Ganando también se puede perder. Esa fue la gran lección de la primera vuelta presidencial para el oficialismo y su candidata, Jeannette Jara. Sobre sus espaldas descansa una tara —el Gobierno, el PC y el momento que vive el país— difícil de acarrear. La reciente señal de respaldo que le entregó el Presidente Frei a José Antonio Kast, declarando “coincidencia en los temas esenciales”, es simbólica.
Fue un balde de agua fría para el comando que chapotea bajo la vocería de Francisco Vidal. Mientras tanto, la escurridiza Presidenta Bachelet conmemoraba el “Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer”. Está por verse si su interés por alcanzar la Secretaría General de la ONU le permitirá apoyar a la compañera Jara.
Durante el gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle (1994-2000), el crecimiento promedio fue de un 5,5% anual. Fue el artífice de grandes reformas y cambios. Y su figura ha crecido con el tiempo. Desde el profundo deterioro de la política y la economía, el Presidente ha emergido como un ejemplo de sensatez. Ante el plebiscito refundacional fue claro y consistente declarando “discrepancias insalvables” y explicando sus razones para apoyar el Rechazo. Su posición ante el estallido fue tajante: “destruyeron algo que Chile había construido por años”. Si bajo su gobierno la DC tenía 13 senadores y 37 diputados, el partido de la flecha hoy subsiste con un puñado de parlamentarios. En estos duros momentos, nada más gráfico que las reacciones ante la foto del candidato Kast junto a Frei. Las airadas palabras de los sobrevivientes DC incluyeron amenazas de expulsión.
Pero los grandes ganadores fueron Parisi, Kaiser y los ideales de la derecha. Si el primero ha deslumbrado, lo que hizo el líder libertario es notable. En poco tiempo logró convertirse en una fuerza política relevante, con 1,8 millones de votos. Su discurso de la libertad ha calado. En cambio, el caso de Parisi, con casi 2,6 millones de sufragios, es más complejo y desafiante. Ninguna encuesta lo vio venir con tanta fuerza. Pero lo que hay detrás refleja los tiempos que vive Chile.
Aldo Mascareño ha estudiado al Partido de la Gente (PDG) desde la elección del 2021.Y desentrañó patrones en esos votantes que se encuentran y se sienten en el margen. Como ya no hay lealtad partidaria, esa clase media emergente, atraída y representada por Parisi, canaliza y personifica su frustración contra el sistema y la política tradicional. Son hijos del modelo y herederos del libre mercado que se sienten excluidos e invisibles. El modelo Parisi, fuerte en el norte y la zona centro sur, representa el éxito y un estilo o trayectoria de vida que realza la autonomía.
Las encuestas también nos pueden ayudar a entender a esos 2,6 millones de chilenos que no son ni fachos ni comunachos, pero añoran una cancha despejada para competir. Lo interesante de estas elecciones es que Kast y Parisi comparten algo en común: ambos aumentaron su votación en las comunas más vulnerables. El estancamiento de la economía ha pasado la cuenta.
El gran desafío de Parisi será mantener la lealtad de los 14 diputados del PDG y la fidelidad de una experimentada Pamela Jiles, cuya matriz es diferente. Si Parisi representa al mercado cruel, Jiles encarna la política cruel. Si uno es economista y admirador de Adam Smith, ella sigue a Gramsci, Laclau y Mouffe. Será una relación que dará que hablar.
La derecha acaricia la presidencia, pero perdió una mayoría vital en estos tiempos de parlamentarismo de facto. Sin embargo, lo esperanzador es que el anhelo de recuperar la seguridad y volver a crecer está más vivo que nunca. Gran parte del PDG también encarna esa añoranza. Ese es el gran triunfo de estas elecciones. Y el gran legado de este gobierno que será celebrado no por lo que quiso hacer, sino por lo que no pudo hacer.