Se dice que hay dos almas en la izquierda, por la alianza de los partidos del Socialismo Democrático —ex-Concertación— y Apruebo Dignidad (comunistas y frenteamplistas). Como si fueran aliados que han mantenido una relación profunda, en circunstancias que han aflorado varias tensiones entre ellos, algunas ruidosas, reflejando diferencias de fondo. ¡Cómo no!, toda vez que el PC declara ser un partido marxista leninista, portador de una ideología que marca extrema distancia conceptual, asumida, parece, por el Frente Amplio. Conste que:
Considera que la democracia liberal no es representativa, porque en la práctica empodera a los sectores altos: la “burguesía” u “oligarquía”. Aunque, en realidad, es la amplia clase media la predominante y mejor representada políticamente en el Congreso. A cambio, aboga por una democracia popular, en el supuesto de que el pueblo adquiere el protagonismo en la toma de decisiones, representando —así lo afirman— una participación social más profunda, impulsando cambios en ámbitos decisivos y consolidando un Estado con poder absoluto: ¿y en qué manos?
Condena también al empresariado, porque explota el esfuerzo del trabajador, al decir del marxismo, porque la “propiedad privada de los medios de producción” genera desigualdad social —“ricos y pobres”— y consecuentemente, por añadidura, también desaprueba el crecimiento productivo, la inversión de nacionales y extranjeros, porque concentra la riqueza en una élite —¿qué dirán esforzados emprendedores?—. Desde esta concepción deriva el principio de la expropiación e intervención del Estado en todo el sistema nacional, a cambio de implementar el modelo de planificación estatal que afecta a ciertos países.
Por cierto, la ideología es mucho más, solo se mencionan estas convicciones esenciales irrenunciables y vigentes en la racionalidad existente en la tienda, que responde a la acendrada teoría sobre la “lucha de clases y creación de un Estado socialista, a secas”: esencia de su existencia.
Se conoce el pensamiento grosso modo, pero debiera entenderse cabalmente, analizarlo, para evaluarlo en su mérito, especialmente por los partidos de izquierda. Porque el PC ha buscado, históricamente, ser parte de coaliciones, asumiendo a contrapelo las vías de la democracia liberal, y ha participado de la institucionalidad, mas desde esa posición ha promovido cambios de su agenda, armonizándola con movilizaciones organizadas por su estructura celular en los territorios y comunas neurálgicas, con la finalidad de forzar reformas profundas —nueva Constitución— acordes con sus más caras aspiraciones. ¿De qué otro modo podría explicarse tanto interés por integrar un conglomerado?