Las sorprendentes noticias acerca de Venezuela, con Maduro y su esposa Cilia capturados en una operación de película, copan la agenda. El debate sobre el rol de los Estados Unidos y el nuevo orden mundial es el gran tema. Y el gran desafío futuro. Es cierto que la izquierda confunde tolerancia con indiferencia y derecho internacional con inmovilismo. Tal vez por eso la influencia de los organismos internacionales que se contentaban con largas reuniones y cuidadosos comunicados es cada vez menor. También es cierto que Trump y su estrategia MAGA (Make America Great Again) sienta riesgosos precedentes y alimenta fundados temores. Aunque legalmente se pueda justificar la captura de Maduro, la incertidumbre que se ha desencadenado es enorme. Sumergidos en la ambigüedad, al ritmo de este baile de dilemas, vivimos tiempos de cambio. Solo queda esperar que la transición en Venezuela sea exitosa.
Boric fue valiente al rechazar desde un comienzo la brutal dictadura de Maduro. Está por verse si también lo fue con sus últimas declaraciones o pecó de ingenuo o imprudente.
Ahora que su gobierno termina, continúan las caídas. La embajadora en Nueva Zelanda, que se desempeñó como jefa de Protocolo, tuvo que dejar su cargo. Y el mítico segundo piso, que ya vio pasar a Lucía Dammert y Miguel Crispi, sufrió otra baja. Ahora fue el turno de Felipe Melo, compañero del círculo estudiantil del Presidente. Tras su paso por la Dirección Nacional del Servicio Civil y la presidencia del Consejo de Alta Dirección Pública, se comenta que él sería el artífice de la ley de amarre que presentó su sucesor en la FECh, Nicolás Grau. El actual ministro de Hacienda ya anunció que será todo o nada. Vaya cierre fiscal.
Esta norma, que blindaría a unos 380.000 empleados a contrata, generó una reacción inmediata. Vittorio Corbo nos recordó que desde la dictadura no se veía una medida de este tipo. ¿Cómo no va a ser irónico que este gobierno termine con una propuesta que solo tiene un precedente con Pinochet? Inspirados por el alicaído gurú intelectual Íñigo Errejón, hicieron un tremendo daño al ecosistema de las fundaciones con el caso Convenios. Y cuando intentaron que el Estado comprara la casa de Allende, se terminó anulando la operación y denigrando a la familia. Pero como si estos episodios no hubieran dejado lecciones, el gobierno del Frente Amplio insiste con los amarres. Es difícil conocer los pormenores y la cocina detrás de esta iniciativa, pero una cosa es pasar gato por liebre. Otra muy distinta es pasar un elefante.
Este fin de semana vimos al mandatario pasando un buen rato en la Cafetería Popular del Barrio Yungay. Este boliche recibe a sus clientes con un logo de Marx con una taza (o brindando con una copa de espumante para las fiestas). Acunando a su hija Violeta, entonaba las canciones de Chinoy. Y cerró el concierto con unas emotivas y sentidas palabras. Se refirió a “un corazón que está latiendo fuerte, que tiene angustia, pero que tiene fuerza”. Desde su época estudiantil, el arte de la retórica le sienta bien a Boric. La improvisación puede ser más inspiradora que sus elaborados discursos.
Mucho se ha especulado sobre su futuro político. Es evidente que ha construido un personaje. Esa palabra que viene de prósopon —las máscaras que usaban los actores en la Grecia antigua— también inspira su personalidad. Esta nos recuerda al dios Jano, ese dios de las dos caras, de los comienzos, los finales y las puertas. Los romanos cuentan que las dos puertas de su templo se cerraban en tiempos de paz, pero se abrían durante la guerra. Abrirlas era un acto de esperanza para que los vientos se llevaran los conflictos y volviera la paz. Ojalá que ahora, de vuelta a la oposición, los poetas de entonces, que ya no son los mismos, sepan custodiar esas puertas.