En Alto Biobío, probablemente la comuna pobre más abandonada de la mano del Estado, los nulos y blancos en la elección de diputados (N y B) llegaron al 40%; Parisi (FP) obtuvo un 40% y Matthei (EM) un 4%. A partisanos y comandos les toca convencer; al resto, tratar de entender. Alto Biobío no es un caso tan excepcional.
Está dicho que las sorpresas de la elección del domingo son la alta votación de Parisi y la baja de Matthei; pero hay una tercera: en diputados, más de un 20% decidió votar nulo o blanco, casi cinco veces el porcentaje que se verificó en la presidencial y el doble de la que ocurrió en diputados del 2021. Allí donde la oferta era más diversa y donde cada candidato presidencial tenía su correlato, uno de cada cinco electores rechazó todas las posibilidades que se le ofrecían para ser representado en la sede más política del Estado. Es posible que estas tres sorpresas estén imbricadas.
Se ha dicho que Parisi es la fuerza emergente de una nueva clase media emprendedora y endeudada, pero los datos parecen decir otra cosa. En comunas que albergan clase media, como Puente Alto, Maipú o La Florida, FP sacó una votación muy por debajo de su promedio nacional, obteniendo cifras parejas con EM. El mismo fenómeno, aunque menos acentuado, se da en Villa Alemana, Quilpué o Concepción. En San Miguel, la votación de EM casi triplicó a la de FP. Se ha dicho también que FP fue el candidato del norte; cierto, pero también arrasó en comunas que albergan pobres de la VIII y IX Regiones, donde coincide un alto registro de N y B en diputados. En Alto Hospicio, por ejemplo, FP obtiene un 43% y EM menos del 5%; en Tal Tal, los N y B son un 31%, FP obtiene 37% y EM 5%. En Chol Chol hay un 25% de N y B, FP gana 29% y EM un 9%. En Galvarino, los N y B son 29%, FP tiene el 27% y EM menos del 7%.
Una primera lectura de los resultados es que el país está polarizado. Tiene base: cada uno de los dos candidatos que iban a la derecha de Chile Vamos sacó más votación que EM, mientras la candidata que lideró la primera vuelta milita en el PC. A ello se agrega que los republicanos tendrán la bancada más numerosa por la derecha y el Frente Amplio por la izquierda, mientras, al medio, se ha instalado una bancada populista.
Pero, si un cruce más acucioso de resultados confirman las impresiones que dejan las comunas anotadas, también esta elección podría estar diciendo que mucha gente anda en busca de nuevas alternativas; que particularmente los más pobres están molestos con todos aquellos que han ejercido el poder; que no quieren saber de nadie que pertenezca a un partido que prometa representarlo en la Cámara; que no están disponibles para oír más explicaciones complejas, porque las que han escuchado por mucho tiempo de las élites les suenan a cuentos. Como los que han quedado desgastados y desacreditados se encontraban en la moderación del centro, las alternativas que les quedan a los más descontentos están más a los extremos o en el simplismo de la promesa fácil. La popularidad del populismo, sin embargo, no es demasiado distinta a la de varias elecciones anteriores (Fra Fra el 89; Parisi y ME-O, sumados, el 2013 y el 2021, también bordearon o superaron el 20%). Lo que cambia es que entre 1993 y 2005 el país eligió la continuidad, entre 2009 y 2017 le dio el favor a la oposición y, a partir del 2021, viene eligiendo a quienes vienen de fuera.
Por ahora el poder se va a los extremos; pero eso no significa que las políticas públicas vayan a poder correr desenfrenadamente en igual dirección; no solo porque los finalistas deben correrse al centro. Es probable que, al igual como le ocurrió a Boric y a las dos constituyentes, el pueblo no acompañe a las nuevas autoridades si se encaminan de lleno tras las banderas que han enarbolado. Es claro que el pueblo está fastidiado, pero no es igualmente claro que haya dejado de ser moderado.
Tal vez haya que convivir con la paradoja de un electorado que, molesto con la política de siempre y las élites, votó al populismo y a los nuevos, que, esta vez, eran radicales; pero que no esté luego dispuesto a acompañar en esas direcciones. El problema de esta paradoja, si es que fuera cierta, es que continuaremos con gobiernos que no lograrán ser realizadores y que la política permanecerá lejos de lo que promete. Si eso ocurre, aumentará el fastidio para con ella. Nos tuvo al borde del barranco el 2019. Ahora, el riesgo es que las alternativas que emerjan para recoger el descontento sean francamente autoritarias.