Coquetos anteojos de colores con diseño italiano, ropa de marca cuidadosamente seleccionada, con sus tatuajes a la vista para lograr esa estudiada combinación de revolucionaria chic, como el Che Guevara con su Rolex. El trovador cubano Silvio Rodríguez, que ella tanto aprecia, diría: “La palabra precisa, la sonrisa perfecta”.
Con una mirada inescrutable, gélida, que trasunta la ternura de un comisario soviético, usa el mismo tono y la misma expresión para informar acerca de cientos de quemados en Lirquén así como la baja de la inflación. Los escándalos del Gobierno los minimiza y despacha sin trepidar: son desprolijidades, indica. Los errores ajenos los magnifica y eleva a problemas morales insalvables: ponen en riesgo los mínimos civilizatorios, afirma. Si un carabinero es atacado por una jauría rabiosa, ella estará del lado de los perros, estoica, impertérrita e inmutable.
Nada en ella es improvisado ni espontáneo. Si se enoja es por táctica, si se ríe es por conveniencia, si saluda es por interés. Asistí cinco meses a la comisión de Educación de la Cámara de Diputados. Partidarios y opositores nos saludábamos antes de cada sesión, cordiales. Ella nunca. Jamás un “buenos días” o un “¿cómo está?”. Nada que indicara un atisbo de humanidad. Yo no era una persona ni una autoridad, era un enemigo a vencer y destruir. Ninguna intención de escuchar, aprender o corregir, solo avanzar en la sistemática implementación de su agenda política.
Así es nuestra vocera que, con esos labios de rubí de rojo carmesí como diría Sandro, ha sido fiel al libreto de todos los voceros del comunismo. Ella no miente, silencia la verdad; no niega los hechos, los tergiversa. Es una prestidigitadora que nos fuerza a mirar hacia otro lado. Si le preguntan acerca del aumento del desempleo o de la deuda pública, contesta con la disminución de la inflación. Es la reina de los eufemismos: la corrupción es una irregularidad, el porno es cultura y el Presidente no es malo para la pega, sino que hace home office. Para ella, mi admiración a la distancia, esa que todos alguna vez hemos sentido por el mal cuando viene acompañado de talento o ingenio, como la que sentimos por los ladrones del Louvre. O el lanza que le robó la cartera a la ministra de seguridad de los EE.UU.
Aunque en esto la vocera tiene razón: Chile no se cae a pedazos. No gracias a ella ni a su gobierno, sino a pesar de ella y los suyos. Pero qué importa la verdad si lo importante es el legado. Su postura frente a La Araucanía fue rechazada a balazos en Temucuicui; la superioridad moral murió con el desfalco de las fundaciones, el robo de los computadores de Giorgio y unos sours místicos; su nueva Constitución fue rechazada por el pueblo de Chile; su proyecto económico estrella, ese del gas a precio justo, no pasó de Chiguayante; su refundación de Carabineros se la negó la realidad de la violencia; su reforma tributaria la rechazó el Congreso; su desorden administrativo lo frenó la Contraloría, y su intento de crucificar a Carabineros se lo rechazaron los jueces. No pudo generar inflación, porque hay un Banco Central que se lo impide. Pero ella se congratula por ese logro.
Chile es grande porque tiene una sociedad civil resiliente, que se movilizó a lo largo del país para rechazar una nueva Constitución que ponía fin a la democracia como la conocemos. Porque tiene funcionarios públicos ejemplares como Carmen Gloria Valladares, Dorothy Pérez o el comandante Crespo. Chile es grande porque tiene partidos de oposición responsables, que cumplen con su deber y respetan la democracia y, sobre todo, porque tiene una prensa libre que ella trató de silenciar sin éxito.
Chile tiene desafíos en todos lados: en salud, educación, vivienda, sistema político, etc… Hay mucho por reformar y mejorar. No es este gobierno el que sentó las bases para que nos recuperemos. Su legado serán los indultos a delincuentes, el dinero de los pobres desviado a fundaciones de amigos y el feminismo de cartón, silente frente a los abusos del subsecretario o al financiamiento de la pornografía.
Por eso no pido como Silvio que “ojalá pase algo que los borre de pronto, una luz cegadora o un disparo de nieve”. Solo quiero que maduren y que Chile vuelva a tener un gobierno donde impere el rigor intelectual, el profesionalismo laboral y la gestión ejemplar. Lo de nuestra vocera en el futuro son las luces del espectáculo, los salones de los organismos internacionales o las pasarelas de las ONG. Porque el comunismo no tiene cabida en las democracias liberales.