Nicanor Parra irónicamente escribió: “creemos ser país / y somos apenas paisaje”. El adverbio “apenas” es discutible, ya que somos un gran paisaje desde el norte hasta la Antártica. En realidad, hemos sido bendecidos por la naturaleza. Todo ese capital natural tiene un valor inconmensurable. Pero también conmensurable.
La economía se ha ido acercando a la naturaleza y viceversa. Hasta hace poco los ambientalistas veían a la economía, el mercado y las empresas como un enemigo. Y los economistas, al medio ambiente y la conservación como amenazas o estorbos para el progreso. Todo eso ha cambiado.
Existe mayor conciencia de lo que significa la naturaleza. Hace unos doce años sospechábamos de las intenciones de Douglas Tompkins. Se decía que lideraba un “Plan Andinia”, que el “gringo loco” quería dividir Chile o que compraba para ganar más millones. Para muchos era difícil entender sus desinteresadas y nobles motivaciones filantrópicas. Hoy Tompkins es un héroe que nos dejó un maravilloso legado en la Patagonia. Y una valiosa responsabilidad.
Se han dado pasos importantes para avanzar en el resguardo y conservación de la naturaleza. La nueva ley de donaciones permite contribuir a esa tarea. Existe el derecho real de conservación para ecosistemas protegidos. Y el 2023 finalmente se aprobó la ley que crea el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP). El mundo privado también se ha sumado. Una rápida mirada a nuestro ecosistema filantrópico permite detectar cientos de fundaciones y miles de privados participando en diferentes iniciativas cuyo único fin es dejar un mejor “paisaje” para nuestros hijos y nietos. Y para qué hablar de todas las empresas que se toman la naturaleza muy en serio.
En enero del 2022, estuvo de visita en Chile el economista Partha Dasgupta, que lideró el informe gubernamental “The economics of biodiversity. The Dasgupta review” y quien acaba de publicar “On natural capital: The value of the world around us”. El hecho de que hoy hablemos de “capital natural” es el mejor reflejo de ese virtuoso pololeo entre la economía y la naturaleza. Ahora podemos hablar de “business for nature”, de invertir en la naturaleza e incluso de su valor económico. En el mercado abundan las emisiones de bonos verdes, la irrupción de nuevos indicadores económicos ligados a la naturaleza y varios proyectos de desarrollo que buscan proteger el patrimonio natural. Todo esto, de la mano de la economía, es auspicioso.
Este lunes fueron recibidos en La Moneda los invitados a participar en el Congreso 2025 de la Red de Fondos Ambientales de Latinoamérica y el Caribe (RedLAC), organizado por el Fondo Naturaleza Chile. Y al día siguiente partieron una serie de presentaciones en la sede de Santiago del Congreso, con la presencia del canciller Alberto van Klaveren; de la ministra de Medio Ambiente, Maisa Rojas, y de los senadores Ricardo Lagos Weber y Alfonso de Urresti. Unos 400 asistentes colmaban la elegante sala. Las discusiones continuaron en el Teatro del Lago, en Frutillar, donde unas 300 personas, asombradas por la belleza del lago Llanquihue y el majestuoso volcán Osorno, siguen reunidas, aprendiendo e interactuando en ese admirable legado de la familia Schiess. Aunque Chile debería ser pionero en temas vinculados a la naturaleza y la filantropía, la verdad es que todavía nos queda camino por recorrer.
Los antiguos griegos acuñaron la palabra economía a partir de oikos y nomía, lo que se traduce como administración (nomía) del hogar (oikos). Pero los griegos tenían muy claro que el oikos era también el lugar donde se habita. Y ese lugar que nos permite vivir, desarrollarnos y progresar, es la naturaleza. Volver a esas raíces que unen la economía a la naturaleza es un saludable símbolo de progreso. Afortunadamente, las nuevas generaciones lo tienen muy claro.