Para muchos, la Guerra Fría entre la Rusia soviética y los EE.UU., que parte después de la Segunda Guerra Mundial y termina con la caída del Muro de Berlín, fue una fracaso de la diplomacia; para otros fue un éxito, porque la alternativa a una guerra fría es una caliente y, peor aún, que escale a un conflicto global.
Hoy estamos en una segunda guerra fría —y ojalá que nunca escale a una caliente—, pero reconocer que existe es importante para Chile. En la primera fuimos erráticos, Allende visitó Moscú, pero los rusos aprendieron de la crisis de los misiles cubanos y, salvo regalarle un reloj y algunos dólares, no quisieron desafiar a EE.UU. Frei (padre) trató de navegar como una alternativa entre el capitalismo y el comunismo, y Pinochet le declaró la guerra ideológica al comunismo.
Esta nueva guerra fría se da entre EE.UU. y China, y Chile debe desarrollar una política de Estado coherente y profesional. En esta ocasión, hicimos todo mal. El Presidente Boric no supo distinguir entre sus afectos ideológicos y los intereses permanentes del país. En vez de pasar piola, se dedicó a torear a Trump. Después, no se puso corbata para el cambio de mando, para la audiencia con el Papa ni para el funeral del presidente Piñera, pero sintió lesionada la dignidad de su cargo, porque el canciller Rubio y no el Presidente Trump lo llamó por fono, y no le atendió el llamado. Churchill y Stalin agasajaban a Harry Hopkins, que no tenía otro cargo que ser amigo y asesor de Roosevelt, porque entendían que era sus ojos y oídos, y sabían la importancia para sus países de hacerlo. Pero nuestro Presidente se hizo el lindo y terminó humillado.
Cualquier conflicto moderno será cibernético y el 97% de la información que se transmite va por cables submarinos, no por satélites. Un cable que lleve la comunicación del continente a China controlado por los chinos es para EE.UU. peor que poner misiles en Cuba o darle el control del Canal de Panamá a China. ¿En qué estaban pensando en el Gobierno?
En noviembre del 25, la Casa Blanca publicó la “Estrategia de Seguridad Nacional”, un documento de 29 páginas que si en el Gobierno lo hubieran leído, todavía su ministro y subsecretario podrían visitar EE.UU., y que señala:
“Queremos un hemisferio que permanezca libre de incursiones foráneas hostiles o que permita que estos se adueñen de activos clave o de las cadenas de suministros (…). Queremos asegurar que la tecnología de los EE.UU. y sus estándares —particularmente en AI, biotecnología y computación cuántica— dirijan el mundo hacia adelante”.
“Muchos países se han sentido atraídos por hacer negocios con potencias extranjeras que ofrecen bajos costos (...). EE.UU. ha sido exitoso en demostrar los costos ocultos en materia de espionaje, ciberseguridad (…), en esas supuestas ayudas. Debemos acelerar estos esfuerzos (…) para rechazar esas asistencias”. Esa publicación vino precedida del viaje de Pompeo a Chile, del incidente de los pasaportes y de la visita de la ministra de Seguridad a nuestro país. Pero, además, Trump capturó a Maduro y amenazó a Petro, ¿qué parte no entendimos?, si hasta Mark Carney lo dijo en Davos, citando a Tucídides: “Estamos en un mundo en que los poderosos hacen lo que quieren y los débiles, lo que pueden”. Más claro que echarle agua: un cable controlado por los chinos no iba a ser aceptado por EE.UU.
Y así como el gobierno saliente ha actuado mal: improvisado, descoordinado y mintiendo; el gobierno entrante lo ha hecho bien. El futuro canciller dijo que debía recabar información para tener una posición y tuvo razón, porque lo dijo antes que “El Mercurio” publicara el decreto de concesión a los chinos anulado por “errores de tipeo”, y ahora Kast y su canciller asistirán a la cumbre con Trump, donde este será un tema clave. EE.UU. está embarcado en una política exterior jacksoniana (por Andrew, no Giorgio) y será el mejor amigo de sus amigos y el peor enemigo de sus enemigos.
Escuché al embajador de EE.UU. en una reunión con empresarios y fue claro. Su gobierno nos considera un aliado y quiere tener las mejores relaciones con Chile, pero quiere que ese cariño sea recíproco. No tiene problemas en que comerciemos con China y el mundo, pero sí que seamos cautelosos en temas estratégicos —como es un cable submarino—, y quiere aumentar el comercio y la inversión con y desde EE.UU. No todo es coherente, por cierto, desarrollar el comercio mientras se imponen aranceles parece contradictorio, pero así son las superpotencias y hay que aprender a navegar con ellas. EE.UU., como cualquier otra, ofrece amenazas y oportunidades. A diferencia de Boric, Kast debe aprovechar las oportunidades, evitar provocaciones y mejorar las relaciones.