear el problema para más adelante, cuando sea aún mayor y el mal se torne irremediable.
En realidad, no es el Gobierno el ingenuo ni sufre Kast de un exceso de idealismo. Sucede que algunos quieren vivir como si la guerra no existiera simplemente porque les parece injusta. La suya es una protesta contra el orden cósmico: como querrían que por todas partes reinara la paz y que la escasez de los bienes no nos afectara a los chilenos, entonces llaman a llenar el país de huelgas y movilizaciones contra un gobierno que, a su juicio, representa esa realidad que detestan.
A cada manifestante habría que preguntarle: ¿Qué propone usted? ¿Qué empresas estatales o bienes públicos va a privatizar para obtener los medios que permitan paliar esta emergencia sin endeudar a los chilenos que hoy son menores de edad o que aún no han nacido? Porque si no tiene una solución posible, entonces, aguante, como tuvo que aguantar la humanidad durante milenios, porque la situación que hemos vivido durante unas décadas en Occidente es algo muy excepcional en el contexto de la vida del ser humano sobre la tierra.
No es fácil que la lógica de la hormiga que nos propone Kast logre imponerse en este escenario adverso. Pero si lo consigue, el país quedará inmunizado por largo tiempo contra la lógica de la cigarra y habremos visto que es posible que la política y la verdad puedan caminar juntas.